7.4.07

Materiales intrínsecos

Entro en una juguetería. Compro un juguete que me hubiera gustado tener cuando era niño, un juguete que me hubiera gustado tener hace veinte o treinta años.
Salgo a la calle. Quito el envoltorio con sumo cuidado. Coloco el juguete sobre la vereda. Acto seguido, salto sobre el juguete, lo pateo, me dedico a destrozarlo con particular énfasis. Intento reducirlo a su esencia y más allá, a sus materiales intrínsecos y más allá, a sus átomos.
El proceso lleva unos cinco minutos. En ningún caso más de siete.
Vos fuiste durante años al psicólogo. No me juzgues.

4.4.07

Zambullida

La sabiduría popular dice ‘perro que ladra, no muerde’.
La sabiduría popular dice ‘gato con guantes no caza ratones’.
Yo podría decir ‘perro que ladra, no caza ratones’. O ‘gato con guantes, no muerde’. O tal vez ‘perro con guantes no muerde’. O sino ‘gato que ladra no caza ratones’. O incluso ‘perro con guantes no caza ratones’. O, claro, porqué no, ‘gato que ladra, no muerde’.
Y también, bien pensado, se podría decir ‘perro que ladra, no hierve’. Y también, seguro, se podría decir ‘gato con guantes no come melones’. Y también ‘perro que ladra, te envuelve’. Y también, sin problemas, ‘gato con guantes no escribe canciones’. Y también ‘perro que ladra, no duerme’. Y también ‘gato con guantes no hace flexiones’.
Podría seguír, así, jugando con las palabras, tropezando y volviendo a levantarme. Con tal de quedarme acá, en el bar, de no saber qué ocurre detrás de esa puerta, de no tener que hacer ninguna otra cosa el resto del día.

31.3.07

La aceptación de los milagros

En la eyaculación, todo el cuerpo se compromete para expulsar algo de sí. Pero no se trata de un residuo, de algo eliminable como sucede luego de cada proceso físico de combustión. Mediante un inaudito estímulo, el cuerpo arroja algo útil, un filamento de vida, un salto al vacío de ribetes demasiado milagrosos para ser descripto. Es la posibilidad más pura viajando, sin red, superando a la magia más alta por lo que dura un instante y nada más.
Lo que quiero remarcar es que ya me lo dijiste, ya veo, ya sé que te salpiqué, con una gota a lo sumo, el cabello.
Estás haciendo un escándalo.

Señor gerente

ayer no vine a trabajar, señor gerente,
porque era un lindo día.
a mí me pareció más conveniente
comprar un kilo de pan, hacerlo migas
y darle de comer a las palomas
en la fuente.

no sé, no lo pensé, que mi herejía
debiera ser castigada tan duramente.
pero ayer fui feliz. ¡qué lindo día!

aplique usted su ley, no lo lamente.

28.3.07

Palomas frías

Hoy a la mañana, mientras me dirigía al trabajo, a mi cotidiano y particular via crucis, vi una paloma muerta. Yacía de costado sobre la mugrienta vereda, las patas recogidas. Todo era gris; del cielo a la paloma. Un mundo monocromo, incapaz de inventar un color.
Me agaché y la toqué, no lo pensé, no pude evitarlo. Estaba tan fría.
Me puse de pie y seguí caminando, vacío de contenido, como un recipiente que, en un ataque de osadía, se permite dudar de su propia utilidad.

24.3.07

Sensaciones análogas

Colóquese una empanada, preferentemente de carne, en un atril. Siéntese en una silla cómoda. De ser posible, que haya luz natural. Dedíquese ahora sí, con su mayor concentración, con su mejor empeño, a leer la empanada. Dedíquese a tal accionar unos veinte minutos, media hora.
Transcurrido ese lapso, póngase de pie. Advertirá usted que no experimenta sensaciones análogas a las que hubiera obtenido leyendo a Cervantes, o a Dostoievsky.
Sin embargo, puede usted tomar la empanada y darle un mordiscón, cosa que no hubiera sido posible con El Quijote, ni con Crimen y Castigo.
Todo no se puede.

Una historia triste (5/8)

Por lo general, por norma, suelo cumplir años, todos los años, una vez al año. Aquel que se esfuerce en ser original en los acontecimientos más pueriles, corre el severo riesgo de ser un salamín. No creo en los acontecimientos, además. No creo en las fiestas ni en los cumpleaños ni en los aniversarios. Los que ponen excesivo énfasis en los acontecimientos, suelen dejar demasiados tiempos muertos; demasiados espacios en blanco. Prefiero saltarme los acontecimientos, prefiero el durante.
Dicho esto, hecha la aclaración, igual, la gente que me conoce, el círculo de consanguinidad íntimo, lo que se ha dado en llamar ‘familia’, decide celebrarme el cumpleaños. Una cena, un brindis, poca gente, cinco, o siete personas, no hace falta recurrir a precisiones de carácter estadístico.
Aquí viene la parte relevante. Tras la cena, deciden hacerme soplar una velita. Es una formalidad, un inofensivo rito.
Traen la torta, con una velita.
Presten atención, por favor. Descubro, con sorpresa, con pesar, que a la torta le faltan tres porciones, tres pedazos. Es una torta de ocho porciones, pero faltan tres. Al parecer alguien tuvo visitas el día anterior, y utilizó la torta en cuestión. Al ver mi expresión, alguien dice ‘es lo mismo, es lo mismo. Pedí tres deseos. Dale’.
Así que cumplo mi rol. Murmuro algo ininteligible. Pido tres deseos y soplo. Soy saludado.
Sin embargo, creo que si a la torta le faltan tres porciones, tres pedazos, eso debe tener alguna implicancia, algún significado.
Tal vez debí pedir dos deseos, no abusar. Tal vez debí tirarme al piso y llorar como un chico.

21.3.07

Sin entrar en detalles

La gente que no tiene talento alguno se ve obligada, qué remedio, a creer en el esfuerzo. Mis palabras tal vez sean agresivas, tal vez hirientes.
En mi caso particular, no veo más alternativa que confiar en la suerte.

17.3.07

Recomendaciones estilísticas

Recomendaciones estilísticas para un mamífero adulto del sexo masculino, de más de cincuenta kilogramos de peso, que debe concurrir a un trabajo.

1)Los zapatos son negros.
2)Las camisas son blancas.
3)Los trajes son oscuros. A mayor claridad en el color del traje, mayor debilidad de carácter del portador.
4)El color marrón es un defecto de la personalidad. Una aberración teórica que puede tener severas implicancias, por ejemplo, en la conducta sexual de quien lo emplea.
5)Entre el dorado y el plateado, debe elegirse el plateado, siempre. Salvo que nos estemos refiriendo a los metales preciosos, la plata, el oro, en barras, lingotes, para su atesoramiento.
6)Las camisas con botoncitos en los extremos del cuello revelan pacatería, extremo pudor, pánico expresivo, miedo visceral a moverse fuera de lo establecido. Quien usa una camisa con botoncitos en el cuello preguntará cuál es el procedimiento adecuado para cerrar una canilla.
7)Quienes utilizan el monocromo como señal de elegancia, son imbéciles sin alma. Aquellos infrahumanos que aparecen vestidos todos de verde oscuro, por ejemplo, de los zapatos a la camisa, sólo provocarán piedad o lástima.
8)Entre rayas y cuadros, elija rayas. Los cuadros son un vano intento de volverse complejo. Usted debe comprender que un salame complejo, sigue siendo un salame.
9)Olvide la gamuza, olvide el nobuk. El nobuk es un invento demoníaco, un material difícil de definir, cuya textura tiene tal vez reminiscencias de perineo, de epitelio anal. Esto implica que quien los porta, cada vez que toca sus zapatos, desea tocar un ano. Situación impropia para lograr un desempeño laboral digno.
10)Los calzoncillos fueron, son y serán slips. No muy apretados, claro está, o quien los usa desarrollará una exoftalmia que truncará su carrera profesional. Para ser gráfico: la masa testicular debe encontrar una tenue contención, similar a dos manos ahuecadas y prestas a recibir algún brebaje. De esta forma los testículos alcanzan un merecido nivel de confort.
Quien use calzoncillos tipo shorts, en medio de una decisión extrema bajo presión, ante una discusión, se encontrará con una debilidad que le brota de abajo. Sentirá que no logra afirmarse de manera acorde a las circunstancias. Sentirá que se le vuelan las bolas, para ser más exacto.

Ya está. La pieza informativa debe ser considerada de extrema relevancia. Ahora vayan, trabajen.

Débil

Debo agradecer, ahora que lo pienso, a todas las mujeres que han tenido la cortesía de abandonarme.
O tal vez baste con agradecer a esa nimia confusión, ese desfase temporal. Ese creer que se tiene lo que se merece o mejor aún, mucho menos de lo que se merece. Esa dulce ingenuidad de creer que se debe hacer piso en lo que se tiene y continuar. Que la magia prestada es derecho adquirido. Que se está para más.
Debo agradecer, entonces, repito, a todas esas mujeres que supieron sobreponerse a la duda y a la piedad. Porque yo, mal que me pese, soy débil, me encariño; una vez que he abrazado a alguien no podré evitar las ganas de volverla a abrazar. Es un defecto de mi persona; no lo puedo evitar.
Y me hubiera quedado con cualquiera, con cualquier rata piojosa que hubiera decidido no irse, tan sólo no irse, quedarse conmigo. Es la verdad.

14.3.07

Leguleyo

Lo rechazo a usted, lector, por improcedente, tendencioso, malicioso, falaz, extemporáneo y abusivo.
Y le pido disculpas, claro, pero vi que usted se acercó a este fragmento con malos modos, con actitud incorrecta, de manera inapropiada.
O tal vez sea que no se me ocurre nada, absolutamente nada para escribir en esta hermosa mañana de invierno.
Antes que admitir mis limitaciones, mi incapacidad (desde ya temporaria), elijo recurrir a este artilugio infantil para ganar algo de tiempo. Tal vez con algo de tiempo usted o yo mejoremos.
Dejemos que el tiempo se encargue.

10.3.07

No es mía

¿Es una rosa roja en la oscuridad?
La pregunta no es mía, eso ya lo sé. No he llegado tan alto. Y tu corazón está mucho más arriba.
Pero quería dejar una pregunta, una sola, bella y bonita, para el instante previo al sueño.
Todas las demás preguntas, las que patean, las que lastiman, quedaron acá. Conmigo.

Anécdotas medievales

–Dulce princesa, grácil doncella, etérea criatura, es mi intención dedicar la tarde a olisquear vuestra vagina con la curiosidad y vocación de un sommelier.
La sonoridad del cachetazo no alcanza a ser representada en su fidedigna intensidad por la palabra escrita.

7.3.07

Ser rico

Al cumplir los treinta años, me manifestó haber descubierto la necesidad de tener dinero. ‘Quiero ser rico’, dijo, aunque la frase no debía ser tomada de manera taxativa. Excesos verbales, que le dicen.
Le sugerí que apenas levantado, cada mañana, ingiriera una moneda, de un peso, de ser posible, no es demasiado grande, con un vaso de agua.
Por cuánto tiempo debía acometer el tratamiento, me preguntó una vez superada la sorpresa inicial.
Un mes, como mínimo, le dije. De ser posible, un año, también le dije.
Me preguntó si eso lo ayudaría a volverse rico.
Le dije que sí, aunque no estaba seguro. En cualquier caso, mejoraría su digestión. Algo es algo.

3.3.07

Sin escándalo

Existe una religión que le asigna cualidades divinas a la capacidad de perdonar. Dice, más o menos, ‘… perdonar es divino’. Existe otra religión que le dedica un día completo al perdón. El día del perdón. Borges dijo ‘yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza, y el único perdón’.
Lo que quiero dejar en claro es la nimiedad de mis faltas.

De otra forma

Hay gente que da propinas. Hay gente que da limosnas. Yo escribo fragmentos.

28.2.07

Rock del 146

no es que no te quiera, tenés que entender
no es que no te quiera, tenés que entender
nena tu bombacha huele como el caño de
escape
de un 146

mi amor tus abrazos, me hacen sentir bien
mi amor tus abrazos, me hacen sentir bien
pero tus axilas huelen como el caño de
escape
de un 146

(estribillo)
la ciudad está podrida
y vos también (coros)
la ciudad está podrida
y yo también (coros)

con esos zapatos, sos una vedette
con esos zapatos, sos una vedette
y los tontos que te miran
no saben que tus patas huelen
como el caño de escape
de un 146

no es que no te quiera, tenés que entender
no es que no te quiera, tenés que entender
nena tu bombacha huele como el caño de
escape
de un 146

la ciudad está podrida (coros)
y vos también
mejor me duermo una siesta (coros)
debajo de un 146


*línea 146: ciudadela norte - correo central

24.2.07

Las consecuencias de mis actos

Nunca he deseado para mí el éxito. No he corrido, que yo recuerde, tras victoria alguna. No pugno por el reconocimiento personal, y en mis sueños jamás he dejado entrar al poder o al dinero.
Lo único que me gustaría, lo único que quiero, es que las consecuencias de mis actos sean ajenas a mí. Animales con patas propias, creo que ya lo dije, dotados de la indiferencia que sólo suelen tener los terremotos o las catástrofes aéreas.

5, 10

Me llama por teléfono una mujer. Una mujer que conocí hace cinco años, o diez. Una mujer que estuvo conmigo, hace cinco años, o diez. Después la mujer se cansó y se fue.
Me llama por teléfono y me dice que se equivocó. Antes, hace cinco años, o diez. Se equivocó, dice, al irse. Ahora que ha vivido, que ha conocido muchos hombres, que ha viajado, sabe que yo soy genial, que yo soy el hombre de su vida.
Le pregunto porqué me llama.
Se hace una pausa.
Para eso, me dice, para decirme que yo soy genial, que yo soy el hombre de su vida. Le costó un tiempo darse cuenta, pero ahora lo sabe, ahora está segura. Su tono de voz es elevado y expansivo. Ríe, y yo casi consigo recordar su rostro, su encantadora sonrisa. Está contenta.
Le agradezco el llamado. Le digo: te agradezco tu llamado.
Me pregunta cuándo vamos a vernos.
Nunca, no vamos a vernos nunca más, aunque no me atrevo a decírselo.
Lo que uno desea, creo, es que alguien tome el riesgo de elegirte cuando los resultados de esa elección son difusos, poco claros. Lo demás, lo que viene después, cinco años, o diez, es experiencia.

21.2.07

Una consigna como cualquier otra

Con las mejores intenciones, y los peores resultados. Ese es mi lema, así es mi vida. Le he tomado cariño a la cuestión. No voy a hablar de tratos justos; ningún trato es justo. Pero no me parece mal.
Para todo lo demás, están todos los demás.

17.2.07

Naufragios

Están aquellos que creen que los salvará la fe. Creen, entonces, en una voluntad superior. Capaz, por ejemplo, de mover montañas. Porqué no.
Están aquellos que creen que los salvará una causa. No importa cuál sea. Un mundo más justo, tal vez. Menos hambre. Limpiarle el pico a un pingüino empetrolado, con la utilización de algodón y quitaesmalte Cutex.
Para todos los demás, para esa pobre multitud que no tiene la suerte de caer en alguna de las dos categorías anteriores, mi propuesta es manteca y mermelada. A la mañana, en el desayuno, manteca y mermelada.

*puede ser queso untable, también, en lugar de manteca.

Entre tantas

Tengo, entre tantas, una confusión específica. A saber: confundo la cortesía con la caridad, confundo la caridad con la cortesía. Funciona, más o menos, así: cuando quiero dar una propina, doy una limosna, y cuando quiero dar una limosna, doy una propina.
¿Qué significa esto?
Nada, no significa nada. Que tengo una confusión. Eso ya lo dije, al principio.

14.2.07

Mi ángulo

Hablo con gente que corre. Gente de distintas edades; gente de distinto sexo; gente de distintas nacionalidades; gente de distinto color de piel; gente de distintas religiones.
Están aquellos que corren por hobby. Están aquellos que corren porque, suponen, es bueno para la salud. Están aquellos que corren por una extraña obsesión, una extraña manía.
Dejo que la curiosidad sea mi brújula. Pregunto, quiero saber. Hago como un ciego en una habitación a oscuras, en busca de un picaporte que conduzca a una luz, una chispa de entendimiento.
Al parecer, una vez dados los pininos en la materia, el correr consiste en esforzarse, competir contra uno mismo. Uno se dedica a lo que se ha dado en llamar ‘bajar el propio tiempo’, para una distancia, cualquiera, previamente establecida. La idea que subyace es, por ejemplo, correr cinco kilómetros en cuarenta y cinco minutos. Luego, con la práctica, en cuarenta. Con el tiempo, correr los cinco kilómetros en media hora, quién sabe.
Lamento mi ángulo de percepción, como tantas otras veces, pero creo que hay una confusión lisa y llana. No sé si atribuirlo a la imbecilidad o a la impericia, pero se ha escogido la variable equivocada.
Lo que debe hacerse es justamente no fijar la distancia, sino el tiempo. Supongamos, otra vez, que se estipula correr media hora. Entonces sí, el corredor, con la práctica, debiera luchar por correr cada vez una menor distancia en esa media hora. Se trata de bajar la distancia, no el tiempo. Sepan disculpar el entusiasmo pero: ¡de eso se trata!
Si uno se esfuerza lo suficiente, llegará un momento en que, supongamos, en esos treinta minutos, pase de correr cinco kilómetros, a cuatro, a tres, hasta llegar a uno. Uno solo. Alcanzado este punto, el corredor advertirá que puede transitar el trecho caminando, que no hace falta correr en absoluto.
Es entonces cuando podrá dejar de correr, por Dios bendito, para siempre.

9.2.07

Profesional en la materia

Después de cinco años, tal vez siete, de psicoanálisis, ella me explicó que no había mejorado gran cosa. Su tratamiento, al parecer, no avanzaba. No se veían progresos.
Le sugerí que conversara la situación descripta, justamente, con su terapeuta. Me dijo que ya lo había hecho. La respuesta obtenida había sido que se trataba, en opinión del profesional en la materia, de un caso complicado. Al parecer, según dijo, estaban en la fase 1. Había que continuar, había que seguir con el tratamiento, llegar a la fase 2, supongo. El facultativo no creía conveniente hablar de plazos.
Ella quería saber mi opinión. Me dijo ‘quiero saber tu opinión’.
Le dije que tal vez, sólo tal vez, lo mejor sería intentar algo diferente, algo novedoso. Dejar que el superyo se vaya con el superello, que se vayan, juntos, y que formen una banda de jazz llamada ‘Los supernosotros’.

Allá voy

Otra vez.
Otra vez, otra vez, otra vez.
Me preguntan, otra vez, porqué el fragmento. Porqué el fragmento como forma, como lugar, como voz.
Y yo contesto, otra vez, que aquello de ‘malo pero corto’, me sigue pareciendo un trato justo, sin importar el rubro del horóscopo del que estemos hablando.

6.2.07

Encima eso

Mi fracaso es tan amplio que hay veces que me cuesta decidir por dónde comenzar a lamentarme.

3.2.07

Si lo soñé, o lo viví, o lo robé, o lo escribí

Al rato comenzó a llover. Encendí el limpiaparabrisas, pero no sirvió de nada. Entonces me di cuenta que estaba llorando.

Parrilla

Querían ir a comer. Querían ir a comer carne. Así que fuimos a comer. Fuimos a comer carne. El restaurante era moderno, muy moderno. Estaba instalado en un barrio que alguna vez, en un pasado remoto, había sido Palermo.
El barrio había mutado, o el mundo había mutado. Una extraña cepa, de un extraño virus, llamado modernidad, tal vez. En cualquier caso, fui informado que no estábamos, ni estaríamos, nunca más, en Palermo. Estábamos, así me dijeron, en Palermo Hollywood.
No quiero extenderme en los detalles. Aunque últimamente, una de las pocas cosas en las que quiero extenderme es en los detalles.
El asunto es que si hubiera sido en Palermo, nos hubiera atendido uno de esos mozos de caras milenarias, moño torcido, y una particular variedad de cuero en el lugar en donde debiera haber estado el epitelio, la piel.
Pero nos atendió una chica, muy bonita, muy mona. Veinte años, tal vez; dulces rulos para acariciar hasta verla dormirse; una sonrisa como el sol en una mañana de invierno. En una playa. La que vos quieras. Una chica para presentarle a una madre.
Pensé en eso, lo pensé, y pregunté, cosa que no hago jamás, pero pregunté qué me recomendaba para comer.
La respuesta de la chica fue la siguiente. ‘No sé. Yo estudio teatro. Soy vegetariana’.
Estábamos en Palermo Hollywood, eso ya lo dije. Estábamos en un restaurante. Más precisamente, en una parrilla.
Sin atribuirme excesivas capacidades semióticas, creo que la respuesta de la chica merece cierto nivel de desmenuzamiento.
1)’No sé’. Significa, creo, que no sabe, en el sentido amplio.
2)’Yo estudio teatro’. Significa que está trabajando de moza, pero no, de ninguna manera debo pensar que es moza. Es otra cosa. Es artista. Que yo no me de cuenta, que yo no lo advierta, me transforma en un imbécil sin retorno.
3)’Soy vegetariana’. Significa que trabaja en una parrilla pero considera que todo aquel que ingiera un trozo de carne, algo, alguna parte de algún animal que alguna vez haya estado vivo, merece el escarnio, el repudio, el desprecio por ser, ni más ni menos, que una bestia sin alma.

El resto de la velada no reviste mayores consideraciones.

31.1.07

No puede ser

En un parque. Estoy sentado. Leo el diario. Se me acerca una persona, una mujer. La mujer sujeta una bolsa en cuyo interior hay una botella de leche, pan, un pedazo de queso, tal vez. En la otra mano sostiene una correa que termina en un perro. Es un perro de un amarillo clarito, bigotudo, exoftálmico. La clase de perros que suelen ladrar hasta morir, o hasta enloquecer a un vecino. Lo reconozco de inmediato.
La mujer se me acerca. La mujer se para frente a mí. La mujer me habla.
–Oiga, señor.
–Sí.
–Usted está leyendo el diario de mañana.
–¿Qué? –Bajo el diario. La miro.
–Usted está leyendo el diario de mañana.
–No, no creo. Gracias.
–¡Sí, fíjese! Mire la fecha. Es el diario de mañana.
–A ver –me fijo la fecha en la tapa–. Tiene usted razón, es el diario de mañana.
Me dispongo a seguir leyendo. Ella da una patadita de fastidio. Su perro ladra, una sola vez. Su ladrido es tal cual lo imaginaba.
–¡No puede ser! ¿No entiende? –dice.
–No, no entiendo –digo.
–Usted no puede estar leyendo el diario de mañana.
–¿No?
–¡No! –Se cruza de brazos, lo que genera un tirón de la correa en el cuello del animal.
–¿Y porqué no?
–¡Porque es hoy! ¡Por eso! Si es hoy, usted tiene que estar leyendo, a lo sumo, el diario de hoy.
Me mira, satisfecha con su razonamiento. Su perro me muestra los dientes amarillos. Yo nunca he visto reír a un perro, pero si tuviera que votar, juraría que el perro se está riendo.
Humphrey Bogart dijo alguna vez, o así me lo contaron, algo como que su problema era que le llevaba un par de whiskys de ventaja a todo el mundo.
Yo digo, apenas, 'tócala de nuevo, Sam'.

27.1.07

Soy tu amigo, che

Puesto que me toca a mí estar acá, puesto que soy yo el que te escucha, puesto que soy yo, entonces, el que debe explicarte qué fue lo que falló, qué fue lo que salió mal con tu propia vida.
Y no quiero aburrirme ni aburrirte, además. Pero somos amigos, y te veo algo perdido, confundido, te veo mal.
Estás en una bisagra de tu vida y no entendés, y querés saber, para poder, tal vez, cerrar una etapa, y comenzar, quién sabe, otra. Poder continuar.
Estás sufriendo; buscás respuestas; te desconcertás.
Quisiste ser Einstein, y te salió Goldstein. Pasó eso. Más o menos eso.
Tomáte otro café. Laváte la cara. Yo te espero acá.

Sin palabras

alguien me dice ‘lo nuestro no va más’.
alguien me dice ‘salió mal; fracasó’.

y yo las miro en silencio;
y yo las miro sin entender;
y yo las miro con mi birome
a mis pies
como un perro viejo y fiel.

y pienso cuánto vamos a sufrir
todos
cuando el tren se detenga
en la próxima estación
de esta cadena de errores
llamada amor.

24.1.07

nueve estaba muy bien

El décimo mandamiento, el mandamiento número diez, dice, versa, según fuentes fidedignas, más o menos así: ‘No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo’.
O sea que no puedo desear… Ajá, no, ni tampoco… No, mucho menos.
Bueno, entonces que gane Argentina. Que seamos campiones otra vez.

20.1.07

Pequeños estuches, revestidos de terciopelo rojo

Para nuestro aniversario, la llevé a cenar a un lugar con velas. Pedí champagne. Antes que nos trajeran la comida, saqué del bolsillo un pequeño estuche, revestido de terciopelo rojo. Lo deposité sobre la palma de su mano. La miré. Me miró. Nos miramos.
Abrió el estuche; todavía recuerdo su emoción, su contenido anhelo, su alegría desbordante que tenía destino de risa y de lágrimas.
Abrió el estuche, como en las películas, como dije. En el centro, prolijamente dispuesta, había una aceituna rellena con morrón. No era un brillante, aunque brillaba por el aceite. No era un anillo, aunque si se quitaba cuidadosamente el morrón, ella podría haber deslizado dentro su dedo meñique. No era un brazalete.
Todavía recuerdo su estupor. Todavía recuerdo su cara.
Eso me pasa, tal vez, por elegir los regalos como si fueran para mí.

2 clases

Existen dos clases de personas: todos los demás, y yo.

17.1.07

Antigua Roma

Existe una corriente poética, cuyos orígenes son atribuidos al por todos conocido poeta romano Horacio. Es este hombre, entonces, dicen, el padre fundador, aunque el título no alcance a definir la magnificencia de lo alcanzado, de lo que se ha dado en llamar ‘carpe diem’.
El carpe diem vendría a significar entonces la idea madre y rectora que implica disfrutar el presente, el hoy, el ahora, entender la mortalidad y actuar en consecuencia, entender lo efímero que es la vida, no esperar a mañana, aprovechar el momento.
Disculpen si mis palabras no logran explicar en su totalidad el concepto. Además, no soy Horacio.
En la actualidad, me encuentro transitando en las filas de otra corriente poética, algo más pragmática, llamada 'garpen men'.

13.1.07

Barailaiqui iesaidú

El inefable, el mítico, el verdadero ícono del rock nacional, el señor Carlos Alberto García Moreno, también conocido como Charly García, también conocido como Charly, compuso alguna vez los siguientes versos que han calado muy hondo en mí, y que me permito citar.

‘… la llave que yo tengo puede abrir
tan sólo el corazón, de los extraños.
Las almas que no tienen dónde ir,
se vuelven a juntar, en subterráneos’.

En mi tan alocada como no deseada carrera hacia la edad adulta, y viendo que el rocanrol, por ponerlo en palabras, por decirlo de alguna forma, se aleja de mí de manera tan indolente como irremediable, me rebelo. Intento dejar mi impronta, mi huella, mi marca para generaciones de futuros fanáticos que, encendedores en mano, como diminutas luciérnagas, bailarán bajo un cielo de ébano, corearán mis versos inspirados.
Así que escribo:

‘… la llave que yo tengo puede abrir
una lata de atún, del ordinario.
Las almas que no tienen dónde ir,
me vienen a romper, el mobiliario’.

Ahora sí, después de tan titánica tarea, me siento a descansar. Que me juzguen mis pares.

Lo mejor de mí

He descubierto, no sin dificultad, no sin dolor, que mi ausencia es lo mejor de mí. Mi ausencia es lo mejor que puedo dar. Cuando estoy, por lo general, no se sabe muy bien para qué estoy. No se entiende el porqué de mi presencia, qué hago allí. Pero cuando no estoy, cuando falto, es terrible. Mi ausencia es desgarradora. Mi ausencia duele, hace mal.
Un poquito sofisticado para mi gusto me dijo ella. Me lo explicás en otro momento, otro día. Es que tengo partido de paddle, y se me hace tarde.

10.1.07

Un hisopo para Esopo

Me pide dinero. Me dice ‘necesito dinero’.
Le digo que no, que no voy a darle dinero. Pero me ofrezco a darle un consejo, un consejo de vida.
No contesta; me mira.
Le digo que puedo hacerlo reír. Puedo contarle algo verdaderamente gracioso; algo que lo empuje a la expansividad de la carcajada.
No me contesta; me mira.
Le digo que puedo contarle un relato apasionante, plagado de personajes asombrosos, donde las tramas se entrecruzan, y uno siente que ha sido transportado a una realidad mejorada, o al menos distinta, un remanso, un bálsamo para el alma, un viaje mágico que lo ha llevado lejos de su propia cotidianeidad, de su propia vida.
Se pone de pie. Me arroja el contenido de un vaso en el rostro. Deja caer el vaso al piso. El vaso se hace añicos. Mi cara me dice que el contenido era (todavía es, todavía no se ha secado) la bebida gaseosa conocida como tónica.
No tengo nada más para agregar a lo acontecido. Así ocurrió; así lo recuerdo, como lo he contado. Hacía frío.
Vaya entonces mi relato para esas dulces almas que confían ciegamente en el poder de las palabras.

6.1.07

Demasiado tiempo, demasiada gente

Cuando hace frío intento ir lo más despojado de vestimenta que sea posible. Supongamos que es invierno; supongamos que hace tres, cuatro, cinco grados. Trataré entonces de tener que caminar por la calle usando una remera de mangas cortas.
Cuando hace calor, me abrigaré todo lo que sea capaz. Supongamos que es verano; supongamos que hace treinta y uno, treinta y tres, treinta y cinco grados. Sacaré del ropero olvidados gamulanes, añadiré alguna bufanda, algún pulóver.
De esta forma, andaré en invierno con labios amoratados, castañeteo de dientes, dedos duros de frío; y en verano sudaré como un chancho asustado
Mi accionar carece de motivación aparente. Pero llevo ya demasiado tiempo viendo demasiada gente orgullosa de estar en contra de algo: un sistema político, un límite geográfico, una corriente de pensamiento, una inclinación sexual o religiosa. Puesto a elegir prefiero estar en contra de los fenómenos climáticos.

Comando Revisionista de Frases Célebres: fascículo #47

Vayamos por partes, dijo John Holmes.

3.1.07

Curso acelerado de maldad

He construido un peculiar artilugio. Es una base de madera rectangular, de veinte centímetros por diez centímetros. La base tiene incrustada, en el centro, una varilla de hierro de un centímetro de diámetro, y treinta centímetros de largo. La varilla de hierro termina en un anillo, también de hierro, de dos punto cinco centímetros de diámetro, colocado de manera perpendicular a la base.
Aquí comienza la parte interesante.
Se espera un día de calor, un día donde la temperatura no baje de los treinta grados centígrados.
Se debe tener localizado un parque, una plaza. Cerca de la plaza debe haber una heladería. Esto no reviste mayor dificultad; cerca de las plazas suele haber heladerías.
Se compra un helado, un cucurucho, de chocolate y dulce de leche granizado, por ejemplo, o chocolate con almendras y limón, o chocolate amargo y frutilla, en fin. Se concurre, de inmediato, al parque. Se sienta uno en un banco. A los pies se coloca una pequeña toalla, de ser posible de color rojo, y sobre la toalla se coloca el artilugio que he descripto en el párrafo precedente. En el anillo, se coloca el cucurucho rebosante de helado.
Y nada más. No hay que hacer nada más. Se sienta uno en medio del calor embrutecedor, a ver cómo el helado se derrite. Los niños que juegan se pondrán a contemplar el helado, embobados. Los perros intentarán aproximarse, pero usted los espantará de una patada. Alguna madre sofocada se relamerá el labio superior.
El experimento no tendrá una duración superior a los diez minutos. Habrá un extraño silencio, mientras todos observan cómo se derrite el helado. Se oirá algún murmullo, algún chistido reprobatorio. Puede que un perro lance un lastimero aullido.
Pasados los diez minutos, usted envolverá el helado, ya hecho líquido, y el cucurucho, en la toalla (asegúrese de romper el cucurucho en la maniobra), y la arrojará en el tacho de residuos más cercano.
Partirá entonces a paso vivo y con destino incierto, con el artilugio ya mencionado.

30.12.06

Mientras tanto

Me hablan de acontecimientos pretéritos o futuros, de cosas que sucedieron o que van a suceder, de vacaciones pasadas y cumpleaños por venir, y viene a mí la percepción de estar ante gente sin la presencia de ánimo necesaria para vivir el ‘durante’.
Y una de las pocas cosas que me interesa es el 'durante'.

El monumento

En las plazas, en los parques, en los espacios verdes de esta inconcebible ciudad, es posible ver todo tipo de monumentos. Por lo general hay algún hombre, algún caballo, algún escudo. Puede haber también, porqué no, alguna espada. Puede haber también, algún hombre de pelo enrulado, y alguna mujer de pelo recogido, desnudos sin motivo aparente, esperando algo que es para mí ajeno, desconocido.
Los monumentos están allí para dejar constancia de algo que sucedió, algo que salió bien o algo que salió mal, algo que merece ser recordado, algo significativo.
Me gustaría ir alguna vez a una plaza, a un parque, a un espacio verde, donde haya un monumento triangular, tal vez sobre una columna de estilo dórico. Una porción de pizza tamaño natural, en diagonal, ni acostada ni de pie, puede ser muzzarella, puede ser napolitana con ajo, puede ser fugazzetta, con su correspondiente y chorreante queso de bronce. La placa alusiva podría decir algo así: ‘monumento a todas las porciones de pizza, la que usted más recuerde, la que usted prefiera’.
Cuando exista dicho monumento podrán verme una mañana de domingo, sentado por ahí, cerquita.

27.12.06

Mala prensa

Creo que el amor, la amistad, la felicidad, la bondad, la alegría, están, cómo decirlo, algo sobrevalorados. Prefiero, en muchas situaciones, el estupor, la tristeza, la confusión, el fastidio, el desconcierto. Aunque no hayan tenido un adecuado trabajo de marketing, aunque carezcan de un packaging seductor, aunque sean sentimientos que nunca han tenido suerte a la hora de elegir un asesor de imagen.

23.12.06

El sudor, la frente

Voy a reuniones con gente que no conozco, donde se discuten temas que ignoro. Cuanto más callado permanezco, más profundo se me considera. Cada veinte minutos, media hora como máximo, digo un monosílabo, hago una anotación de menos de siete palabras en mi cuaderno, me rasco la nariz. Esto es para constatar que no estoy dormido.
La situación no me resulta paradójica ni trágica. Mientras miro a mi interlocutor de turno, pienso qué voy a querer comer durante la cena.
He tenido trabajos mucho peores.

No moto

Cuando veo una moto pienso en todo el viento en la cara que no sentí; todo el vértigo que me perdí; todos los médanos que no salté; todas las chicas que no se abrazaron con fruición a mi cintura para sentirse protegidas.
La moto me mira, encadenada a un árbol, mientras pienso.
Así que le pego, por todo lo que no sentí, por todo lo que me perdí, por todo lo que no fui. Le pego aunque esté en el piso, aunque no pueda defenderse.

20.12.06

Ajeno

Al despertar por la mañana, al abrir los ojos, descubro que a mi lado, sobre la cama, yace media res. La sangre empapa las sábanas; el olor a carne impregna el cuarto en su totalidad.
Me incorporo. Me siento en la cama. Tengo que bañarme; tomar unos mates; ir a trabajar.
Sé que no es un sueño, sé que no estoy soñando. Si fuera un sueño mío habría una guarnición de papas fritas o españolas, supongo que sobre la almohada, no sé. Habría un humeante puré de papas en alguna parte.

16.12.06

Flaca

En el supermercado, una mujer se despoja de su abrigo; queda en ropa interior, me atrevería a decir con excesivo uso, y de calidad dudosa.
Acto seguido toma una botella de leche, la abre y se la arroja sobre el cuerpo. El método que utiliza consiste en sostener la botella por sobre su cabeza, y dejar que el contenido se derrame de manera anárquica sobre su cabello, su rostro, su dermis.
Repite la operación, con una segunda botella. El grupo de personas que la rodea ya es numeroso. Alguien ha llamado al personal de seguridad.
La mujer toma una tercera botella de leche. Abre la tapa, rompe el aluminio con el pulgar, y repite otra vez la operación. Parte de su rostro, y sus muslos, se encuentran cubiertos del níveo líquido. Se ha formado un pequeño charco a sus pies.
Observo que lleva las uñas de los pies pintadas de negro. Y no todas las uñas; una sí, una no.
Entonces la mujer extrae un encendedor que llevaba enganchado y oculto bajo el elástico de su bombacha. Lo manipula. Intenta encenderse un brazo extendido, luego una pierna. Luego el abdomen. La llama es amarilla y azul, pero la combustión no prospera.
La mujer insiste, se inclina, intenta encenderse una rodilla. La contrariedad asoma en su rostro.
–¡Era con kerosene, con alcohol! –acota alguien de la multitud, alguien que ha alcanzado a comprender las secretas intenciones de la maniobra.
La mujer deja caer el encendedor al piso y mira a la multitud amorfa que la rodea.
–Sí –dice–, pero el alcohol fija las grasas. Yo usé leche parcialmente descremada, ultra pasteurizada, fortificada con hierro, enriquecida con vitaminas A y D...

¡Una macedonia, un peceto, abrí la dos, cerráme la cuatro, un poema con oide!

tal vez sea un asteroide
o quizás un treponema;
puede que mueras de pena
o te asesine un androide.

tengo expresión mogoloide
o de tipo talentoso.
también se ríen los osos
de los mejores romboides.

se me acusa de esquizoide
pero yo me considero
no el último, no el primero.

sólo un tipo que deambula
sin defender causa alguna.
no me rompan los ovoides.

13.12.06

Tributo a la impericia

Si se permite a un gorila aporrear un piano el tiempo suficiente, existirá un momento en el que sonará una hermosa nota.
Será casual y será mágico. Será una cosa bella, y entonces, como dijo el poeta, será una alegría para siempre.
Lo que quiero decir es que sigamos cogiendo. Tenéme paciencia.

9.12.06

En un ascensor repleto de gente

Persona 1: Hola, ¿cómo estás?
Persona 2: Problema mío.

Otro cuento de hadas

Sapo: ¡Princesa! ¡Eh, princesa!
Princesa: ¿Sí? ¿Qué sucede?
Sapo: Aquí abajo, princesa. Al borde de la laguna.
Princesa: Ah, sí. Ya veo.
Sapo: Princesa, ¿no me darías un beso?
La princesa retrocede un paso. Con una mano cubre el camafeo que reposa entre sus cremosos pechos. Su cabello apenas se agita por una brisa que es un dulce soplido. Sus labios refulgen de un rojo que el sapo ha visto o ha soñado en algunas cerezas.
Princesa: Disculpe usted, señor sapo. Pero no acude a mi mente ningún motivo por el cual debiera o debiese acometer tal acción.
Sapo: Entiendo. Claro que te entiendo, dulce criatura. Permíteme que explique. Es que me paso la vida aquí, como puedes ver, en medio del barro. Esperando alguna lluvia, tal vez, algún insecto del cual alimentarme. Soy una criatura abyecta, una repulsiva creación del reino de Dios, una mala broma. Mi piel es fría y verrugosa. Mis ojos exoftálmicos mueven al rechazo inmediato. Mi voz semeja el eructo más soez, por más que recite la más bella de las poesías. Para resumir, princesa, es duro ser yo, día tras día. Un beso tuyo me transportaría al país de los sueños. Un beso tuyo me daría una razón para despertarme por las mañanas con una sonrisa. Un beso tuyo me haría feliz.
Princesa: Ajá. Has sido muy claro, repelente adefesio. Más no puedo aceptar tus motivos. No fui puesta sobre la faz de la tierra para satisfacer apetitos ajenos. ¡Imagina lo que sería mi vida si así lo hiciera! Lo siento, pero la respuesta es no.
Sapo: ¿No?
Princesa: No. Y te recomiendo laves al menos una vez por semana tus oídos purulentos. No puede ser que tenga que andar repitiéndote todo.
Sapo: Pero debieras darme un beso, princesa. No te he contado toda la verdad, todos los motivos.
Princesa: Te escucho, sapo. Pero sé concreto. Mi tiempo es una valiosa mercancía.
La princesa mira su reloj, hecho de esmeraldas y rubíes. Su mano es delgada y sus dedos son largos. El sapo, arrobado, siente que la mano tal vez esté al alcance de un salto y un lengüetazo. El sapo piensa en el tacto de su lengua sobre la tibia epidermis.
Sapo: Es que verás, princesa, soy víctima de un hechizo. No deseo aburrirte con los detalles. El punto es que si logras vencer la repugnancia primera y me das un beso, me transformaré en el más bello príncipe que jamás has conocido. Un príncipe encantado que dedicará su vida a complacerte, a que seas feliz. Un beso tuyo quebrará el hechizo, y seremos felices para siempre. Tan sólo un beso.
Princesa: Conozco la historia, me la han contado. Lo del hechizo, el príncipe encantado, y blablablá.
Sapo: ¡Eso mismo! Se trata de quebrar el hechizo, con un beso. Como verás, la propuesta es más que conveniente.
Princesa: Lo siento, horripilante alimaña, pero la respuesta sigue siendo no. Verás, ya no soy una niña, cómo decirlo, he perdido esa ingenuidad adolescente. Me he vuelto más pragmática, por decirlo de alguna forma. Esto de darte un beso primero, y ver si te conviertes en príncipe después, mmm, no me convence. Me suena a plan de ahorro previo. Prefiero, en todo caso, que hagamos al revés. Conviértete en un príncipe, primero, y te daré los besos que quieras, después.
Sapo: Pero… Es que no funciona de esa forma. Hay que romper la maldición, el hechizo.
Princesa: No. No hay beso, y no quiero volver a repetirlo. No puedo darte crédito.
La princesa decide reanudar su marcha. Sus pies parecen deslizarse, su lánguido desplazamiento semeja el tenue vuelo de una mariposa. Se escucha el frufrú de tules y gasas.
Sapo: ¡Alto!
Princesa: ¿Qué sucede?
Sapo: Entiendo tus razones. Tan solo deseaba agradecer tus palabras y tu paciencia. Además, por las tardes, suele pasar justo por aquí otra princesa. Es grácil, y joven, y más delgada que tú. Tal vez ella tenga la voluntad de atender mis razones. Se la suele ver sin prisa, canturreando, y me ha mirado en alguna oportunidad, sin recelo ni repulsa.
La princesa se detiene. Vuelve sobre sus pasos. Lanza una mirada fugaz en todas direcciones. Luego, con ampulosidad de gestos, se inclina, sin llegar a flexionar sus rodillas. Es una inclinación pronunciada que permite adivinar exquisitas redondeces escondidas. El beso es desapasionado pero generoso; extenso hasta lo inusual, incluso para los habituales espectadores de telenovelas.
Finalmente, y con estudiada lentitud, la princesa vuelve a erguirse; sus níveas palmas tantean que todo haya vuelto a su lugar bajo los tules.
Princesa: Conozco a la princesa que tú dices. Es algo más delgada que yo, puede ser. Pero convengamos que es una tabla, no tiene nada de teta.
La princesa reanuda su marcha, recuperadas sus etéreas cualidades. Se alcanza a oír el piar de un ruiseñor.
Sapo: ¡Princesa! ¡Eh, princesa! Aguarda un instante. Debe estar por desaparecer el hechizo. De un momento a otro me transformaré en príncipe.
La princesa sigue su camino. La princesa no se detiene; no mira hacia atrás. La princesa se aleja.

6.12.06

Sueños

Sueño con sillas vacías. Sueño con frutas mordidas. Sueño con vasos que yacen acostados y tristes sobre alfombras indiferentes. Sueño con lluvias absurdas bajo las cuales nadie camina de la mano, nadie sonríe. Sueño con perros bigotudos que renguean sin que nadie los mire.
Y después sueño con vos. Y me siento mejor.

2.12.06

La importancia de haber leído

Por lo que me contás, las circunstancias que te atormentan, lo que podríamos dar en llamar los hechos relevantes de tu propia vida, son apenas un par de carillas (en cualquier caso no más de cinco) de una novela de calidad dudosa.
Lo que te quiero decir es que te calmes. Que no jodas.

Diego Fussi, el de 'Los Fuckers'

Dónde estoy. Tres posibilidades.
1)Estoy en Mónaco. Voy caminando por una callecita estrecha. Llevo puesto un short y ojotas. Voy con el torso descubierto. Llevo en mi mano una bola de fraile, con mucho azúcar.
2)Estoy en Madrid. Es diciembre. Estoy de pie, en una esquina que no deseo precisar en este momento. Fumo un cigarro. Dejo el cigarro colgar de mis labios, y meto las manos en los bolsillos de mi gabán. Está nevando.
3)Estoy en Buenos Aires, en un bar. Tomo café y miro a través de la puerta entreabierta.

–Diego –dice una voz. No levanto la vista; no soy Diego. Sigo con mi lectura.
–Diego –la voz insiste; más cerca. Veo, junto a mí, unos bellísimos pies dentro de unas sandalias que me transportan a la adolescencia.
Dejo el libro, levanto la vista. La chica tendrá diecisiete años, diecinueve a lo sumo. La chica me habla a mí.
Es preciosa. Está dormida. Lleva puestas sucesivas capas de ropa: blusas multicolores, remeras, algún chaleco, algún pulóver. Los jeans gastados, pegados al cuerpo. Es flaca, es huesuda, es morocha y tiene el pelo sucio.
–No –le digo–. No soy yo –Si yo tuviera que volver a enamorarme, alguna vez, me enamoraría de una chica así. La chica tiene los ojitos apenas abiertos y una sonrisa como un atardecer en la playa.
–Diego Fussi –da un pasito adelante, uno atrás; sus movimientos son lánguidos. Deja una mochila pequeña junto a sus pies–. El de ‘Los Fuckers’.
–¿Cómo?
–Diego Fussi, el de ‘Los Fuckers’ –se ríe, me da una mano que no puedo rechazar.
–Me parece que estás equivocada –es tan linda que no puedo dejar de mirarla.
–Estuviste tocando por la costa, todo el verano –revuelve dentro de una cartera de lana que cuelga en diagonal por sobre sus pequeñas tetas. Saca un paquete de cigarrillos, saca un encendedor, saca un volante que anuncia un recital; el volante es un pequeño rectángulo de papel, en blanco y negro, arrugado. Enciende un cigarrillo y pita. Deja el paquete y el encendedor sobre la mesa. El encendedor es amarillo. Miro sus manos.
–No –es lo único que digo. Es lo único que me sale.
–Te seguimos con mis amigas, no nos perdimos ni un recital. Estabas en llamas –se acomoda el pelo, sonríe; está recordando algo que yo hice, algo que la conmovió profundamente; algo que le parece, aún hoy, bárbaro–. Estabas iluminado. Nunca habíamos visto a alguien cantar como vos, decir las cosas que dijiste.
–Escucháme…
–Estuvimos en Mar Azul. ¡Mar Azul! Cuando te tiraste del escenario y te agarraste a trompadas con los pibes que nos estaban molestando. Después subiste y seguiste cantando, como si nada. La sangre te chorreaba por la cara y vos te relamías y seguías cantando.
–Estás equivocada, no soy yo.
–Cuando se lo cuente a mis amigas no me lo van a creer. –Apaga el cigarrillo, se acomoda el pulóver, y se mueve, no para de moverse, como una ardilla o un colibrí, no puede quedarse quieta. Yo estoy tan viejo, tan cansado. Ya debería estar en la oficina. Cuando llego después de las 9 y 30, el subgerente se pone como un desquiciado.
–¿Cómo te llamás?
–María. María Laura, pero todos me dicen Luli. Vos también me dijiste Luli, una vez. Después de un recital nos quedamos todos tomando cerveza, y fuimos a la playa, y vos te metiste desnudo al mar. Y cantaste una canción, y me dijiste Luli. Dijiste ‘esta canción es para Luli’, y yo no podía parar de llorar de la alegría. Sos un capo, Diego. Un capo.
Le debo llevar quince años, o veinte. Pero la chica parece no darse cuenta. Ni le presta atención a mi camisa con el cuello que no resiste un solo planchado más. Ni a mi corbata raída. Ni a mis ojeras de quince años de oficina y subte y un sándwich de parado. Me tengo que ir a trabajar. Hay que hacer las certificaciones, presentar los presupuestos, legalizarlos.
–Diego Fussi, no lo puedo creer. Debe ser mi día de suerte, o mi regalo de cumpleaños. Aunque falta un mes. ¡Eso! Tiene que ser mi regalo de cumpleaños. –Me mira, con las manos en la cintura–. Me sé todos tus temas, de memoria. Decíme cualquier tema y vas a ver cómo te lo canto.
Me tengo que ir. Pagar el alquiler. Seguir con mi vida.
–Claro que me acuerdo. Cómo no me voy a acordar de vos, Luli. Lo que pasa es que el verano, viste, cómo extraño el verano. ¿Desayunaste? Sentáte, Luli, que yo lo único que tengo para hacer es esperar el verano.

29.11.06

Botiquín

Cuando alguien se enferma, cuando alguien se siente mal, suele abrir el botiquín (por lo general ubicado en el baño de la vivienda) en busca de una pastilla, un jarabe, una crema, una pócima que permita aliviar la incomodidad, la dolencia.
En el caso de quien esto escribe, descubro de manera tan unívoca como invariable que las pastillas, los jarabes, las cremas, las pócimas, están vencidas.
Esta situación quiere decir dos cosas.
1)Que la dolencia que me aqueja ya me ha visitado, alguna vez, en el barro que hemos dado en llamar ‘pretérito’.
2)Que han pasado un par de años desde que compré ese remedio. Que el tiempo pasa.
La situación quiere decir algunas cosas más, pero son más bien tristes. Preferiría no entrar en detalles.

25.11.06

Princesa, princesa

Le regalé un cactus en lugar de una rosa, para que comprendiera que mi amor tiene cualidades perdurables.
–Sí, pero la rosa es bella –dijo ella.
–La belleza es fugaz, es efímera, es un instante –dije yo.
–Sí, pero el cactus pincha –dijo ella.
–Debe pinchar, a veces. Debe tener ese costado doloroso, es parte de su naturaleza –dije yo.
–Sí, pero la rosa tiene su aroma, su fragancia capaz de endulzar el alma –dijo ella.
–Es justamente esa cáscara de sensualidad la que te traerá inmediatos desencantos. Lo que te dejará melancólica y triste. Lo que te dejará un regusto amargo sobre tu almohada cualquier mañana de invierno.
–Sí, pero… –dijo ella y exhaló un suspiro. Hizo un mohín. Se acomodó con dos dedos el cabello detrás de una de sus orejas de porcelana.
–¡Okey, ya entendí! Es que el cactus estaba en oferta. Mañana te traigo rosas. Esperáme hasta mañana. Es un día, nomás. Dale.

Bajo la lluvia, again

Esta ley física ya fue enunciada, pero no veo porqué no puedo repetirla, en tanto fui yo mismo quien la enunció.
Dice así: a mayor tamaño del paraguas, menor será el tamaño del pito de su portador.
Así que cuando me cruzo por la calle con alguna mujer que camina, protegida, por un hombre portador de lo que podríamos denominar, en términos técnicos, una sombrilla, bueno, creo que por un instante los tres sonreímos, como quienes comparten un secreto que debe ser callado.

22.11.06

Azúcar

Se me acerca el mozo. Deja la bandeja y el trapo rejilla en otra mesa. Toma un sobrecito de azúcar. Lo abre. Espolvorea el contenido del sobre, justamente sobre (valga la redundancia) el diario que estoy leyendo.
–Permítame endulzarle un poco la realidad –me dice.
No estoy en condiciones de discernir si merece una trompada o una propina.

Para una vida semiplena

Desde que no voy a ser lo que quiero, entonces no veo inconvenientes en ser lo que vos quieras.

18.11.06

Permanecer callado

En las series de televisión, cuando un policía atrapa a un ladrón, por lo general después de tener que correrlo algunas cuadras, por lo general después de haber trepado un alambrado, o saltado del techo de un edificio a otro, por lo general agitado pero no por eso menos satisfecho, entre las cosas que le dice, una es ‘todo lo que diga puede ser utilizado en su contra’.
¿Hace falta aclarar esto? El ladrón, el policía, el espectador, todos hemos tenido alguna novia, alguna vez.

Desconsuelódromo

Envejecer, fracasar, saber que todos y cada uno de los sueños infantiles no serán siquiera rozados con la punta de los dedos, es una de las cosas más terribles, más desgarradoras. Dan ganas de llorar.
Pero podría ser peor, creéme. Mirá por televisión algún documental de una tribu de Africa. Mirá un ciervo tratando de tomar agua en un río infestado de cocodrilos. Mirá en el supermercado a la cajera de la caja cuatro. Mirá en el subte, una cara. Mirá a tu vecino. Vos mirá.

15.11.06

Sustancial, sustancia, sustantivo

Despojado de toda pretensión, estoy en condiciones de afirmar que, bueno, si me despojo de toda pretensión, francamente, no estoy en condiciones ni de rascarme el culo.

Flipper, et al

Los delfines, está demostrado, son animales de una inteligencia superior. Abundan los documentales que dejan debida constancia de la cuestión. También, sus rostros exhiben esa bobalicona semisonrisa que suelen tener los niños pequeños, yo mismo en su momento, cuando intentan resistirse al cada vez más incontenible deseo de hacer pis.
Me sorprende lo poco que se ha mencionado el tema.

12.11.06

De reunión en reunión

Al ser convocado a un ‘brainstorming’, siento que lo mío es aportar el ‘storming’. Esa es mi misión; para eso fui llamado. Eso es lo que puedo dar.
El 'brain' ponélo vos, campeón.

Querida

cuando la lluvia se seque sobre el asfalto indiferente,
cuando el fracaso justifique lo anterior (–sic–),
cuando ya no tengas tiempo para no tener tiempo,
querida

cuando no te acuerdes qué ibas a hacer con todos tus talentos,
cuando lo que salió mal sea mejor que lo que salió peor,
cuando te de el mismo susto un espejo que un consejo,
querida

cuando los domingos te caigan encima como macetas,
cuando te de miedo dormir con la luz apagada,
cuando no queden risas, ni quejas, ni nada.

cuando llores en el cine por cualquier beso
y te gusten las películas donde ganan los presos
y te espere la gotera, tus plantas, tu perro.

8.11.06

Communism revisited

Cada vez que alguien invoca la tan altruista como imperativa necesidad de compartir se refiere, sin excepción, a compartir aquello que no es suyo, aquello que no le pertenece, aquello que no es de su propiedad si nos circunscribimos a la legislación que versa sobre la materia.
Es entonces mi parecer que a la hora de compartir, parece resultar conveniente el comenzar siempre compartiendo lo ajeno.

Mal perdedor

Después de veinte años de combatir la caída del cabello, he decidido dejar de luchar. Me entrego a fuerzas superiores, muy por encima de mi comprensión y raciocinio. Ha vencido la ley de gravedad; la dotación genética; la madre naturaleza; el paso del tiempo; el croupier celestial que quita y otorga recursos.
Esta actitud, lejos de recurrir a impericias conceptuales de índole cosmético, me vuelve más sabio, más puro.
Eso sí, al que me diga ‘qué hacés, pelado’, lo reviento.

4.11.06

Ida y vuelta

En la televisión entrevistan a un hombre más o menos conocido. El motivo de la entrevista, al parecer, es que el hombre volvió de la muerte. Así es como lo dice. Estuvo muerto, y volvió. Fue y vino. Tiene tatuado en el rostro una sonrisa que rebalsa, en indefinibles proporciones, imbecilidad y beatitud.
El hombre que volvió de la muerte dice que la experiencia lo cambió por completo. Dice que desde que volvió es otro; está distinto. Dice que no hay que tener miedo. Dice que está escribiendo un libro para contar su viaje, su cambio, su experiencia.
Lo que más me inquieta de sus palabras es que el viaje, su descripción, no difiere en demasía de cualquier viaje en subte.

Dos veces

Decía Poe, cita Asis, repito yo, que lo intenso, por una ley poéticamente física, es breve.
Recuerdo, vaya uno a saber porqué, aquello de ‘lo bueno, si breve, dos veces bueno’.
Así que, con la libertad que suele otorgar una sinapsis idónea, pienso, digo: ‘lo intenso, si breve...’.
Puta madre.

1.11.06

8

Debo confesar que no he llegado a ser ni la octava parte de lo que me hubiera gustado ser.
Los otros siete octavos se me han ido en pagar el gas, lavarme los dientes, asistir a un par de cumpleaños. Esas cosas.

Con la rima de tu prima

sin perjuicio de lo expuesto
deseo manifestar
que fui echado con lo puesto
de ese infecto lupanar.

dejo entonces la constancia
de mi humilde berretín;
me habré tomado tres gancias
y asomó mi pitilín.

me paré sobre la barra
y grité ‘¡que me la chupen!
pero que sea con garra’.

aún más triste que el ridículo,
que el dolor, que la maldad,
es la mala voluntad.

28.10.06

Dulce de leche, chocolate

Si se procede a la ingesta de un alfajor de chocolate con dulce de leche, no se logrará comprender ni por asomo las complejas diferencias entre círculo y circunferencia.
Tampoco se entenderá, no, el significado del diámetro.
Se ignorará por completo en qué consiste el radio.
No se estará ni cerca de acercarse a las enigmáticas y procelosas aguas del número pi.
En resumen, al ingerir un alfajor de chocolate con dulce de leche, no se aprenderá nada de nada. Un alfajor no ha vuelto, jamás, mejor a nadie.
Pero no sabés lo rico que estaba.

Ensimismáte, ¡es gratis!

Todas las personas, alguna vez, suelen cometer la chiquilinada intelectual de sentirse imprescindibles en algún rubro del horóscopo.
Se trate de trabajo, se trate de amor, la implícita circularidad del argumento redunda, una y otra vez, en la imposibilidad de imaginar el mundo sin uno. Es decir, el que piensa, no puede imaginar el mundo sin el que piensa, léase él mismo.
En lo que a mí respecta, nunca he tenido demasiados inconvenientes en imaginar el mundo sin mí. Lo que no puedo hacer es imaginarme a mí, sin mí. Eso no me sale.

25.10.06

After Coelho

Dejá de prestarle atención al ‘qué’. El ‘qué’ es para un grupo reducido; poca gente, tipos con talento, con habilidades no tradicionales. No es para vos; no te metás; mirá cómo tenés la cara. Las frustraciones son acumulativas, como las piñas, como los rayos de sol.
Concentráte en el ‘cómo’. El ‘cómo’ es para tipos como nosotros; hasta yo me animo a pegarme una vuelta en ‘cómo’. El ‘cómo’ cada tanto te tira un churrasco; el ‘cómo’ es para cualquier salame.
Hacéme caso; donde veas al 'qué', rajá, cruzá de vereda, no digas nada. Lo tuyo es el 'cómo', lo mío es el 'cómo', no jodamos.

Terremotos, tornados

Ella conoce, con cuatro decimales, lo acontecido en el último tsunami. La oigo hablar por teléfono –hace una hora– al respecto. Pero, advierto, mientras hiervo el agua para los spaghetti, que se olvidó de comprar queso rallado. Para la cena.
Cómo explicar lo que siento. Cómo explicarlo.

21.10.06

Pesos y medidas

Con peligrosa periodicidad, mi casilla de correo electrónico es bombardeada por lo que se ha dado en llamar ‘correo basura’, o ‘spam’, o algún varietal de imbecilidad cibernética por el estilo.
Deseo detenerme en uno de los mails más asiduos, que repiquetean cual pájaro carpintero contra mi ‘buzón de entrada’, o ‘inbox’, o como se llame.
El mail se titula ‘enlarge your penis’.
No me molesta, he llegado a la conclusión, el ‘correo basura’, más que el correo ‘no–basura’, o de interlocutores conocidos. Aprende uno a borrar de manera indiscriminada emails, como quien ha aprendido por las noches a lavarse los dientes. Se requiere de la misma actitud, del mismo empeño.
Lo que me inquieta, lo que me preocupa, es que alguien que ni siquiera se ha tomado el trabajo de conocerme, se atreva con semejante sugerencia.
Ahora, si el email estuviera titulado 'enlarge your soul', bueno, vaya y pase. Quién sabe si no lo leería.

Iluminaciones de índole político

‘Donde hay una necesidad, nace un derecho’, dijo, alguna vez, Eva Perón, o así la citan.
Así que repetí la frase, de pie, imitando la voz del General (especialidad de la casa; no sé imitar la voz de Evita) para luego abalanzarme sobre la chica que me acompañaba. Arrojé un beso que aterrizó en una carótida, y mis manos pugnaron por apretar un seno, manotear una nalga.
Ella se liberó de mis torpezas con displicencia, me arrojó la Mirinda en el rostro, y se marchó dando un portazo.
Fue entonces cuando el peronismo empezó a calar hondo en mí.

18.10.06

Enigmas

Existen, como todos los presentes sabemos, paradojas matemáticas cuya solución jamás ha sido encontrada. Como si desde el fondo mismo de la historia alguien, una entidad superior, se empeñara en fastidiarnos con la sutil manera de dejar como olvidados, aquí y allá, detalles, migas de pan celestial que no pueden ser digeridas por nuestras primitivas inteligencias.
Es en este sentido que aprovecho el cónclave para dejar esbozada, en pinceladas gruesas, una más. Una paradoja más.
La formulo, entonces, para que la misma sea sometida a un minucioso análisis.
Hay más boludos que gente.

15.10.06

mamá, mamita,
qué alegría inmensa
aquella plantita
que planté en la huerta
ha dado una flor

una flor solita
tan blanca, tan linda,
¡una margarita!

y yo la arranqué.
¿hice mal, mamita?

mejor hubiera sido
dejarla en la planta
y mostrarle a todos
la florcita blanca.

pero yo pensé:
esta margarita
tan linda, tan blanca,
es para mamita
que tanto me ama.


*quien esto escribe se seca las lágrimas, y se disculpa. quien esto escribe no consigue recordar si el poema fue copiado de un manual kapeluz, en tercer grado, tal vez. o si es de su autoría. o si lo robó. o si lo soñó. ¿qué importancia puede tener eso?
*por las dudas, se aggiorna el poema a las circunstancias, para esa legión de hombres y mujeres de buena voluntad que a veces no están preparados para la dulzura en estado puro.
*puede utilizarse el que parezca más atinado. dicho de otra forma: táchese el que no corresponda. y más disculpas, porqué no.


mamá, mamita,
disculpá la facha
pero estuve en creamfields
tomando merluza
y no sé quién soy

si pablo lescano
tal vez víctor sueyro
¡beatriz salomón!

pero vine igual.
¿hice mal, mamita?

mejor hubiera sido
lavarme los dientes,
hablar con Miroli,
ir a ver a bó (dale bó).

pero yo pensé:
aunque pishe verde
y ande de caño,
guardo tus caricias
en mi corazón.

14.10.06

Reinterpretación de parábolas bíblicas (desde algún Departamento de RR. HH.)

No les des pescado. Y no, tampoco les enseñes a pescar.
Desvincúlalos, despídelos.
Envíales el telegrama, de inmediato.
Antes que sea demasiado tarde.

Experimentos de carácter semiótico que te cambiarán la vida

Si uno concurre a un restaurante. Un restaurante donde se coma, por lo general, carne. Y se pide chinchulines. Y luego, cuando a uno le traen el plato de chinchulines, uno debe estudiar, por un instante, el plato. Elegir, entre los chinchulines, uno en particular. Uno que sea casi un redondel perfecto. Se lo debe tocar con dos dedos, índice y pulgar, para verificar su consistencia, su textura. El chinchulín debe ser gomoso, grasoso al tacto, de material flexible, aunque resistente incluso al primer corte de un cuchillo afilado.
Se toma el chinchulín seleccionado, entonces, y con un diestro movimiento debe uno colocarlo detrás de una oreja. La oreja debe ser propia. La oreja debe ser la que el individuo utiliza con habitualidad para hablar por teléfono.
El chinchulín, que viene de la cocina por lo general con un corte que altera su casi perfecta circularidad, se adaptará de inmediato y con suma facilidad a la oreja elegida.
El chinchulín está caliente. Me atrevería a decir que el chinchulín quema.
Hecha la mencionada operación, uno se ha colocado el chinchulín como si se tratara de un adminículo habitual en los teléfonos celulares de más alto desarrollo tecnológico.
Alguien en el restaurante, porque siempre habrá alguien en el restaurante, o incluso si uno ha concurrido acompañado por alguien de su confianza y estima, habrá observado la maniobra y se lo quedará observando. Al ejecutor. A usted. Que lleva un chinchulín colocado detrás de una oreja.
Puede entonces usted adoptar la postura de quien escucha algo de suma importancia. Puede usted hablar, como si estuviera interconectado con seres de otra galaxia. En cualquier caso, se lo aseguro, usted no escuchará nada, ni recibirá respuesta alguna a sus palabras.
Debe entonces usted pedir la cuenta y retirarse del establecimiento, circunspecto, pensativo pero no apesadumbrado, y partir del establecimiento siendo el original portador de un chinchulín detrás de una oreja.
Y no volver más, al establecimiento. Nunca más.

11.10.06

Un Magritte, en el Reina Sofía

España. Madrid. Museo Reina Sofía. Un hombre, en adelante el ‘Hombre 1’, contempla un cuadro. El cuadro es un Magritte. El cuadro es de Magritte, pero no, no es el cuadro del hombre con bombín, y una manzana que le cubre parte del rostro. Es un Magritte, pero otro.
El Hombre 1 contempla el cuadro en silencio; lleva en tal actitud sus buenos diez minutos. Dada la hora del día (es de mañana, temprano; también es diciembre y en la calle hace un frío que pela) la sala está casi vacía.
Se acerca un hombre, en adelante el ‘Hombre 2’. Por la sonrisa en sus labios, y la familiaridad con que se acerca, es evidente que se conocen, que son amigos. Tal vez han venido juntos, no digo a Madrid, pero sí al Museo Reina Sofía.
Se produce entonces, entre el ‘Hombre 2’ y el ‘Hombre 1’, el siguiente diálogo.
H2: ¿Y? Estás mirando el mismo cuadro hace media hora.
H1: Está torcido. Si te fijás bien, está torcido.
H2: ¿Eso? Pensé que te fascinaba esa pintura. No, no está torcido.
H1: Te digo que está torcido.
H2: No creo, che. Quizás sea otra cosa. Quizás tengas un huevo más pesado que el otro.

Abandónico

Ser abandonado puede parecer una experiencia traumática; no lo es. Tal vez debiera ser tomado como un ejercicio zen. Algo saludable. Algo purificador. Es más, me atrevería a recomendar ser abandonado al menos una vez al año. Chocar contra el imposible del otro; descubrir con estupor que las circunstancias son ajenas a la propia voluntad.
Recibir entonces, con hiriente meticulosidad, el detalle, el porqué lo de uno no fue suficiente, no alcanzó. Aprender que no se estuvo a la altura de las circunstancias, de las expectativas. Aceptar que uno fue desbordado por la situación, como un nadador más o menos idóneo, a quien el mar decide recordarle quién es el invitado y quién es el dueño del juego.
Ser abandonado, estoy seguro, te vuelve mejor.
Ahora, si sos abandonada, es tremendo. No sé, matáte. Hacé un curso.

7.10.06

Un poco de tic, y un poco de tac

el tiempo
es una chica de quince
que te pregunta la hora

y te dice
'gracias, señor'

Significante, significado

Perdón por insistir, pero la frase ‘no se debe llorar sobre la leche derramada’, me visita en sueños; me atormenta.
¿Y sobre la teta derramada?

7 epitafios

Una pregunta clásica de periodistas profundos (si la contradicción es admisible), cuando entrevistan a alguna celebridad, a alguna figura que ha alcanzado reconocimiento por sus cualidades o por la posición que ocupa en el complejo entramado del planeta tierra, es consultar al entrevistado acerca de su propia muerte, tema escabroso si los hay, y tal vez, porqué no, consultarlo sobre qué le gustaría que dijera su epitafio.
El tema me parece absurdo y trillado, pero me siento con ánimo de ayudar, así que ahí van un par de sugerencias.

1) Qué loco todo.
2) Qué mirás, gil.
3) ¿Te debo un envase?
4) No voy a poder.
5) Ya sé; salió mal.
6) Por favor, no me lo cuentes. No quiero saberlo.
7) Tenéme paciencia; voy a mejorar.

4.10.06

Descalzo, en África

Necesito zapatillas para correr. Así que concurro a una casa de deportes. En las casas de deportes, venden zapatillas.
Me pongo a observar un despliegue inaudito con la más amplia diversidad de calzados deportivos. Se me acerca un vendedor (en adelante ‘V’). El que inicia la conversación soy yo (en adelante ‘Yo’).
Yo: Hola. ¿Estas zapatillas son para correr?
V: Sí.
Yo: ¿Y éstas?
V: También.
Yo: ¿Y éstas?
V (mirando al horizonte, al cielo, a la nada): Sí.
Yo: ¿Todas son para correr?
V: Sí.
Yo: Sucede que veo zapatillas de $ 199, y zapatillas de $ 379. ¿Cuál sería, en grandes rasgos, la diferencia?
V: Estas tienen DMX –señala las de $ 379.
Yo: Ajá, entiendo. ¿Qué es el DMX?
V: Fijáte. Puede que vos necesites que tengan ‘torsion bridge’.
Yo: Torsion bridge... ¿Te parece?
V: Depende si sos más de cross, o adventure, o si estás buscando algo tipo ‘premier road’, con ‘foam impact’.
Yo: Claro, claro. Seguro. ¿Y éstas?
V: Esas son ‘Swara’.
Yo: ¿Swara?
V: No tienen el ‘bridge’, pero tienen refuerzo de polipoliurestanopropilénico.
Yo: Entiendo. ¿Y me conviene con torsion bridge, o DMX?
V: ¿Vos qué querés hacer?
Yo: Correr. Yo debería correr. Necesito zapatillas, bueno..., zapatillas para correr.
V: Estas que ves acá (abarca con sus brazos la pared donde deben estar expuestas, entre ochenta y doscientas variedades de calzado) son parra correr. Fijáte cuál te gusta y me llamás. Yo estoy para eso.
Yo: ¿Vos trabajás acá?
V: Sí, en este piso.
Yo: Gracias. Yo cualquier cosa te llamo

Agradecimiento

Cuando alguien me dice que me quiere, no le creo. Me conozco hace ya muchos años; cómo podría creerle.
Prefiero alguien que no logra ocultar el singular desprecio que siente hacia mi persona; un desprecio natural, sin fundamento. Y aún así, ese alguien decide quererme, por motivos difíciles de discernir. Tal vez desea domesticar su repugnancia; tal vez le gustan los desafíos; ver cuánto es capaz de soportar; descubrir que jamás imaginó cuán lejos podía llegar; maravillarse ante su propia voluntad para continuar, para seguir.
En cualquier caso, considero que cada vez que el fenómeno tiene lugar, que soy querido, es por motivos en su totalidad ajenos a mi voluntad. Como los terremotos, o las catástrofes climáticas.