30.12.06

El monumento

En las plazas, en los parques, en los espacios verdes de esta inconcebible ciudad, es posible ver todo tipo de monumentos. Por lo general hay algún hombre, algún caballo, algún escudo. Puede haber también, porqué no, alguna espada. Puede haber también, algún hombre de pelo enrulado, y alguna mujer de pelo recogido, desnudos sin motivo aparente, esperando algo que es para mí ajeno, desconocido.
Los monumentos están allí para dejar constancia de algo que sucedió, algo que salió bien o algo que salió mal, algo que merece ser recordado, algo significativo.
Me gustaría ir alguna vez a una plaza, a un parque, a un espacio verde, donde haya un monumento triangular, tal vez sobre una columna de estilo dórico. Una porción de pizza tamaño natural, en diagonal, ni acostada ni de pie, puede ser muzzarella, puede ser napolitana con ajo, puede ser fugazzetta, con su correspondiente y chorreante queso de bronce. La placa alusiva podría decir algo así: ‘monumento a todas las porciones de pizza, la que usted más recuerde, la que usted prefiera’.
Cuando exista dicho monumento podrán verme una mañana de domingo, sentado por ahí, cerquita.