6.1.07

Demasiado tiempo, demasiada gente

Cuando hace frío intento ir lo más despojado de vestimenta que sea posible. Supongamos que es invierno; supongamos que hace tres, cuatro, cinco grados. Trataré entonces de tener que caminar por la calle usando una remera de mangas cortas.
Cuando hace calor, me abrigaré todo lo que sea capaz. Supongamos que es verano; supongamos que hace treinta y uno, treinta y tres, treinta y cinco grados. Sacaré del ropero olvidados gamulanes, añadiré alguna bufanda, algún pulóver.
De esta forma, andaré en invierno con labios amoratados, castañeteo de dientes, dedos duros de frío; y en verano sudaré como un chancho asustado
Mi accionar carece de motivación aparente. Pero llevo ya demasiado tiempo viendo demasiada gente orgullosa de estar en contra de algo: un sistema político, un límite geográfico, una corriente de pensamiento, una inclinación sexual o religiosa. Puesto a elegir prefiero estar en contra de los fenómenos climáticos.