20.1.07

Pequeños estuches, revestidos de terciopelo rojo

Para nuestro aniversario, la llevé a cenar a un lugar con velas. Pedí champagne. Antes que nos trajeran la comida, saqué del bolsillo un pequeño estuche, revestido de terciopelo rojo. Lo deposité sobre la palma de su mano. La miré. Me miró. Nos miramos.
Abrió el estuche; todavía recuerdo su emoción, su contenido anhelo, su alegría desbordante que tenía destino de risa y de lágrimas.
Abrió el estuche, como en las películas, como dije. En el centro, prolijamente dispuesta, había una aceituna rellena con morrón. No era un brillante, aunque brillaba por el aceite. No era un anillo, aunque si se quitaba cuidadosamente el morrón, ella podría haber deslizado dentro su dedo meñique. No era un brazalete.
Todavía recuerdo su estupor. Todavía recuerdo su cara.
Eso me pasa, tal vez, por elegir los regalos como si fueran para mí.

5 Comments:

At 6:01 p. m., Anonymous Anónimo said...

Claro, es que por pensar así se cometen muchos errores. De haber estado en el lugar de esa muchacha Yo me hubiera indigado.

A mí no me gustan las aceitunas rellenas, parecen embalsamadas. Me gustan enteras, con el carocito.

VeRo ;)

 
At 11:38 p. m., Blogger Bugman said...

Discrepo. El morrón es un detalle exquisito. Una aceituna común sería apenas, una grosería.

 
At 6:58 a. m., Blogger J. Hundred said...

*vErO!
1)su comentario me permite tal vez el siguiente acápite. el carozo viene a ser a la aceituna, lo que el álbum de fotos es a la semana en san clemente. el piolín de tangibilidad que nos permite gatillar el mágico recuerdo de algo que, una vez acontecido, empieza a ser invadido por el polvoriento pretérito. el carozo, entonces, está ahí, de pie, para recordarnos que la felicidad de la aceituna ocurrió, que alguna vez fue, y que entonces se ha transformado en parte integrante de nuestra mochila de sensaciones que para nosotros adquieren y alcanzan una significación particular. el carozo es testigo de que la aceituna existió y podrá, entonces, volver a ocurrir, para tocar esa delicada tecla de nuestro piano neuronal. el carozo,ni más ni menos, viene a sostenernos ante una impensada falta de fé que pudiera tener lugar por motivos que no vienen al caso. el carozo nos prueba que podremos ser felices otra vez. el carozo sana y salva. el carozo dignifica.
2)las aceitunas con carozo son más ricas, y punto. olvídese de lo que dije. sólo estaba tratando de captar su atención.
3) vaya entonces mi módico homenaje a la escupida de carozo de aceituna, que popularizara tiempo atrás ese reconocido personaje de la gráfica argentina: clemente.
sput!

*bugman!
sus discrepancias superan en exceso el corpus teórico de cualquier carrera universitaria.
entre nosotros, en territorio español he llegado a comer aceitunas rellenas con almendras, con atún, con ajo. pero es como ser maestro de kung fu. uno no puede andar contando todo lo que sabe por ahí.

 
At 7:50 p. m., Anonymous Anónimo said...

"El carozo dignifica"... eso es precioso, Hundred! No permita que lo olvide.

Yo también me he comido alguna aceituna rellena, Bugman, pero es que tienen como... un corazón artificial... un implante...

No es una aceituna que pueda ufanarse de su naturaleza. Me comprende? Una aceituna posta.

VeRo.

 
At 4:11 a. m., Blogger BromoLuz said...

Soy lo más entrometido que hay. No había leido este afán con la pobre aceituna. A mí me gustan las de Azapa pero sin amargo y rellenas. En cuanto a la suya mi querido Juanito Cientos me la imaginé comprada en la inmediaciones de algún Tiffany´s criollo. Y de Plata.

 

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