14.2.07

Mi ángulo

Hablo con gente que corre. Gente de distintas edades; gente de distinto sexo; gente de distintas nacionalidades; gente de distinto color de piel; gente de distintas religiones.
Están aquellos que corren por hobby. Están aquellos que corren porque, suponen, es bueno para la salud. Están aquellos que corren por una extraña obsesión, una extraña manía.
Dejo que la curiosidad sea mi brújula. Pregunto, quiero saber. Hago como un ciego en una habitación a oscuras, en busca de un picaporte que conduzca a una luz, una chispa de entendimiento.
Al parecer, una vez dados los pininos en la materia, el correr consiste en esforzarse, competir contra uno mismo. Uno se dedica a lo que se ha dado en llamar ‘bajar el propio tiempo’, para una distancia, cualquiera, previamente establecida. La idea que subyace es, por ejemplo, correr cinco kilómetros en cuarenta y cinco minutos. Luego, con la práctica, en cuarenta. Con el tiempo, correr los cinco kilómetros en media hora, quién sabe.
Lamento mi ángulo de percepción, como tantas otras veces, pero creo que hay una confusión lisa y llana. No sé si atribuirlo a la imbecilidad o a la impericia, pero se ha escogido la variable equivocada.
Lo que debe hacerse es justamente no fijar la distancia, sino el tiempo. Supongamos, otra vez, que se estipula correr media hora. Entonces sí, el corredor, con la práctica, debiera luchar por correr cada vez una menor distancia en esa media hora. Se trata de bajar la distancia, no el tiempo. Sepan disculpar el entusiasmo pero: ¡de eso se trata!
Si uno se esfuerza lo suficiente, llegará un momento en que, supongamos, en esos treinta minutos, pase de correr cinco kilómetros, a cuatro, a tres, hasta llegar a uno. Uno solo. Alcanzado este punto, el corredor advertirá que puede transitar el trecho caminando, que no hace falta correr en absoluto.
Es entonces cuando podrá dejar de correr, por Dios bendito, para siempre.

1 Comments:

At 9:03 a. m., Blogger bromoluz said...

Me hizo recordar al coyote con su correcaminos.

También mi hizo "sentir la razón" de por qué se ausenta.

Tal vez deba seguir caminando, al menos por otro rato.

Usted camine también, aunque sea con María.

Le envío un beso bromado ahora, para variar un poco.

 

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