3.2.07

Parrilla

Querían ir a comer. Querían ir a comer carne. Así que fuimos a comer. Fuimos a comer carne. El restaurante era moderno, muy moderno. Estaba instalado en un barrio que alguna vez, en un pasado remoto, había sido Palermo.
El barrio había mutado, o el mundo había mutado. Una extraña cepa, de un extraño virus, llamado modernidad, tal vez. En cualquier caso, fui informado que no estábamos, ni estaríamos, nunca más, en Palermo. Estábamos, así me dijeron, en Palermo Hollywood.
No quiero extenderme en los detalles. Aunque últimamente, una de las pocas cosas en las que quiero extenderme es en los detalles.
El asunto es que si hubiera sido en Palermo, nos hubiera atendido uno de esos mozos de caras milenarias, moño torcido, y una particular variedad de cuero en el lugar en donde debiera haber estado el epitelio, la piel.
Pero nos atendió una chica, muy bonita, muy mona. Veinte años, tal vez; dulces rulos para acariciar hasta verla dormirse; una sonrisa como el sol en una mañana de invierno. En una playa. La que vos quieras. Una chica para presentarle a una madre.
Pensé en eso, lo pensé, y pregunté, cosa que no hago jamás, pero pregunté qué me recomendaba para comer.
La respuesta de la chica fue la siguiente. ‘No sé. Yo estudio teatro. Soy vegetariana’.
Estábamos en Palermo Hollywood, eso ya lo dije. Estábamos en un restaurante. Más precisamente, en una parrilla.
Sin atribuirme excesivas capacidades semióticas, creo que la respuesta de la chica merece cierto nivel de desmenuzamiento.
1)’No sé’. Significa, creo, que no sabe, en el sentido amplio.
2)’Yo estudio teatro’. Significa que está trabajando de moza, pero no, de ninguna manera debo pensar que es moza. Es otra cosa. Es artista. Que yo no me de cuenta, que yo no lo advierta, me transforma en un imbécil sin retorno.
3)’Soy vegetariana’. Significa que trabaja en una parrilla pero considera que todo aquel que ingiera un trozo de carne, algo, alguna parte de algún animal que alguna vez haya estado vivo, merece el escarnio, el repudio, el desprecio por ser, ni más ni menos, que una bestia sin alma.

El resto de la velada no reviste mayores consideraciones.