Si se acerca uno a un elefante y le da un tirón en la trompa, con la máxima fuerza de la que uno sea capaz, y luego le dice ‘era una joda, era un chiste’, es casi seguro que el elefante intente embestir al agresor a la manera característica de los elefantes, bajando la cabeza, buscando el topetazo.
Si le sirve uno a una jirafa un fuentón, pongamos de las proporciones de una bañera, de sopa fría, con unos escasos fideos, poca sal, es probable que la jirafa mueva de un lado a otro su interminable cuello, exhiba los dientes en lo que sea el sucedáneo de una mueca, y se niegue a aceptar que eso sea su alimento, su comida.
Si se arroja uno sobre un cocodrilo e intenta ponerle, sujetando con fuerza, primero, con el afán de guiarlo, una pata delantera, dentro de una manga de un pulóver color borravino de lana gruesa, cuello alto, un día de más de veinticinco grados de temperatura, el cocodrilo, seguro, te morderá.
Lo que me llama la atención es por qué creíste que yo iba a soportarlo, querida.
Si le sirve uno a una jirafa un fuentón, pongamos de las proporciones de una bañera, de sopa fría, con unos escasos fideos, poca sal, es probable que la jirafa mueva de un lado a otro su interminable cuello, exhiba los dientes en lo que sea el sucedáneo de una mueca, y se niegue a aceptar que eso sea su alimento, su comida.
Si se arroja uno sobre un cocodrilo e intenta ponerle, sujetando con fuerza, primero, con el afán de guiarlo, una pata delantera, dentro de una manga de un pulóver color borravino de lana gruesa, cuello alto, un día de más de veinticinco grados de temperatura, el cocodrilo, seguro, te morderá.
Lo que me llama la atención es por qué creíste que yo iba a soportarlo, querida.