6.6.08

Jugo de naranja, jugo de pomelo

Debo confesar, debo instruir, que cuando dos personas se juntan y formalizan, por decirlo de algún modo, aquello que ha sido denominado ‘una pareja’, no existe, bajo ningún aspecto, un plan conjunto, un plan de esa nueva entidad. Lo que sucede, a partir de un momento cero que nunca puede ser precisado con exactitud, lo que acontece, entonces, es un plan personal que se impone, de manera violenta o consentida, por sobre otro plan personal. A veces un plan personal es vencido por la sencilla prepotencia del otro plan personal, a veces un plan personal consiente porque ha perdido su identidad, su rumbo, lo que equivale a decir que ha perdido su plan personal, y al no tener plan, su plan es descansar en el plan personal del otro, hasta recuperarse, tomar aire, y recordar cuál era el propio plan para poder seguir.
Es precisamente esta pugna lo que da naturaleza al vínculo, lo que lo sostiene, primero, y lo aniquila, no mucho tiempo después, aunque en este caso la temporalidad no deba ser entendida de manera taxativa.
No se trata, entonces, de mezclar jugo de naranja con jugo de pomelo, para descubrir, con refrescante alegría, que ha nacido un nuevo y magnífico jugo. Se impondrá la naranja, o se impondrá el pomelo. Pero no hay que confundirse ante una aparente linealidad de roles. Si triunfa la naranja, es claro que el pomelo de alguna forma sufre, se pregunta qué hace allí. Pero la naranja, una vez impuesta su voluntad, también advierte que tras haberse impuesto, superada la satisfacción primera, se incomoda. Para seguir siendo naranja, si de eso se trataba, ¿entonces cuál fue la función del pomelo? Si era naranja desde el principio, y observa, ahora, que es naranja al fin, entonces se ha equivocado, cree la naranja, a la hora de elegir el jugo compañero de mezcla.
La voluntad que se impone, en resumen, y la voluntad vencida, quedan presas de un extenuante fastidio.
Y descubren que lo interesante ha sido imaginar el jugo, buscar la fruta que nos mejore, aunque eso implique tomar un cuchillo, cortar al medio, apretar, en definitiva, destruir.

5 Comments:

At 4:27 p. m., Blogger Geoffrey Firmin said...

Tremendo. Ovación de pie.

Abrazo cordial.

PD: De todos modos, sabemos ya que hay jugos que jamás deberían mezclarse.

 
At 10:39 a. m., Blogger La condesa sangrienta said...

Iba a decirle que el plan movistar a veces se impone sobre el plan personal, que para triunfar ha de tener jugo de tomate frío en las venas y que -Geoffrey- algunos felices jugos se potencian en la mezcla.
Pero su texto tiene tal densidad que mejor no mezclar peras con olmos.
¡Excelente!

 
At 1:05 p. m., Blogger Zyx said...

muy bueno. En mi filosofía de juguísitica, lo mejor es que cada uno tome su jugo en su lugar, y se junten a mezclar fluídos de vez en cuando, libremente, sin que uno prevalezca sobre el otro.

 
At 6:20 p. m., Anonymous Mar said...

Que postura tan triste y desalentadora.
¿Por qué mezclar, prevalecer ahogar?
¿Por qué no mejor complementar sin perder de vista el propio sabor?
culinariamenta hablando, ¿Por qué no potenciar a partir de la combinación de sabores?
Lomo con champignones
Chocolate con crema
Canelones con salsa blanca
Café con azúcar
Tostadas con manteca

Por separado...ricas, sí.
Pero juntas, complementadas mucho mejor.
Ninguna se impone por sobre la otra
Cada textura, cada sabor, cada esencia respeta a la su soporte, pero la combinación resulta superior.

Calro que no conciliaría milanesas con dulce de leche,...aunque pensándolo bien, en la cocina y en la cocina de la vida, he visto mixturas insospechadas que han arribado a un buen resultado

 
At 8:21 a. m., Blogger J. Hundred said...

*geoffrey firmin! gracias. y usted con sus posdatas abre una puerta a cada quilombo.

*condesa! uno empieza diciéndole a alguien ‘che, tu texto tiene densidad’, y ahí nomás, a un parpadeo de distancia, estamos discutiendo ante la justicia quién se queda con el palio blanco, a quién le corresponde el departamentito de necochea, si tengo derecho a ver a las criaturas sábado de por medio. por las dudas sigamos como siempre: usted va y me dice que soy un repelotudo, y yo le digo que no es lo mismo pizarnik que chediek. hay que andar con un cuidado.

 

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