9.10.04

Pelados del mundo: no temáis

Tengo amigos preocupados por su salud capilar. Sufren la caída del cabello como la ablación de un órgano vital. Se deprimen; concurren a institutos donde aparentemente existen disciplinas tan prodigiosas como la ‘gimnasia capilar’; toman medicamentos; planean implantes.
No sólo la lucha contra el paso del tiempo se me antoja como un verdadero despropósito que conduce a la más ridícula de las tristezas, sino que además, si se considera al cabello como una secreción, el intento de acumulación del mismo es cuando menos de mal gusto.