19.8.06

Otra tremenda injusticia de las multinacionales

Cuando ingiero una bebida gasificada, se me da por pensar que a nadie se le ha ocurrido comercializar la parte ‘gasificada’ del asunto. Abrir un envase de vidrio, o plástico, o una lata, no tengo objeciones al respecto, y recibir el impacto del gas, de las burbujas, en pleno rostro, por ejemplo, o en cualquier parte del cuerpo, los genitales inclusive, pero sin líquido alguno.
Por ideas como esta, supongo y temo, es que jamás he podido hacer carrera en los departamentos de márketing de las grandes marcas.
Aunque yo, en caso de ser consultado en público, estaré dispuesto a jurar que se trata de un complot, que soy discriminado por motivos que ignoro, y en los cuales no deseo profundizar.