10.12.05

Cómo ser un aristócrata, primera lección

Tuve que suspender cualquier tipo de viaje en un medio de transporte público. La idea de compartir una actividad con una indiscriminada multitud se me antoja repugnante. Estos módicos raptos aristocráticos son peculiares y entretenidos; aunque para alcanzarlos uno debe recurrir a toda una serie de formalismos y convenciones. Empezando por pagar, claro.