2.9.06

Pescado, pescar

Un mendigo, en la calle, me pide una moneda. Por motivos difíciles de discernir para mí, pero que de seguro no están emparentados con la generosidad ni el altruismo, acato el pedido.
La mujer que me acompaña, en un arranque bíblico, me dice ‘no le des pescado, enséñale a pescar’.
Al día siguiente un mendigo, en la calle, me pide una moneda. Procedo entonces a manifestarme por la negativa. Le digo que no, que no voy a darle un peso, pero que me interesa saber qué circunstancias lo han empujado a su condición de mendigo. Asimismo, le digo, estoy dispuesto a asistirlo en la búsqueda de un trabajo, un oficio acorde con sus habilidades, una tarea que le permita ganarse con dignidad, con decoro, el pan. Puedo ayudarlo, lo sé, en tal dirección.
–Dejáme en paz. Andáte, puto –dice el mendigo, no sin antes dedicarme una reprobatoria mirada.
La mujer que me acompaña me aprieta el brazo, e intenta apurar el paso.
No creo que la ausencia de citas bíblicas implique una disminución de su fe. Tal vez, como cualquier otra actividad, cada tanto precise de un recreo, una pausa.