1.4.06

Perdonen la franqueza

Me llama una persona para invitarme a una fiesta. Le solicito un detalle estricto de los alimentos y bebidas que habrá para la ocasión.
Responde que no puede contestar con exactitud, puesto que no lo sabe.
Le pregunto entonces si alguna mujer que vaya a concurrir al evento, le ha manifestado el deseo taxativo de mantener alguna suerte de contacto carnal conmigo.
Responde que no, que nadie le ha dicho nada al respecto.
Le consulto sobre cuánto tenían pensado abonarme por mi presencia.
Responde, algo confundido, que nada. Se trata de una fiesta.
–Mi estimado –le digo–; por alguna complejidad semántica que se me escapa en este momento, lo que usted considera una fiesta, a mí se me antoja un trabajo.