4.2.06

Terapias alternativas

Finalmente, lo he descubierto. Algo que puede aliviar a miles y miles de personas que habitan las grandes urbes. Sé cómo curar la angustia de domingo.
Para no estar triste un domingo es menester abrazar algo. Si es una persona, mucho mejor. Un ser humano. Pero puede ser también un animal; un perro o un caballo, y allí me detengo en el rubro animales, porque no creo que existan muchas personas con la capacidad fáctica de llevar adelante un abrazo a una jirafa o a una cebra, cosa que también serviría. También se puede abrazar un árbol, o una planta. Aquí hago la aclaración: tengan cuidado aquellos que opten por abrazar un cactus. Por último, quedan los objetos. Si no se tiene una persona a mano, se puede abrazar una heladera, una silla o un auto.
Pero créanme, porque no tengo dudas al respecto, que los domingos fueron hechos para abrazar algo.