18.2.06

Nao tem fim

No debe uno suponer, como suele ocurrir partiendo de preceptos en su totalidad erróneos, que la obtención de algunos logros más o menos tradicionales y socialmente aceptados (dinero, poder, mujeres, el confort en cualquiera de sus manifestaciones) asegura o garantiza o presupone alguna dosis de felicidad para su portador.
Puede usted de hecho verme a mí, licenciado, degustando este malbec, insistiendo con estos canapés de caviar, contemplando estos cuadros y sí, la jovencita de vestido dorado y espalda desnuda es quien me acompaña. Y sin embargo estoy triste, licenciado, muy triste. Exquisitamente triste, me atrevería a decir.