11.1.06

Rousseau, Hobbes, y el taxista

El taxista me cuenta que de niño, y hasta no tan niño, fue vendedor ambulante. Vendía chocolates en los trenes.
Me cuenta que iba a vender a un tren alejado de su barrio, porque sabía que en el tren más cercano se podía cruzar con gente que lo conocía.
Teniendo once años, fue golpeado por un muchacho de veinte años, que también era vendedor. El muchacho le robó los chocolates. El muchacho lo tiró del tren.
Sin embargo, al día siguiente, el niño volvió a vender chocolates al mismo lugar. Al mismo tren.
Me explica: entre que me volvieran a pegar, y la vergüenza que me viera algún conocido, preferí que me volvieran a pegar.
Esta historia tal vez pueda explicar sobre el género humano casi todo lo que yo quería saber.
Acto seguido, el niño que vendía chocolates –ahora taxista-, sacó un arma y me asaltó. Me robó todo lo que tenía.
Antes de bajarme del auto nos dimos la mano con sana, y me atrevería a decir genuina camaradería.