3.4.09

Tenso

Mi chica me dice que estoy tenso, que nota mi espalda contracturada, que estoy más huraño que de costumbre. Dice que trabajo demasiado, que me preocupo mucho, que toda esa tensión repercute en el cuerpo.
–¿Y dónde querés que repercuta? –le digo–. ¿En los zócalos?
Pero es mi chica y me quiere y no está mal que alguien te cuide un poco. Me sugiere que debo hacer yoga. Ella hace yoga hace años y tiene, además de un excelente buen humor, una flexibilidad corporal deslumbrante, una piel preciosa, le brilla el cabello, sonríe.
–Es por el yoga –dice–. Todo es por el yoga.
Y a mí me parece un trato justo perder una hora por semana si consigo con eso recuperar en algo el volumen hídrico de mi eyaculación, dejar de sentir una pata de elefante sobre el corazón después de cenar, poder subir las escaleras del subterráneo sin sentir que alguien me atraviesa la cintura con una aguja hirviente de cincuenta centímetros de largo, cosas así.
Y vamos a la mañana siguiente a la clase de yoga, y mi chica está feliz de presentarme a su grupo, formado en su amplia mayoría por señoras de más de cincuenta años y un par de muchachos de cabeza rapada y modales suaves, culiflacos, con bracitos como alambres.
El profesor tiene la mirada penetrante y orejas puntiagudas, viste unos pantalones de gasa o tul color salmón y nada más, para que todos podamos observar cómo se mueve cada fibra de su cuerpo en cada respiración.
–Vamos a comenzar con unos ejercicios básicos de respiración, y después vamos a realizar una rutina de asanas –dice.
Nos dan unas colchonetas individuales y nos sentamos, seremos unos quince, dejando un metro de distancia entre uno y otro. El ambiente es agradable, la luz es tenue, la música suave, se huele un incienso que no es demasiado agresivo.
Después de respirar un poco de diferentes formas, reteniendo el aire, acelerando el ritmo, exhalando con fuerza, el maestro dice ‘ahora hacemos la posición de la mangosta que busca en la tierra un cachorro de reno’. Al intentar sostenerme de cara al piso, haciendo fuerza con los dedos de mi mano derecha para liberar parte de mis costillas, y levantar al mismo tiempo hacia atrás, tan alto como me sea posible, mi pierna izquierda, me tiro un pedo descomunal. Es lo que se conoce como un pedo ‘corneta’, largo, cargado, grave, y lo que es peor, oloroso. Pienso que he desayunado un café con leche con una empanada de carne fría. La empanada debía tener unos tres días en la heladera.
–¡Prrrflsssprrrabsp!
–¡No podés! –dice una señora canosa que se sienta y comienza a limpiar sus lentes con el borde de su remera. Al parecer estaba muy cerca de mí, y debo haberle pedorreado directamente el rostro. Noto que sus lentes están empañados.
–El señor se cagó mal –dice otra mujer que se aparta dando pequeños saltitos con la cola, intentando establecer una preventiva distancia entre la olorosa estela y su persona. Se la ve afectada y compungida por la situación, sabe que su maniobra no tendrá el efecto buscado, no hay dónde esconderse.
–¡Qué olor! –Dice uno de los mariquitas al tiempo que olisquea el aire con frenesí.
Me pongo de pie, hago una ligera inclinación de cabeza al swami, tomo mis zapatillas y bajo las escaleras a toda velocidad, en medias. Jamás hubiera podido hacerme vegetariano, igual no era para mí.

8 Comments:

At 10:51 a. m., Blogger La condesa sangrienta said...

¿y a su chíca sólo le preocupa que esté huraño y tenso...? asqueroso.
Cuando ventile un poco, vuelvo.

 
At 11:57 a. m., Blogger Alelí said...

De haber sido un grupo solidario y elevado, tendrían que haber dejado el recinto cerrado herméticamente y comenzado a respirar profundamente. Así hubiesen logrado dos objetivos (por llamarlos de algun modo):
a) todos se fuman el olor a empanada rancia y éste dura menos.
b) de esta forma se realzan los atributos más humanos, más básicos, que tienen mala prensa pero que forman parte de nuestra existencia.

 
At 2:01 p. m., Blogger Yoni Bigud said...

Cuando una mariquita olisquea el aire con frenesí, significa que el asunto ha sido grave.

¿Está seguro de que fueron solo tres días en la heladera?

Un saludo.

 
At 8:11 a. m., Blogger J. Hundred said...

*condesa! espere, no se vaya. si ante el primer irrisorio contratiempo, si con el primer ínfimo incordio, usted huye, bueno, yo así no puedo. que un pedo no nos tape el bosque.

*alelí! quizás vaya siendo hora de saber que los grupos solidarios y elevados, por lo general, no son mucho más que un amontonamiento de soledades egoístas e innobles.

*yoni bigud! la verdad es que he llegado a desayunar una empanada con más de una semana de vida. era joven, tenía la más profunda de las convicciones en mi sistema inmunológico. un saludo.

 
At 4:57 p. m., Anonymous La gorda Titi said...

perdón.. quería escribir un comentario pero tavía estoy tratando de encontrar la manera de parar de cagarme de risa...

Gracias, gracias... hacía rato que no me reía con tanta gana...

 
At 9:43 a. m., Blogger J. Hundred said...

*la gorda titi! es muy probable que su risa me justifique. así que graciavó.

 
At 6:06 a. m., Blogger Lara said...

Si estás tenso, y con la espalda contracturada, huraño, y bla bla bla, la chica debiera recomendarle al chico que vaya a un asadito con amigos y vino tinto, sin mujeres ni niños , obvio... eso recupera mucho el malestar... y de paso, entre hombres, cualquier corneta , largo, cargado y oloroso solo hubiera producido carcajadas y eso es lo único que importa para mejorar la tensión ... la risa

 
At 7:41 a. m., Blogger J. Hundred said...

*lara! cito a cossery: cuando el hombre puede reír de lo que le sucede, nadie más tiene poder sobre él.

 

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