17.11.07

Sí, seguro

Cuando el cuerpo comienza a mostrar que no es una maquinaria ni tan maravillosa ni tan infalible, cuando se cae una muela o el pelo, cuando se arruga un pezón, es un excelente momento para comenzar a creer en el alma.
Cuando el deseo se escurre como una luz debajo de una puerta, cuando se marchita una vulva, cuando la flaccidez de un pito resulta inocultable, es una ocasión propicia para entender la prístina pureza de la amistad, la compañía, porqué no el amor.
Cuando no se tiene un solo peso, cuando no se pueden comprar cigarrillos o un café, es buena circunstancia para maravillarse con una caminata y un atardecer.
Me sorprende descubrir el noble fluido que habita en las más íntimas convicciones.