10.11.07

Blasfemo

Los premios y castigos son una de las pocas cosas que permiten, por lo que dura un instante, ordenar el caos. La comprensión de algo, por tremendo que sea, da cierto alivio. El orden encontrado permite alinear los planetas hasta el próximo sacudón.
Cuando los dientes amarillos corresponden al que fuma setenta y dos cigarrillos diarios, todos se relajan. Si se descubre que la calvicie está en conexión directa con la ingesta de chocolate en rama durante la pubertad, mucho mejor.
Si el que triunfa en cualquier rubro del horóscopo tiene un rasgo que lo hace parecer descendiente directo de Ra, dios del sol, es entendible.
El problema es cuando sucede el cáncer o el prodigio, el infarto o la teta perfecta, el piano sobre la cabeza de una madre abnegada, o el premio de lotería para un asesino confeso.
El problema es cuando vislumbramos que tal vez Dios no sea magnánimo ni esté demasiado ocupado, no sea travieso ni misericordioso, ni justo ni arbitrario.
Sino tal vez como todos nosotros, de a ratos, indiferente.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

si sigue dando estas explicaciones metafísicas va a terminar logrando que sus acólitos, que visitamos esta página con asiduidad, formemos el grupo de los discípulos hundrianos.
Muy bueno, señor hundred.

La condesa sangrienta dijo...

x¿Será que nos creemos dioses y artífices del Orden y cuando acontece el Caos culpamos a Dios?

Emeefe dijo...

Interesante reflexión.

J. Hundred dijo...

*
*lo que yo creo, condesa, es que cuando se corre el cortinado y uno atisba la fragilidad de los piolines que sostienen, en el sentido más amplio, una vida, uno quiere decir algo que aclare, que justifique, que ordene, que sirva, y no hay, en la tremenda mayoría de los casos, nada para decir, ni a quién decírselo. y entonces, qué remedio, uno mira hacia arriba.
*si se fija bien, emeefe, es también un punto de inflexión.

La condesa sangrienta dijo...

Exactamente, Juan. Y créame que he corrido un par de veces el cortinado.

Roedor dijo...

¿Quién es Dios, así con mayúscula?

La condesa sangrienta dijo...

Ése mismo que minusculizamos a diario, roedor.

J. Hundred dijo...

*condesa. es como correr la cortinita del baño, de un tirón. uno tiene altas chances de quedarse con la cortinita en la mano. y lo que ve, bueno, lo que ve puede impresionar la sensibilidad del telespectador.
*roedor. usted hace trampa. usted, mientras compra salchichas con puré en coto, displicente, a la pasada y como quien no quiere la cosa, mientras le preguntan si quiere sumar puntos para la tarjeta bolasplus, usted se tira el piletazo, mira a la cajera y le dice ‘ah, y quién es Dios?’. porque usted que no cree, ni en Dios ni en La Cajera, igual quiere saber, piensa que tal vez, por circunstancias fortuitas, porque ha leído que esas cosas pasan, piensa, decía, que por ahí no va La Cajera y le contesta y le resuelve un problemón, y todo eso sin soltar en ningún momento las salchichas con puré, que para eso fuimos puestos sobre la faz de la tierra.
y ahí estamos, en un introito metafísico tremendo y descomunal, cuando hago yo mi aparición y le digo ‘mirá, flaco, no sé quién es Dios, pero esta es la caja rápida, me entendés?’.
y usted se da vuelta, me mira, y ve algo extraño. ve a un tipo grandote, que exuda brillantez, algo despeinado, con cara de loco y una bolsa de maníes pehuamar entre las manos, como si estuviera acunando un animal frágil y pequeño. usted paga y sale del supermercado, pensando que tal vez Dios le haya mandado un mensaje, una señal. tal vez Dios o La Cajera querían decirle algo.
*condesa, le presento a roedor. roedor, le presento a condesa. yo les dejo los maníes arriba de la mesa.