Hay un problema, mirá. Yo estoy solo hace mucho tiempo, estoy solo desde que puedo recordar te diría. No, estar solo no es el problema, estar solo es la cosa más natural del mundo.
Tiene que ver con estar solo, pero de tangencial manera. Porque cuando estás solo siempre hay alguien que te conoce, un amigo, alguien del laburo. Alguien que te presenta a alguien porque te quiere ayudar.Te presentan a alguien, a una chica en mi caso, y vos vas, salís. La llevás a cenar sin demasiadas expectativas pero salís. Para oxigenarte, para ventilarte un poco, tampoco te podés pasar cinco años seguidos comiendo pizza en calzoncillos, tomando whisky en una habitación a oscuras, uno se va convirtiendo en un monstruo del pantano.
Salís entonces. Vas a cenar, en eso estamos. Tratás de ser un humano, un mamífero mediano más o menos agradable. Vas a una parrilla de barrio o a un restorancito italiano no demasiado pretencioso. Charlás un poco, pedís un vino.
Acá empieza el asunto, si vos querés el problema.
La chica, la chica que vino a cenar con vos. Habla un poco, también. De lo que es, de lo que le sucede, de su situación vital por decirlo de algún modo. Elabora, no está de más aclararlo, una versión mejorada de sí misma.
Acá estamos. Esto es lo que quería decir, todo lo demás, lo que dije antes, no tiene la menor importancia.
La chica habla y vos te das cuenta que de todo lo que habla, lo que la define, lo que vendrían a ser ‘sus logros’, bueno. Tienen que ver con la privación. La chica está orgullosa que come sin sal, o que logró dejar de fumar, o que toma sólo una copa de vino durante la cena. La chica habla de correr a lo sumo, de adelgazar, de respirar de determinada manera que le enseñaron en un curso de yoga.
Tenemos entonces a alguien que te explica de todo lo que se está privando en la actualidad. Eso es básicamente su carta de presentación. La pulsión que la mueve.
No queda nada en ella en lo que quiera ir, por decirlo de algún modo y todavía, hacia arriba. Jugar al backgammon, pintar con crayones, comer mantecol.
Ha empezado mucho me temo la fatiga de materiales, la decadencia y caída, mientras no se te ocurre otra cosa que privarte, privarte de algo, de todo. Hasta que llegue la noche más oscura que jamás imaginaste y no tengas nada más que soltar para que tu aerostático globo hecho de la nada misma consiga mantenerse en el aire.
Te alcanzo hasta tu casa, sí, estuvo muy buena la cena, no por favor dejá. Pago yo.