10.7.26

No me culpes


La tristeza tiene a su favor la matemática contundencia, las proporciones forever en contra, la ley de los grandes números, así funciona.
Sería suficiente con saber que por cada cosa que hacés hay otra cosa que te perdés, por cada cosa que elijas hay otro algo que no elegís, y así. Pero es peor, muchísimo peor. Porque por cada cosa que hacés te perdés mil, por cada opción que tomás quedan fuera un millón.
Te fuiste a vivir con esa mujer y te perdiste a una negra, una china, una enana, una compañera de la secundaria, una prima, esa chica de Villa Gesell, la chica que te preguntó dónde quedaba la calle Anchorena y se sonrió. Te fuiste de vacaciones una quincena a Pinamar y no te fuiste a Tandil ni a esquiar ni a tomar un vaso de vino rojo con un pincho de tortilla en Madrid.
La única opción posible es la que es, sos lo que sos, hiciste lo que hiciste, vivís como podés. Encariñarse con uno mismo no alcanza para combatir ni un round con la quirúrgica precisión de la tristeza. Pero es un buen analgésico de uso externo, y humecta la piel.