30.7.26

I can feel your pain


Entiendo lo que pasa. Cómo no voy a entender lo que pasa. Uno es consciente de las limitaciones, uno es consciente, cómo no serlo, de lo que falta.
Y se sufre justamente por lo que no se tiene. La rejilla por la cual se va lo que te quedaba de alegría está hecha, justamente, del contundente agujero de lo que te falta.
La envidia anda flaca y amarilla porque muerde y no come, dijo alguien alguna vez, si es preciso decir algo. Te angustiás, es un fastidio el vasto mar de lo que no tenés, las fantásticas olas que no te salpican, todo lo que no te pasa.
Esa mujer, ese auto, esa forma de tocar el piano, esa vida, esa playa.
Por eso te fastidia tanto cómo escribo, así tan genial como la lluvia, como el amor, sin explicación, cosas que pasan.
Pero creéme lo que te digo, escribir como yo viene de la mano de ser yo. Y eso es una de las cosas más terribles que te podrían pasar. Un incordio, una contrariedad que no le desearía ni a mi peor enemigo, algo que espero que no le suceda nunca más a nadie.

20.7.26

El loco de mi barrio


En mi barrio como en todos los barrios hay un loco. El loco de mi barrio se llama Beto. Se para en una esquina Beto, y pide plata. Pero no creo que necesite plata, por lo general se lo ve bañado y más o menos vestido. Pide plata porque es lo que vio hacer a la mayoría de la gente que está en la calle. Supongo que le pareció que era lo que tenía que hacer él también.
Es espástico Beto, o tiene ataques de epilepsia no sé, no soy médico. Pero vibra un poco mientras camina, da unas bruscas sacudidas, unos saltos. Le cuesta pronunciar las palabras. Eso asusta a la gente, porque Beto pide plata, le sale una especie de grito o hace un movimiento extraño y la persona se asusta, apura el paso y se va. Pero Beto no se desanima, se recompone, toma un par de bocanadas de aire como si se estuviera ahogando y vuelve a empezar.
Se para por lo general en la esquina de AG (disculpame pero no puedo dar las calles exactas, tengo mis motivos) y LMD, o camina hasta F, se da una vueltita más grande, lo he visto en SO y A, o en A y L también. Le pide plata a los que pasan, a los autos cuando corta el semáforo, a las viejas que van a hacer las compras o a los chicos de delantal que van al colegio.
Lo siguen siempre dos o tres perros, esos perros vivísimos de la calle bigotudos, con el pelo pegoteado de mugre, todo inteligencia en la mirada. No se pierden ningún movimiento de Beto, todo ojos, como si Beto fuera Dios, si alguien se acerca a Beto con una mala intención los perros están dispuestos a arrancarle a esa persona el alma. Se sientan y lo miran a Beto bajar a la calle y volver a subir después de haber golpeado la ventanilla de un repentinamente aturdido automovilista. Beto sube a la vereda y dice algo, se ríe o lanza una puteada. Da lo mismo si son las ocho de la mañana o de la noche. Da lo mismo si llueve o si hace treinta y tres grados.
El sábado a la mañana bajé a llevar la ropa al laverap y ahí estaba. Sentado en la entrada de un edificio en la calle F. Estaba sentado en el escalón, algo inclinado hacia delante, las dos manos bajo el mentón como si se sostuviera la cabeza. Estaban dos perros también, sentados al lado de él, mirando lo que él miraba.
Miraba un alfajor. Un alfajor Jorgito de chocolate. Lo había desenvuelto y le había dado un mordisco. El alfajor mordido estaba apoyado sobre el papel, sobre la vereda, a medio metro de distancia. Beto y los perros miraban.
–Buen día, Beto –saqué un billete de algún bolsillo y extendí la mano– ¿Necesitás algo? ¿Qué pasa?
–Nada –dijo Beto, ni levantó la vista del alfajor–. La naturaleza no tiene ángulos rectos y somos espacios de conciencia y la comodidad es la peor de las adicciones, pero para mí no pasa nada.

10.7.26

No me culpes


La tristeza tiene a su favor la matemática contundencia, las proporciones forever en contra, la ley de los grandes números, así funciona.
Sería suficiente con saber que por cada cosa que hacés hay otra cosa que te perdés, por cada cosa que elijas hay otro algo que no elegís, y así. Pero es peor, muchísimo peor. Porque por cada cosa que hacés te perdés mil, por cada opción que tomás quedan fuera un millón.
Te fuiste a vivir con esa mujer y te perdiste a una negra, una china, una enana, una compañera de la secundaria, una prima, esa chica de Villa Gesell, la chica que te preguntó dónde quedaba la calle Anchorena y se sonrió. Te fuiste de vacaciones una quincena a Pinamar y no te fuiste a Tandil ni a esquiar ni a tomar un vaso de vino rojo con un pincho de tortilla en Madrid.
La única opción posible es la que es, sos lo que sos, hiciste lo que hiciste, vivís como podés. Encariñarse con uno mismo no alcanza para combatir ni un round con la quirúrgica precisión de la tristeza. Pero es un buen analgésico de uso externo, y humecta la piel.