25.6.11

Lección de supervivencia

Quizás trabajar en una oficina no sea tan malo. Un taxista debe manejar su pútrido automóvil unas doce horas por día. Un peluquero debe cortarle el pelo a unas diez personas, también por día. Tocar orejas, marcar patillas, apoyar sus dedos sobre mohosas calvas. Una prostituta se acostará con tres o siete tipos por día. Se le pasparán las ingles, tragará quizás medio vaso de esperma. La flor del capitalismo despliega sus mugrientos pétalos.
Como siempre, no es ninguna genialidad, todo es relativo. Lo malo se vuelve un poco menos malo, ante lo peor. Elegir entre lo bueno y lo malo queda para las series de televisión.
La tarea en cualquier oficina es bastante pelotuda, la tarea podría ser hecha por un chimpancé más o menos domesticado. El horario son unas siete horas, de ninguna manera más de ocho, y un rato de tu casa tenés que salir para no volverte loco. También, por lo general, en las oficinas hay máquinas de café.
Lo malo es que te hablan. Todo el mundo te habla, tus compañeros de trabajo, tus superiores, tus subordinados, si la oficina es de atención al público te hablan los que quieren ser atendidos, la gente que se equivoca de oficina, la gente que pasa.
Encontré el antídoto. Para lograr que la gente no te hable. Es fácil de hacer, no falla.
Hay que quejarse. Pero no de cualquier cosa. Hay que pedir plata. Eso es todo.

Ejemplo 1
–Oiga, Hundred, precisamos la carpeta de Garismendi para determinar si la proyección de ingresos por venta de cotonetes fue hecha tomando en cuenta la rotación de márgenes de acuerdo con el nomenclador de Minnesota.
–Señor Aristizábal, necesito un aumento.
Aristizábal acelera el paso, tose, sigue caminando, empuja la puerta giratoria.

Ejemplo 2
–Che, ¿no viste mi birome roja? –dice Soledad, acomodándose el cabello. Es una chica con sentido del humor, sabe inglés y computación, se suele pintar los labios de un rosa pálido.
–Ando corto de guita, el domingo fui al supermercado y está aumentando todo. Necesito ganar más plata.
Soledad, con el extraviado capuchón de su birome entre los dientes, sonríe y al pasar me roza un hombro con una de sus contundentes ancas.

Ejemplo 3
–Queríamos avisarles que casa central ha decidido mudar el sector al edificio Tolompetti, donde tendremos una mayor sinergia con el resto de la compañía.
–Señora Galápaga, aprovecho la oportunidad para preguntar cuándo me podrían conceder un aumento por mis esforzadas labores. Deseo mencionar, además, que yo tengo puesta la camiseta de la empresa.
La directora de recursos humanos, la señora Galápaga, da una palmada, un corto aplauso, indicando que ha terminado la reunión. Lentamente, cada uno vuelve a su puesto de trabajo.

Entonces, para resumir. No importa quién le hable, no importa quién intente hablarle, y mucho menos importa el tema, sobre qué intenten hablarle. Pida dinero, de inmediato, sin ningún tipo de introducción, pida plata, ya sea el dueño de la compañía o un canguro australiano quien tenga enfrente. Repito: pida plata.
Podrá permanecer en la oficina por los próximos veinte años, si así lo desea. En poco tiempo se olvidarán de usted, nadie le dirigirá la palabra.

8 Comments:

At 2:15 p. m., Blogger Dany said...

Coincido. Es el mejor método para quedarse solo si ese fuese un deseo. Y se puede aplicar en cualquier situación como por ejemplo el tercer tiempo de un escuálido partido de futbol cinco o el bautismo del hijo de algún conocido.

 
At 1:35 a. m., Blogger Yoni Bigud said...

Debo señalar que su pequeño truco, estimado, no se aplica conmigo. De ninguna manera. Buena parte de mi trabajo consiste -aunque mis compañeros de MIB insistan en declarar que no conocen la naturaleza de mi actividad- en que me pidan plata prestada. Suelo acudir al llamado con una regia sonrisa pintada en el rostro e inicio simpatiquísimas relaciones que desembocan en cerrados apretones de manos o un par de pulgares rotos.

Bueno... a lo mejor no es tan así como se lo pinto. Pero más o menos.

Un saludo.

 
At 7:11 a. m., Blogger J. Hundred said...

*dany! aprovecho que nos encontramos por acá, de casualidad, para comentarle que justo lo andaba buscando. le quería pedir algo de dinero, es que tengo un proyecto. el proyecto, básicamente, consiste en pedirle dinero.

*yoni bigud! la monada se suele confundir, es de pensar que el ejercicio de la literatura requiere de extraordinarios seres, virtuosos, grandes hombres que albergan en sus ateridos corazones los más altruistas anhelos. se puede ser una basura humana también, un asco de persona. no es excluyente, eso quise decir. un saludo.

 
At 4:16 p. m., Blogger Viejex said...

Lo que no entiendo es por qué nadie me habla a mi en mi oficina. Yo no le pedí plata a nadie...al menos no todavía.

No se moleste en pedirme, no estoy hablando con usted, ¿no ve que sólo estoy pensando en voz alta?

 
At 5:31 p. m., Anonymous Mar said...

Mi estimadísimo Hundred. Yo no sé que pasa con sus consejos y conmigo pero no me funcionan. Algo debo estar haciendo mal. Las dos últimas veces que hice lo que usted nos sugiere, con luminaria sabiduría, me fue para el car...
Mi intención era que no me hablaran más, es más, que me echaran de ser posible. Sin embargo, las dos últimas veces que seguí su consejo no solo no me echaron sino que me dieron el aumento y me ascendieron.
A ver si aconsejamos para otro lado porque si sigue así lo voy a tener que echar.

 
At 11:40 p. m., Blogger Mr. Verbal Kint said...

Tomaré su recomendación al pie de la letra. Agregaré, además, el pedido de algún tipo de favor sexual, digo, "si la hacemo', la vamo' a hacer bien".
Saludos

 
At 5:32 a. m., Blogger Jorge said...

Perdón y cuanto me va a costar su consejillo?
Atte/
PD: Y no me salga con que le puedo cobrar....

 
At 8:35 a. m., Blogger J. Hundred said...

*viejex! que nos vaya bien a todos.

*mar! cuando aquel prócer de la democracia, ese icono con características de superhéroe del tercer cordón de la provincia de casi ni buenos, ni mucho menos aires, dijo aquello de ‘estamos condenados al éxito’, se refería a usted. ahora está todo más claro.

*mr. verbal kint! me pasa muy a menudo, le cuento una infidencia, que en alguna cotidianeidad, alguien, alguien que no me conoce, me dirija la palabra. y yo tengo ganas de explicarle, justamente, al sujeto/a en cuestión, que si no está en su potestad la facultad de ofrecerme dinero, y tampoco alberga la intención, el anhelo de alguna componenda de índole sexual con mi persona. bueno, no sé para qué carajo me habla. 1saludo.

*jorge! en el particular e intransferible via crucis que cada uno transita, en el personal, me suelo cruzar con alguna que otra frase que deja en mí una marca. hay que dar hasta que duela, dijo la madre teresa de calcuta. esa es la frase, eso hago.

 

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