25.12.10

Mañanita

Estoy tomando café con leche. Con tostadas. Con queso, y con mermelada. Ella, sentada frente a mí, hojea un diario. Es un bar, del otro lado del vidrio empujan los autos.
–Secuestraron un avión de British Airways –dice, lee, mezcla, de indolente y por qué no anárquica manera, lo que dice, con lo que lee, las dos cosas–. Eran terroristas paquistaníes. Querían que les devolvieran Cachemira, pero querían guita, también, seguro. Amenazaron con cuchillos a las azafatas. Uno se abrió la camisa y tenía un explosivo plástico, no entiendo cómo pudo pasar los controles del aeropuerto.
Niego con la cabeza, como diciendo que si ella no entiende, lo mejor, lo que corresponde, es que yo tampoco entienda. Muerdo una tostada. La tostada se parte y por un momento parece a punto de caer, pero logro emprolijar la situación, evitar la caída, masticando todo lo que tengo en la mano de un saque. Me chupo una falange manchada de mermelada. El terrorismo se ha vuelto una orgía de todos contra todos. Me hace acordar a una vieja película de W. Allen, donde dos bandas intentaban asaltar un banco al mismo tiempo. Terminaban haciendo que voten, los asaltados, para decidir por quiénes querían ser asaltados. Punto para Allen.
–Hubo un terremoto, en Tailandia, en Nam Sen Pang –dice–. Hay un centro turístico ahí, donde los alemanes van a coger con chicos. En realidad fue un maremoto. Se devoró los tres hoteles del complejo como si estuvieran hechos de hojaldre. Murieron hasta ahora trescientas setenta y cinco personas, entre turistas y nativos. Se generó una ola de cuarenta y siete metros que se tragó todo. Eso es Dios, sabés. Eso es Dios que se enoja y dice ‘déjense de joder con los chicos’. Es Dios que avisa que puede terminar con el mundo si se le da la gana.
–Premios y castigos. El viejo tema de premios y castigos –digo, doy otro sorbo al café con leche. Por la calle pasa un Schnauzer miniatura, sin correa. Pasa y mira por un segundo para adentro del bar. Mira, pero no ladra. Buen perro.
–Hoy cortan la Nueve de Julio –da vuelta una página, levanta el diario, como si quisiera concentrarse en una foto–. Cortan el Congreso, también. Hay una marcha contra la inseguridad, y una marcha por los derechos del niño, y un reclamo por los derechos originales del aborigen patagónico, y una marcha por los que perdieron sus departamentos por culpa de las escribanías, y una marcha contra el dengue, también. La ciudad va a ser un caos.
–Creo que la gente marcharía aunque les dieran exactamente lo que piden –digo–. Hemos descubierto, finalmente, nuestro destino como nación. Somos y seremos, por los siglos de los siglos, un país en marcha. Dicen que caminar hace bien al corazón, también.
Hace un desaprobatorio chistido. No le ha gustado mi comentario. Ella lleva, creo, unos buenos diez años en la facultad de ciencias sociales. Le gusta decir palabras como ‘coyuntura’, o ‘compromiso’. También le gustan las palabras ‘patología’ y ‘emblemático’. El idioma tiene muchísimas palabras, uno puede utilizar las que más le gusten.
–No te interesa mucho lo que te estoy diciendo –ha cerrado el diario, apoya ambas palmas sobre la mesa. Está un poco inclinada hacia delante–. ¿No te preocupa lo que pasa en el mundo?
–Mirá –digo. Lo último del café con leche es la parte más rica, porque el azúcar se deposita en el fondo. Prácticamente meto la nariz en la taza, como si fuera un oso hormiguero–. Será que estar acá, desayunando con vos, cubre en exceso mi cuota de tragedias. No creo que haya ninguna noticia capaz de empeorar este momento.

4 Comments:

At 6:46 p. m., Blogger Mr. Verbal Kint said...

"Y el lunes al café de desayuno vuelve la guerra fría" decía la canción de Sabina.
Ah, qué escena la que usted pinta. Tantas historias se me ocurren, tan pocas me he animado a escribir. Será por eso que me gustó la suya.
Hay cosas peores; algunos desayunan en casa, donde no hay perros que a uno lo miren pero no ladren (ni mucho menos que ladren pero no lo miren) y donde la tele irradia un magnetismo que imposibilita acercarse al diario. Y las palabras que abundan son "grasa" y "re" y los colores nunca son "negro, marrón, rojo" sino "pastel, chocolate, colorado, etc." Y los comentarios son de Gran Hermano, o de Bailando por un sueño...
Saludos

 
At 12:07 a. m., Blogger Caia said...

aps, Mr Verbal. No, Juan hoy no le doy a usted.. aunque... stop, continuemos, Mr. , si en sus desayunos, lo que abundan, son esas.. cosas? conversaciones? y no le copan (no lo culpo), qué hace, estimado, compartiéndolos???
Besos a ambos, y JH, para mi tostada, una sola, untada la mitad con queso finlandia light (y sí, qué esperaba) la otra con mermelada de damascos (no light, of course), y plis, hablar lo menos posible.

 
At 12:50 a. m., Blogger Yoni Bigud said...

Y eso que en el desayuno uno tiene más fuerza. Lidia con su propia tragedia de un modo mucho más digno, aun con el hocico metido en el fondo de una taza azucarada.

Yo entiendo que la cena es un instante infinitamente más dramático. Uno no puede sentarse con cualquiera (el desayuno es, en ese sentido, mucho más generoso), y tampoco puede abrir un solo diario.

Un saludo.

 
At 8:06 a. m., Blogger J. Hundred said...

*mr. verbal kint! cuando alguien dice ‘hay cosas peores’, o variaciones por el estilo, no puedo evitar recordar aquel bellísimo poema del viejo buk, que decía, más o menos, así:
existen cosas peores que estar solo.
pero a menudo lleva décadas
darse cuenta.
y la mayoría de las veces,
cuando lo hacés,
es demasiado tarde.
y no hay nada más terrible que
demasiado tarde.
1saludo.

*caia! que nos vaya bien a todos.

*yoni bigud! sigo y comparto su línea de razonamiento. me atrevería a decir que una de las mejores cosas que tiene el desayuno, es saber que la cena será peor. un saludo para usted.

 

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