15.8.10

Yusef, el genio

Debo haber frotado la lámpara de casualidad. Me pareció que estaba hecha una mugre y pasé una mano por el oxidado metal. Dejé la lámpara sobre el exhibidor y estaba por seguir caminando cuando escuché una suerte de módica explosión, como el pedorreo de un viejo calefón cuando uno abre la ducha. Vi el humito, lo cual me sorprendió aún más.
De pronto, parado frente a mí, con turbante en la cabeza, chaleco de raso color amarillo sobre el lampiño torso, pantalones tipo bombacha y encima blancos, unos simpáticos zapatitos que terminaban en punta y se curvaban hacia arriba.
–¡Epa! –Dije. Me sorprendió que el tipo se me hubiera parado tan cerca. Me miraba fijo, sin parpadear, con los brazos cruzados, muy apretados contra su escuálido torso. Parecía que el turbante le quedaba un poco grande.
–Soy el genio de la lámpara –carraspeó un poco–. Mi nombre es Yusef, o sea que soy el genio Yusef. Estuve encerrado quinientos años en esa lámpara, hasta que usted me liberó, mi amo. Pídame tres deseos y se los concederé.
Lo observé, no era muy alto. Debía pesar menos de cincuenta kilos, tenía un ínfimo y suave bozo sobre el labio superior. Miré por encima de su turbante, estábamos solos en un recóndito pasillo de aquella casa de antigüedades.
–En general no me dejo tirar la goma por pibes. Si trabajás acá ni sueñes con que compre algo, vine por que a mi chica le encanta mirar estas boludeces. Me volvés a hablar y te pongo de una, te meto la lámpara en el culo, y no te levantás por otros quinientos años. Tomatelás, pichón.

7 Comments:

At 9:12 p. m., Blogger sergio said...

Es que usted sabe que el único flaco y alto que cumple sueños es Tinelli, y para eso hay que saber bailar. También podría ser el petiso forro de Julian Weich, pero últimamente esta muy ortiva con los premios. La otra vez vi que lo que ganabas era que te pague la cuenta del gas.

 
At 12:19 a. m., Blogger Mr. Verbal Kint said...

Puede que usted se haya perdido una experiencia inquietantemente reveladora. Digo, por la fama de los travestis y genios en esas complacientes artes que usted se niega a recibir (por lo general, claro)

Saludos

 
At 11:54 a. m., Blogger Samain said...

Y que se joda Yusef, como están las cosas, ya no se puede confiar en nadie!

 
At 5:36 p. m., Anonymous Mar said...

Se da cuenta? Ahora por su culpa el pobre Yusef tendrá que volver a la lampara váyase a saber por cuántos años más. No puede ir ofreciendo sus favores a cualquiera, sólo al que frote la lámpara y por tu incredulidad has condenado al pobrecillo otra vez al encierro. ¿Por qué no probás vos a doblarte bien chiquito y meterte 500 años adentro de la pava del mate? No hay caso, ché,. en este mundo ya no se cree en nada. Le aviso, por si acaso, que si encuentra una lauchita debajo de la almohada no es una plaga ciudadana, no sea cosa que nos mates a escobillonazos al pobre ratón Perez

 
At 8:08 a. m., Blogger J. Hundred said...

*sergio! la verdad que tentar a la suerte para conseguir que te paguen la boleta de gas, es fiel reflejo del existencial berretismo en el que nos hemos caído.

*mr. verbal kint! a veces lo inquietante no es revelador, a veces lo revelador no es inquietante. un saludo.

*samain! le suelo decir, a las chicas que tienen la desgracia de conocerme: mirá, mamucha, si me querés conceder tres deseos vas a tener que sacar número. hay una pila de gente antes que vos, gente mucho más preparada.

*mar! muchas veces pienso que ya no tengo nada para decir, que se ha secado mi sagrado manantial, mi fantástica fuente. esa situación me genera cierto resquemor, algo de angustia. luego, leo un comentario como el suyo y me doy cuenta que no hay nada que temer.

 
At 1:24 p. m., Blogger Jazmin said...

Todos deberían saber tan cabalmente como ud., lo peligroso que es que a uno le concedan, así como así, lo que desea.




La moraleja que me sugiere su historia es que no por mucho frotar vamos a obtener algo más que humo.

Viene bien como advertencia, antes de andar frotando indiscriminadamente.

 
At 7:02 a. m., Blogger J. Hundred said...

*jazmin! existen determinadas lides donde, detrás de sesudas moralejas, se oculta una pavorosa falta de entusiasmo.

 

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