18.11.16

Docosa


No es para nada complicado de entender, pero bueno. La gente por lo general está en otra cosa, aunque tampoco es otra cosa. Pero la gente, por decirlo de algún modo más o menos sutil, no piensa.
La vida, básicamente, si tuviéramos que graficarlo sobre dos ejes, los famosísimos ejes cartesianos, esos que te enseñaban aunque quizás no aprendías, en las clases de matemáticas de la escuela primaria. ¿En qué estábamos? Ah, sí, me distraje. La vida, básicamente, está hecha de tiempo y de dinero. Ya sé, ya sé, ni te molestes en explicarme a qué te dedicás, o qué cosas son las que te interesan. Pero en el fondo, al final, lo que tenés es tiempo y guita, ahí reside potencialidad más pura. Si te falta alguna de las dos cosas, o las dos, bueno, estás complicado.
Ahora bien, acá es donde las cosas se ponen interesantes, yo no diría divertidas. Por lo general, cuando más o menos lográs entender de qué va la cosa, tenés más tiempo que dinero. Eso es lo que te mueve, lo que sos. Lo que te define mientras vos creés que estás haciendo cualquier cosa que creas que estás haciendo.
Si te va mal, si no conseguís hacer dinero, bueno, es triste decirlo desde ya, pero tu vida carece de sentido. No mucho más allá de los treinta años serás arrasado por el twister de la vida. Sí, te gustaba mucho el surf, o adorás a tu pequeño hijo. No importa, la verdad, te vas a dar cuenta una mañana cualquiera al salir de la cama que tu vida se fue al galope al mismísimo carajo. Nada tiene mayor sentido.
Ahora, falta la otra parte. Quizás hiciste algo de dinero, podés cambiar el auto o viajar a Europa de vez en cuando, no sé. Lograste algo de confort para hacer pie en medio de algo que se escurre como melaza entre los dedos y te va dejando pegoteado y aturdido. Pero. La cosa es que en determinado momento, aunque no lo quieras ver, tenés más guita que vida. Y no hacés el click, no querés advertir el cambio de situación. Te volvés miserable, abyecto, vil. Allí subyacen el 97% de las angustias, la tristeza, la ansiedad. Seguís funcionando como si te faltara guita, es lo único que aprendiste, lo que sabés hacer. Cuando lo que te falta es vida. No encontraste el interruptor.
Ya fue dicho hasta el cansancio, es evidente hasta la extenuación, cuando tenés tiempo te la pasás corriendo para tener guita, y cuando tenés guita no podés entender que ya no tenés tiempo. No, si no tenés tiempo nunca es porque no naciste. Si no tenés guita nunca ya lo dije, la vas a pasar para el culo también.
En cualquier caso debieras poder elegir de qué gusto querés las empanadas para la noche. Algo es algo.

10 Comments:

At 9:28 a. m., Anonymous Alberto Arenas said...

Es curioso como a medida que pasan los años , y se llevan consigo nuestra existencia, uno va reemplazando prioridades. Los amigos, la familia, el trabajo, los hijos, el dinero y finalmente el tiempo. Hoy puedo decir sin temor a equivocarme que he pasado por todos y cada uno de ellos, y en rigor de verdad lo único que deduje despues de todo es - a partir de la "dosificación" de mi tiempo- que lo mas aconsejable desde mi punto de vista sería una mezcla de todas estas prioridades, variando según cada individuo un poco mas de atención para alguna en particular. Ahora, el hecho de que toda esta teoría de un resultado positivo, se encontraría mas cerca de la coincidencia que de la realidad.
Después de todo Hundred, tiene Ud. razón, algo hay que hacer, pues si no, como sentenció Daudí: La vida, cuanto mas vacía, mas pesa.
Lo saludo con expectativa.

 
At 6:19 p. m., Anonymous Anónimo said...

También están aquellos que han nacido ricos y aquellos que ni de casualidad llegaran a tener un mango en sus vidas. En los extremos sucede algo diferente.
La mayoría representa alguno de los matices entre estos dos.
Entonces si naciste rico, si no entendés el contraste quiero decir, te convertís en un reboludo, alguien de otro planeta, y no por ser genial (salvo rarísimas excepciones) sino por, ya fue dicho, repelotudo.
Está también el otro extremo. Aquel que nació pobre y morirá pobre. En este caso no hay noción alguna. (Quiero despojar de cualquier connotación moral lo que voy a decir, es solamente una descripción de lo que me parece y en ese sentido es absolutamente probable que sea una reverenda idiotez, pero sigo) Ni tiempo, ni guita. Quizá esta la noción del choripan, del fútbol, de las minas, pero son tangentes que no se cruzan con las variables que propusiste: tiempo y dinero. Entonces, están ahí, viviendo y punto.
Los miserables, los que estamos en el medio, los que quedamos boyando queriendo ser otra cosa, somos los que tuvimos la suerte? de vislumbrar una posibilidad de mejorar, de "superarnos", de ser un mejor partido, para ir a Europa, para cambiar el auto cada dos años... la trampa, inherente, está en que el costo siempre es el desfasaje: nunca nos va a quedar suficiente de lo otro.

 
At 6:22 p. m., Anonymous Anónimo said...

También están aquellos que han nacido ricos y aquellos que ni de casualidad llegaran a tener un mango en sus vidas. En los extremos sucede algo diferente.
La mayoría representa alguno de los matices entre estos dos.
Entonces si naciste rico, si no entendés el contraste quiero decir, te convertís en un reboludo, alguien de otro planeta, y no por ser genial (salvo rarísimas excepciones) sino por, ya fue dicho, repelotudo.
Está también el otro extremo. Aquel que nació pobre y morirá pobre. En este caso no hay noción alguna. (Quiero despojar de cualquier connotación moral lo que voy a decir, es solamente una descripción de lo que me parece y en ese sentido es absolutamente probable que sea una reverenda idiotez, pero sigo) Ni tiempo, ni guita. Quizá esta la noción del choripan, del fútbol, de las minas, pero son tangentes que no se cruzan con las variables que propusiste: tiempo y dinero. Entonces, están ahí, viviendo y punto.
Los miserables, los que estamos en el medio, los que quedamos boyando queriendo ser otra cosa, somos los que tuvimos la suerte? de vislumbrar una posibilidad de mejorar, de "superarnos", de ser un mejor partido, para ir a Europa, para cambiar el auto cada dos años... la trampa, inherente, está en que el costo siempre es el desfasaje: nunca nos va a quedar suficiente de lo otro.

 
At 10:22 p. m., Blogger Dany said...

Alguna década ( o más ) de mi vida pasó sin pena ni gloria, sin pensar. Ahora estoy mucho más equilibrado.......4 de carne, dos de pollo. Abrazo.


 
At 8:30 a. m., Blogger J. Hundred said...

*alberto arenas! si yo hubiera leído la frase de daudí que usted menciona, no digo entendido, simplemente leído, no sé, hace diez años. me hubiera sido tan útil. quiero decir, sin entrar en mayores detalles, que cuando nos damos cuenta que correr para tener algo en particular deja de tener sentido, nos ponemos a correr para estar tranquilos, pensamos que la tranquilidad es un objeto como cualquier otro. lo saludo.

*anónimo! su comentario es notable en más de un aspecto, digamos en su totalidad. porque sí, en los extremos siempre sucede algo diferente. lo de nacer rico y no conocer la diferencia conduce por lo general a la idiotez, al tedio. digamos, porque me gusta expresarlo de ese modo, que si el mundo fuera azul, si todo fuera azul, no conoceríamos el color azul, sencillamente no habría no azul y listo. respecto al otro extremo usted no para d mejorar, usted va y dice ‘están ahí, viviendo y punto’. no lo quiero aburrir, pero en una época yo estaba con un sinsentido existencial, una depresión totalizadora y absoluta. me obligaba a salir de la cama los domingos, iba a buscar el auto para ir hasta un parque y dar una vuelta caminando, o me sentaba en un banco a mirar un árbol. no podía con mi alma, esa es la verdad, sólo lo puede entender quien haya vivido una situación similar. el asunto es que iba hasta el garage y pasaba siempre por la puerta de un edificio donde un sujeto de lo más básico, en ojotas, cabello teñido, bigote absurdo, desplegaba toda suerte de trapos y líquidos y cremas y herramientas, y se ponía a lavar el auto. le colgaba un cigarrillo de los labios, y se lo veía sin el menor atisbo de duda, tanto sobre su existencia como sobre el universo todo. y yo pasaba cada domingo y no podía evitar pensar ‘yo tuve la crisis de los cuarenta a los once años, y a este tipo nada lo preocupa demasiado’. vale agregar que había un lavadero de autos a una cuadra, pero el tipo había resuelto a su manera. punto para él.
‘los miserables, los que quedamos en el medio, los que quedamos boyando queriendo ser otra cosa’, dice usted. y yo siento que no hace falta decir más nada. lo saludo.

*anónimo! ya le dije que su comentario es genial. no tengo problemas, se lo repito.

*dany! en una época viví en un departamento de 28 metros sobre la calle french. Cuando volvía de nadar a la noche, pasaba por ‘la cocina’, pueyrredón y arenales, y me compraba una docena de empanadas, seis de carne picante, seise de humita. me comía tres y tres, y guardaba seis para el día siguiente, no tenía televisión ni teléfono, y me parecía que la vida era maravillosa. nunca entendí las empanadas de pollo, usted me va a saber disculpar. lo abrazo.

 
At 9:53 a. m., Blogger Jorge Aureliano said...

*Anónimo ¡Lo aplaudo!
"Estan ahí, viviendo y punto" cuantos malos ratos nos ahorraríamos si entendiéramos que hay que vivir y punto.
Yo me considero -tristemente y para mi desgracia- de esos que estamos en el medio.
12 de carne picante, no existen otras.

 
At 9:47 p. m., Blogger Dany said...

También estoy en el medio, boyando. Tal vez si mi vieja tuviera ganas le podría ofrecer las de pollo de su propia cosecha que son las que importan. Les encontraria el sentido. Pasa buena gente por aquí, placer leer.

 
At 8:12 a. m., Blogger J. Hundred said...

*jorge aureliano! si son todas picantes, no hay peligro que a uno se le salgan los flecos? es un tema muy técnico, digo. 1saludo.

*dany! yo comencé este blog para conseguir dinero, mujeres, fama y fortuna. pero estimo que dos empanadas de su madre serían un trato de lo más justo. puede usted mostrarle alguno de mis escritos a su madre y decirle ‘mirá má este pobre pibe, se nota que está muerto de hambre’. lo abrazo.

 
At 11:00 a. m., Blogger Jorge Aureliano said...

La cosa cambia cuando decís "de su propia cosecha". Me remonto a días púberes donde comía las de mi abuela. Sin dudar prefiero las de pollo casero (deberian de ser gallo específicamente)... Picantes también.
Y una que otra, ¡frita!

 
At 11:03 a. m., Blogger Jorge Aureliano said...

*Hundred, es cierto que los flecos corren peligro ante tanta ingesta de picante... Pero si no me los sacan las empanadas, me los adentra el jefe cuando me vea comentando tu blog mientras la demanda sigue inmaculada en la pila de cosas por hacer.

 

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