12.6.14

Semáforos


Me paré en una esquina, para cruzar. Es lo que se estila. No, prefiero no decirte la esquina, qué importa la esquina. Si te digo la esquina te pueden agarrar ganas de pasar, por esa esquina, a ver si me ves. Y yo no te conozco, claro, pero sé que preferiría no verte. Tengo pocas convicciones, las he ido perdiendo con el tiempo. Pero de eso estoy seguro.
–Señor –me hablan, a mí. Un muchacho de más o menos veinte años, flaco, algo desgarbado, inclinado un poco hacia delante, como si estuviera embolsando el viento. Va de jeans, destrozadas zapatillas de lona, y un buzo con capucha color turquesa. Lleva la capucha puesta, las manos en los bolsillos del buzo, se adivinan los puños apretados.
Lo miro. No respondo, pero lo miro. Podríamos decir que mirarlo es mi respuesta.
–Le quiero comentar algo –dice, tiene buena dicción, se expresa con claridad, mira el piso, como si estuviera nervioso, preocupado.
–Sí –le digo.
–Quería avisarle que está por impactar un asteroide contra la tierra –dice, me mira por un instante, vuelve a bajar la mirada–. Están preparando un arca. Bueno, no un arca, una nave. Para los que se van a salvar, porque el resto del planeta desaparecerá, morirán todos, no hay escapatoria. Van a llevar animales, también, de determinadas especies, para que se reproduzcan y pueda continuar la vida en otro planeta. Plantas, desde ya, claro, árboles. Y algunos humanos, pero muy pocos. Le puedo decir dónde hay que presentar el formulario, la aplicación, para estar entre los elegidos.
–No, gracias –respondo. Está por cambiar el semáforo, debería cambiar el semáforo, pero no cambia.
–Le cuento otra cosita –dice debajo de la capucha, vuelve a meter las manos en los bolsillos. Pareciera, ahora, estar buscando algo. Un caramelo, una llave, un cigarrillo–. Están por probar un arma química. Sí, los yanquis, claro, quiénes van a ser. Tienen un virus nuevo, una cepa, no, qué ántrax, setenta y tres mil veces más potente. Es un polvillo, no tienen más que rociar de noche las góndolas de los supermercados, y después la epidemia se multiplicaría en menos de cuatro días. Es el virus de la depresión. La depresión más absoluta que se pueda imaginar. Deja a la gente tan deprimida, tan triste, que no les quedan fuerzas ni para rascarse el culo. Todo el mundo se quedaría en sus casas, twitteando estupideces. Las calles serán para pocos.  Yo conozco el antídoto al virus, sé cómo hacerlo. Hace falta dulce de membrillo Esnaola, y un blíster de aspirinas. Le puedo ensañar a prepararlo.
–No, flaco, te agradezco. –Nada, el semáforo no cambia, pero tampoco pasan los autos.  
–El semáforo no anda –señala, el semáforo, con el mentón. Percibo que tiene un ligero tic, como un tembleque que le sacude un poco el cuerpo– ¿No me ayuda con algo? Me gustaría desayunar, estoy muerto de hambre.
–Sí, cómo no –le doy veinte pesos, le palmeo un hombro.
Hay gente que para conmoverse necesita lo épico, lo grandilocuente. Si me preguntan a mí, prefiero lo simple.

7 Comments:

At 9:44 a. m., Blogger Chancho Piluqui said...

Hace poco descubrí este blog y me ha gustado sobremanera. Todo lo que he leído hasta ahora es infinitamente publicable, es de libro, de buen libro, así como está, un escrito detrás del otro. Si se editara yo lo compraría y lo pondría en la biblioteca entre Castillo y Onetti.

Eso nomás.
Salud!

 
At 12:01 p. m., Blogger Serendipity said...

La epica esta sobrevalorada lo simple hoy por hoy es tan sutil que conmueve, gracias por regalarnos esta sutileza!!

 
At 4:11 p. m., Blogger Viejex said...

Me quedé pensando en una frase que dice usted al principio, como al pasar: Tengo pocas convicciones, las he ido perdiendo con el tiempo

El artículo es una perla de su talento, una de esas por las que me gusta tanto venir a leerlo, Hundred. Pero quiero detenerme en esa frase. Ha expresado en esas pocas palabras algo que me pasa también, algo que evidentemente noté, pero no de manera muy consciente. Nunca hasta este momento me había detenido a pensarlo así.

Lo saludo con renovada admiración y respeto.

 
At 4:30 p. m., Blogger Eli Portela said...

Che, que buen blog!!!
Me gusta que escribas medio largo (para la velocidad del hoy) porque me olbiga a concentrarme y poder disfrutar un poco más de la lectura.
Abrazo!

 
At 10:06 a. m., Blogger J. Hundred said...

*chanco piluqui! si yo fuera capaz de escribir, si yo fuera capaz de escribir un libro, si yo fuera capaz de escribir un libro y usted lo comprara, si yo fuera capaz de escribir un libro y usted lo comprara y lo pusiera, usted, al libro, en el mismo estante que algún libro de castillo, que algún libro de onetti, bueno, hay una cosa de la que podríamos estar seguros. podríamos estar seguros que su biblioteca tiene un solo estante.
lo que he tratado de decirle, con mis quizás algo particulares y absurdas maneras, es que su generosidad es excesiva. lo abrazo como si nos conociéramos, como si fuéramos amigos.

*serendipity! estimada, pensé que se me había ofendido cuando le describí algunas particularidades relacionadas con la estilística de, ejem, mi escritura. es bueno saber de usted, cuando las sutilezas ya no le importan prácticamente a nadie.

*viejex! leo la frase que escribí y que usted menciona. podríamos decir que de eso se trata estar vivo. también podríamos decir, así como riquelme aparece un minuto y tira un tiro libre, bueno, que tengo mis momentos. lo abrazo con sana camaradería.

*eli portela! su entusiasmo es una caricia para el alma. quiero decir, es bienvenido. la abrazo sin pudor.

 
At 10:58 p. m., Blogger Mr. Kint said...

Muy bueno, Juan. Con tanta gente inclinándose en la proyección de intereses extravagantes usted aparece para ejercer contrapeso.
Ah y está muy bien eso de ir expulsando la mayoría de las convicciones a medida que pasa el tiempo. Hace muy bien en no decir la esquina.
Un abrazo

 
At 8:00 a. m., Blogger J. Hundred said...

*mr. kint! usted lo ha dicho la mar de bien. vengo a ser yo una suerte de universal contrapeso. el problema, mucho me temo, es que para poder cumplir esa hercúlea tarea, bueno, las bolas me deben pesar un par de toneladas each. acepto mi condena, lo abrazo.

 

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