24.6.14

Distinto de las telenovelas


Miriam no estaba mal. Quiero decir, en líneas generales, en los grandes rubros del horóscopo. En la vida.
Había cumplido treinta y ocho años y entonces lo que asomaba en el horizonte eran los cuarenta y eso era bravo, desde ya. A veces se arrepentía de haber estudiado sociología y no psicología, a veces le parecía que podía haber tenido dos hijos en lugar de uno, le molestaba no haber seguido con los cursos de teatro, de fotografía, esas cosas. Pero trabajaba en el departamento de recursos humanos de una empresa petrolera y no le iba mal, estaba casada con Gustavo desde hacía nueve años y se querían, sus padres envejecían con achaques, pero vivían. Tenía su auto, el invierno pasado habían ido a esquiar y Brunito se había divertido como nunca. Venían hablando con Gustavo de irse a vivir a una casa para que Bruno tuviera más espacio, y un perro. Quizás por Acassuso, aunque estaba el tema de la inseguridad. Pero bueno, había proyectos en el horizonte y eso siempre era bueno, ya verían.
Entonces fue a tomar un café como todos los miércoles, con su amiga Karina. Se conocían de toda la vida, con Karina, habían ido de vacaciones juntas durante la adolescencia. Brava, Karina, fumaba porro, se cogía todo lo que se movía, y estaba buena. Bajita, tetona, abogada, había tenido mil novios pero no había podido armar familia.
–Te quiero contar algo –dijo Karina. Merendaban juntas, los miércoles, en un bar de Las Cañitas.
Miriam se preparó para otra de las clásicas aventuras de Karina, algún jugador de fútbol que se la había levantado por la calle, o un abogado conocido que salía por televisión, pero no.
–Me quiso coger Gustavo –Dijo Karina, y prendió un cigarrillo.
–Qué Gustavo –dijo Miriam, y recién se dio cuenta a los treinta segundos, cuando Karina pitaba sin mirarla, sin responder.
–¿Gustavo? –Miriam le sacudió un hombro a Karina, que parecía distraída. 
Al parecer, Karina había pasado a saludar a Miriam el jueves anterior, a eso de las siete de la tarde. Pero Miriam no estaba, porque había cambiado de gimnasio, y había ido a otra clase, la clase que solía hacer los martes. El que estaba, porque había llegado temprano a su casa, era Gustavo.
Le había propuesto echarse un polvo, así de una, Gustavo. Le dijo, Gustavo, a Karina, que le tenía ganas desde siempre. Que tenían una hora para ellos, para coger, en el comedor, porque Miriam era maniática con los olores, si cogían en la cama Miriam se iba a dar cuenta. Le dijo, Gustavo, que podían bajar a la baulera, mejor todavía. Para coger, claro, en la baulera. Como si hubieran bajado a la baulera a buscar cualquier cosa, una valija, y de pronto sucediera, sin pensarlo. Algo rapidito. 
–… –Miriam quiso preguntar algo pero no le salía nada. Permanecía con la boca abierta.
–Me fui –dijo Karina–. Dudé mucho en decirte algo, pero no sé. Me pareció que te lo tenía que contar.
Karina terminó el cigarrillo, le dijo que no quería seguir hablando, y se fue. 
Miriam se quedó pensando. Pensó primero en volver a su casa y someterlo a Gustavo a un interrogatorio. ¿Era posible, Gustavo, que se hubiera intentado coger a su mejor amiga? Después pensó que era Karina la que mentía, lo que quería era destrozar su matrimonio porque sí, porque ella seguía sola, de jodida.
Había que hacer un careo. Sentarlos frente a frente, a ver quién mentía.
Se fue caminando a su casa, Miriam, de la bronca que tenía. A las siete cuadras, más o menos, dijo que no. Gustavo era un buen marido, y Karina su mejor amiga. La posibilidad de perder a cualquiera de los dos se le antojaba infinitamente triste. Mejor no hacer nada, nada de nada, seguir teniendo un marido, y una amiga. Mejor no saber, el tiempo diría.

9 Comments:

At 9:47 a. m., Blogger Juan Sebastián Olivieri said...

Extraordinario.

 
At 10:34 p. m., Blogger NsNc said...

La realidad... Es esa.. El conformarse para no perder.. Cruda realidad

 
At 7:55 a. m., Blogger J. Hundred said...

*juan sebastián olivieri! sí, es más que probable. lo saludo.

*nsnc! siempre me gustó una frase que leí de bioy. la frase, ah, sí, la frase dice más o menos así: vivir es distraerse. y puede que también, bien mirado, vivir sea conformarse. lo que sucede, mucho me temo, es que ‘conformarse’ tiene una peyorativa connotación quizás algo excesiva, como si la palabra ‘conformarse’ no hubiera tenido un buen asesor de imagen. la saludo sin particulares aflicciones.

 
At 1:03 a. m., Blogger Mr. Kint said...

Creo que hemos mencionado este tema que ud. ha tratado con magistral destreza en esta particular ocasión.
Sí, mejor no saber o ignorance is bliss y aquello de que no podemos manejar la verdad.
En esos momentos, recomiendo caminar, como hizo Miriam, caminar y fumar puede ser. Si no te gusta fumar no, entonces, caminar y tomar algo puede funcionar. O caminar mientras te comés un sanguche de milanga o un pebete. Por lo general, después de una indeterminada cantidad de minutos a uno se le desaparecen las ansias de escrudiñar, el anhelo de ir al acecho de certezas. Hay que dejar que el sistema lo procese y después sí uno va reingresando lentamente a la desprestigiada zona de conformidad (que no, no es exactamente lo mismo que la zona de confort).
Lo abrazo

 
At 8:09 a. m., Blogger J. Hundred said...

*mr. kint! hay algo importante para decir, permítame decirlo recurriendo a una metáfora ‘bolicheril’, para que lo alcance a comprender la monada. no olvide usted que este sitio es visitado por gente de lo más precaria, con las más tremendas limitaciones (debe ser en concordancia con quien esto escribe, desde ya). aquellos a quienes en el boliche de la vida jamás nos dejaron entrar al vip (la zona de confort), nos hemos visto obligados a descubrir que en lugares mucho más ordinarios (la zona de conformidad) también se baila, también se coge. también puede uno tomarse unos tragos. sigo. están aquellos que dicen que tu vida cambia cuando vas al himalaya y escuchás el sonido de los cuencos tibetanos, o cuando sai baba pasa caminando cerca tuyo y, por un instante, sonríe. están los que dicen que el universo todo se ordena cuando ves a zámolo, a urzi (agréguese el apellido que se considere pertinente) en cuatro patas, lúbrica, haciendo ese ínfimo movimiento tan particular y único, con las nalgas, que indica un estado de existencial predisposición hacia lo que vaya a venir. yo he tenido experiencias análogas comiendo un sánguche de milanesa. lo abrazo en las alturas del conocimiento.

 
At 11:19 a. m., Blogger Viejex said...

Tarde llego, anduve ocupado y no pude leerlo antes. Brillante, Hundred, brillante la frase de Bioy "Vivir es distraerse"(la busqué porque en su comentario no quedaba claro donde terminaba la cita y donde su propio aporte. Parece que la frase está extraída de un pensamiento de un personaje suyo en "Diario de la guerra del cerdo") y brillante también la secuela que usted propone "puede que también, bien mirado, vivir sea conformarse". Un lujo todo, mi viejo. Saludos.

 
At 8:03 a. m., Blogger J. Hundred said...

*viejex! quedamos entonces que vivir es distraerse, vivir también es conformarse. podríamos decir que quizás vivir sea prácticamente cualquier cosa que más o menos nos mantenga andando. y también podríamos decir, en determinadas ocasiones, en tantísimas oportunidades, que esto no es vida. lo saludo con afecto.

 
At 1:21 a. m., Blogger Lai said...

Llegué a este blog de casualidad y la verdad que me gustó mucho, este texto especialmente. Muy bueno!

 
At 8:08 a. m., Blogger J. Hundred said...

*lai! vamos lai vieja y peluda! (no, bueno, no quise decir eso). la saludo, le agradezco.

 

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