15.2.11

El precio

Tener salud, o estar en buen estado, valga la redundancia, de salud, eso sí que está bueno. Hacerse un chequeo y que te digan que tenés bien el corazón, que vas a seguir pishando como un dromedario, que la presión está bien, y el colesterol, que no se te va a volar alguna chapa del fuselaje de la vida en medio de un garche o de una discusión. Pero para que eso pase, para que eso suceda, vas a tener que cenar solamente fruta, y almorzar, de ser posible, una rama de apio, después de metértela en el culo, y a la mañana vas a tener que comer un yogur que te impulse a cagar hasta más no poder, y después de cagar podés gratificarte con un vaso de jugo de arándanos o frotarte las tetitas con una rodaja de sandía. Los domingos podés comer dos o tres cucharaditas de helado, no la cuchara sopera, la cucharita de café.
Tener dinero es genial, tener dinero es lo mejor que te puede pasar, aquí en el occidente más o menos civilizado, de este lado del mostrador. Si tenés dinero podés comprar un par de zapatillas hechas con piel de culo de guepardo macho, y tomar un Pommery Brut Royal sentado en alguna terraza con vista al mar, y manejar por encima de los ciento cincuenta kilómetros por hora tu Audi A4 sintiendo que estar adentro es infinitamente mejor que estar afuera, por los siglos de los siglos, amén. Pero para que eso pase, para que eso suceda, vas a tener que comprar y vender alguna absurda mercancía hasta que te reviente el corazón como un sapo al que acaban de darle una virulenta patada contra un zócalo, vas a tener que ir a una oficina hasta que no sepas si preferís que sea de día o de noche, vas a tener que esperar en un aeropuerto que huele a aire masticado ese maldito avión que nunca llega.
Tener amor, ah, el amor, ese bálsamo, ese néctar, esa caricia de la mano de algún Dios. Ver a tu mujer dormida un domingo cualquiera, con la boca apenas entreabierta y el cabello revuelto, y saber que estás precisamente en el lugar en el mundo donde querés estar, que por mañanas así valió la pena la rueda y el fuego y dos mil años de civilización. El abrazo de un hijo que se cuelga de tu cuello y te besa la cara y sos un coloso, sos una montaña, diste vida y recibís vida y es todo tan lindo que dan ganas de reírse a carcajadas, mientras por la ventana entra un magnífico sol. Pero para que eso pase, para que eso suceda, tendrás que aguantar a una gruñona y for ever fastidiada mujer que ni siquiera sabe muy bien el motivo de su enojo, por unos veinte años o quizás más, tendrás que ir al supermercado como un patético peregrino y cargar el auto con bolsas para que después te digan que te equivocaste, que te olvidaste, que sos un imbécil sin alma, tendrás que inclinarte y juntar el sorete de una mascota que ya ni se molesta en mover la cola cuando te ve, tendrás que hacer lo de siempre, como siempre, hasta que no des más, para recién entonces volver a hacerlo, otra vez.
Salud, dinero, y amor, claro que sí. Te hago la factura a consumidor final.

13 Comments:

At 9:14 a. m., Blogger laura said...

no es justo, la última imagen que hubiera pretendido de una rama de apio, es la que usted acaba de regalarme.

 
At 11:46 a. m., Anonymous J C Petruzza said...

Clap clap clap...

Me parece, de todos modos, que la milenaria plegaria a la salud, el dinero y el amor, implica aspirar a los beneficios sin pagar los costos.

Otro canto a la desesperanza alla Hundred. La pucha que bien que le salen estos escritos...

 
At 12:24 p. m., Blogger Viejex said...

Suelo citar a Bernardez, con ese famoso soneto que finalizaba diciendo que "no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido".

Es muy cierto lo que usted dice, Hundred, del precio de lo que se desea.

Pero si no fuera así, probablemente no lo desearíamos tanto. Tal es nuestra naturaleza.

 
At 1:20 p. m., Blogger Sandra Montelpare said...

salud dinero y amor too much!! hace rato que dinero y amor nada de nada; entonces sí, con el apio en el oco-T y en mi estado saludable me tendrían que descontar IVA miniiiiiiiiimo, Sr Hundred!! usted siempre la clava en el ángulo eh!

 
At 3:37 p. m., Anonymous teckloide said...

De pronto el Agente Smith tenia razón y es mas "sano" ver la vida en base a los fracasos-casi-exitos , no se por que me acordé de cálculo con eso.
Lo de las rodajas de sandía tiene su punto en algunas situaciones en particular , se lo recomiendo ;).
Un pasito mas lejos del nirvana ... gracias Juan Hundred!!!! un abrazo!

 
At 3:47 p. m., Blogger Jorge said...

Salud: Nadie le va a dar una garantía salvo decirle que se lo ve bien... por el momento...
Dinero : Consígalo y después hablamos... se pueden comprar formas de hacer las cosas mucho más fácil...
Amor: Disfrútelo mientras lo sienta... tiene su costo, pero que no?
Oiga, la eternidad no es para los seres humanos...
Atte/

 
At 3:47 p. m., Blogger Jorge said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
At 7:32 p. m., Blogger Dany said...

Pero con un poco de salud, eso es clavándote un mega asado con malbec y helado de chocolate, un poco de dinero, esto es teniendo un buen empleo público con 60 días de vacaciones y francos a granel y un poco de amor, esto es teniendo sexo cuando te plazca se puede durar bastante y con una sonrisa en la boca.

 
At 10:20 p. m., Anonymous Anónimo said...

Lo felicito uds acaba de plantear el problema de uno de los venenos mas ponzoños de este sistema de vida basado en el consumismo, no tiene solucion hay que gozar de los placeres intentando no pagar con el alto precio de la idiotez y la insensibilidad.

 
At 11:37 p. m., Blogger Jueves said...

Por eso siempre sentí odio por los viejos que pasan los 100 años de vida y dan consejos sobre salud y longevidad. Pasarse la vida comiendo sanito, levantandose temprano y haciendo ejercicio no merece llamarse vida, no es natural. Es simplemente tiempo desperdiciado.

 
At 7:31 a. m., Blogger J. Hundred said...

*laura! estimada, mi sugerencia es que no se quede con el teórico aspecto de la cuestión. practique, practique.

*j c petruzza! quizás no sea desesperanza. quizás tan solo sea otro modo de esperanza.

*viejex! una de las cosas que más me llama la atención últimamente (y sobre la que escribo, quizás demasiado), es que, bueno, no es ninguna novedad, todos deseamos algo. los que deseamos y jamás conseguimos ni el 2% de lo que deseamos, estamos por lo general frustrados, indignados quizás, tristes. lo interesante para mí es que los que han conseguido algo, algo de lo que desean, se quieren cortar las bolas, también. para no aburrirlo, para resumir, lo que uno desea, cuando lo consigue, no es como uno lo había deseado. me parece una finura, un exquisito sentido del humor de parte del universo.

*sandra montelpare! daría la mitad de mis escritos por verla con la rama de apio bien ahí.

*teckloide! entre el nirvana y el campari debiera haber lugar para todos. un saludo para usted.

*jorge! debo reconocer, mal que me pese, que estuvo usted inusualmente lúcido.

*jorge! este comentario de su parte es incluso muy superior al anterior.

*dany! curioso paraíso el que nos regala: empleado público, y un poco de malbec.

*anónimo! habiendo tanta pero tanta gente que viene con la única intención de refrescarme que soy un tremendo infeliz, no tengo más remedio que agradecer su felicitación.

*jueves! soy respetuoso con quienes han logrado sortear mayores tragedias a base de infinitos cuidados, sobrevivir a temibles males y alcanzar edades de tortuga. pero respeto mucho más a una chica que se frota un mantecol por las tetas con alegría y despreocupación (desde ya no tiene por qué ser usted, no tiene por qué ser su caso). lo que quiero decir es que respeto muchas cosas.

 
At 3:59 p. m., Blogger Jueves said...

en eso estoy con usted, pero una cosa es llegar a cierta edad por suerte y fuerza de voluntad y otra cosa es jamás haberse comido un asado por temor a no pasra la barrera de los 100. simplemente no tiene sentido.
en cuanto al mantecol, no creo que vaya a ser mi caso simplemente porque no es mi golsina preferida. sería desperdicio...

 
At 8:18 p. m., Blogger Dany said...

Se asombraría viendo la nómina de empleados públicos que cobran fortunas sin saber en que oficina trabajan. Nunca dije un poco de malbec.

 

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