21.9.17

Este asqueroso mundo


Debían ser las dos de la mañana, más o menos, quizás más. Iba caminando por Chacarita. Había estado cogiendo con una chica flaca como un alambre y el flujo vaginal excesivamente fuerte. O quizás no, quizás había estado en un cumpleaños donde me sirvieron un whisky berretísimo, un whisky nacional que yo no tomaba desde que había tenido veinte años, y había tenido veinte años hacía muchísimo tiempo. O las dos cosas, eso sentí cuando me olí los dedos de la mano izquierda.
Palpé los bolsillos, tenía la billetera, bien. Encontré el celular, apagado, sin la batería. Me faltaba el reloj, también, y tenía algo de sangre reseca en la frente, como si me hubieran cruzado la cara de un rasguño. Quizás había peleado con alguien por algún motivo que no lograba recordar y que sería igualmente válido ni bien lo recordara. Siempre había motivos para pelearse con alguien, de eso se trataba estar vivo.
Tenía hambre. Estaba a media cuadra del Imperio. Decidí ir, comer dos porciones de fugazzeta, tomar una cerveza, irme a dormir. Tener un plan me hizo sentir mejor, muchísimo mejor. ¿Tenía las llaves? Decidí no fijarme hasta estar de vuelta en la puerta de mi casa, para no amargarme. Haber sido un fantástico jugador de ajedrez durante la adolescencia me había dejado el triste don de preocuparme por anticipado, tratar de ver tres movidas adelante, no mucho más que eso. Primero la pizza, después ya vería.
Entré, fui a la barra, pedí, Isenbeck de litro, dos porciones de fugazzeta, una fainá, el mundo comenzaba a ordenarse.
Un hombre entró y salió. No, está mal dicho, el hombre ya estaba adentro, comiendo en la barra también, cerca de mí. Salió y entró, con la porción que estaba comiendo en la mano, masticando. Me fijé. El hombre había dejado encadenado a su perro, afuera, a un poste de luz. El perro ladraba, hacía una especie de lobuno aullido que se iba apagando. El hombre había salido y se había quedado de pie, a un metro del animal, con un dedo en alto.
–¡Chsss! –Había dicho el hombre, y había dado un mordisco a su porción de napolitana. El perro miraba la pizza y aullaba de perruno dolor, casi al borde del estrangulamiento por la correa que le impedía avanzar, muerto de hambre.
El hombre volvió a entrar, indiferente, masticando. Llegó a la barra y bebió su vaso de vino en dos tragos. Me pareció que sonreía.
Me enfurecí. Ese tipo dejaba a su perro afuera, con frío, con hambre, y seguía comiendo, devorando una porción de pizza en tres bocados.
Agarré una de mis porciones de fugazzeta y salí, con la porción rebosante de delicioso queso apoyada sobre la palma de la mano.
–Hola, picho –me puse en cuclillas, el perro movió la cola–. Qué vida de mierda ¿no? Tomá.
Puse la porción de pizza sobre la vereda.
El perro la olió, luego la ignoró por completo. Retrocedió un paso.
–No le gusta la pizza –de atrás me hablaba el tipo, con la boca llena–. Pero si le das un pedacito de alfajor por ahí lo come. También la gusta la provoleta y las achuras, ni pastas ni pollo. Si le ofrecés pollo te mira como si le hubieras dado una patada en el hocico. Y helado come solo de vainilla. Es raro.

9 Comments:

At 10:08 a. m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

¿Se puede desear algo sólo porque está fuera de alcance? Sólo para ignorarlo si llega a estar el alcance.
Leyendo tu relato, pareciera que sí.

 
At 1:13 p. m., Blogger f said...

sabés que me provocó tu relato??

me estoy oliendo los dedos...

y bué...
ni siquiera somos dueños de nuestros actos

 
At 8:07 a. m., Blogger J. Hundred said...

*el demiurgo de hurlingham! sí, y creo que la mayor parte de lo que deseamos es, precisamente, porque está fuera de nuestro alcance. así funciona, yo no lo inventé. 1saludo.

*f! despertarse y olerse los dedos y descubrir, al menos en parte, lo que sucedió la noche anterior. 1saludo.

 
At 9:50 a. m., Blogger Frodo said...

Genio! Genio! no para de sorprenderme!
El relato es magistral, empezó como que se iba a gambetear a diez y entrar con pelota y todo... pero se fue abriendo hacia el córner, y tiró un centro llovido. Como se sabe: dos cabezazos en el área es gol, pero cuando esperaba el primer pase de cabeza al centro, Ud. la mató con el pecho, amagó una, dos veces, acostó al defensor y al arquero. Y cuando dije "acá la pica"... la pelota se pinchó, o el árbitro terminó el partido o simplemente todo desapareció.

Vd. es un genio!
Le contaría una historia personal sucedida por esos mismos lares a los veinte años. Tal vez algún día se la cuente.

Lo abrazo

 
At 6:03 p. m., Blogger J. Hundred said...

*frodo! estimado, tengo casi la obligación de comentarle algo. la gente que me conoce, familiares y amigos por decirlo de algún modo, no me ven ni la mitad de la mitad de genial que usted me ve. así que tengo que decirle que es probable que algo esté muy mal. sí, claro, con usted. igual lo abrazo.

 
At 8:18 p. m., Blogger nilda said...

antes que nada, lavarse las manos. Pense que el perro le iba a chupar los dedos.
Mala mia.

 
At 8:06 a. m., Blogger J. Hundred said...

*nilda! el cristianismo gira en torno, se construye o quizás se sostiene, en base a la posibilidad de redención. del ser humano, de la persona, por decirlo de algún modo. y en esta curiosa ocasión, en esta particular oportunidad, contra todo pronóstico, su comentario estuvo bien. 1saludo.

 
At 11:13 p. m., Anonymous Dany said...

Los perros suelen ser protagonistas especiales de sus relatos!
Abrazo

 
At 8:09 a. m., Blogger J. Hundred said...

*dany! en una época solía decir: primero los animales, después los niños. el humano adulto no vale gran cosa, la verdad (creo que utilizaba otra expresión, decía algo como ‘es la mierda pura’). lo abrazo.

 

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