28.8.17

JC deja la filosofía


Hace mucho tiempo tenía un amigo, mi amigo JC. Nos habíamos conocido y nos gustaba charlar, tomar café. Íbamos a comer a Pippo de Montevideo los viernes a la noche. Comíamos vermicelli con tuco y pesto, longaniza de entrada. Tomábamos vino Norton y nos parecía que el mundo era un maravilloso abanico repleto de posibilidades. Pero me fui de tema.
El asunto es que mi amigo JC había querido ser filósofo. Y contaba, al respecto, una anécdota.
Mi amigo JC estudiaba filosofía. Iba a la facultad con alegría, con interés, la filosofía era su pasión. Leía a los filósofos de la antigüedad. Leía a Sócrates y a Platón, a Spinoza, a Kant. Leía a Heiddeger, soñaba con cruzarse en la calle con Foucault.
Y mientras estudiaba trabajaba en una librería, iba a sus clases, leía, leía todo lo que podía como si se tratara de un animal con sed. Quería ser filósofo, esa era su vida.
Hasta que. Estaba cursando una materia, no, no sé qué materia. Ya tenía más de tres años de carrera adentro. La materia que estaba cursando era genial, le abría un mundo tan anhelado como nuevo. Y la profesora era una mujer que parecía saberlo todo. Tenía las respuestas, lo guiaba. Le mostraba nuevos caminos dentro de las procelosas aguas del saber.
La materia que estaba cursando finalizaba con una investigación, un trabajo. El trabajo tenía una fecha de entrega. Así suelen funcionar las cosas cuando uno estudia, filosofía o cualquier otra carrera.
Y JC sintió que en esa materia, en ese trabajo final, se jugaba su destino. Se aplicó, escribió, investigó tanto, que se quedó sin tiempo. Quería mostrar todo lo que tenía para dar, lo serio que era para él el asunto. Así que le dijo a la profesora, que había dicho que los trabajos debían ser entregados el siguiente miércoles, que no le alcanzaba el plazo.
La mujer lo venía estudiando en su comportamiento, reconoció la llama más genuina. Le dijo que no se preocupara, que le alcanzara el trabajo a su casa, a la casa de ella, el sábado a la mañana, o el domingo. JC anotó la dirección, agradecido.
El domingo a la mañana, con el trabajo prolijamente ensobrado, JC fue a la dirección que le había dado la profesora. Era poco más de las diez de la mañana, tocó timbre.
La dirección era en un precario edificio por el barrio de Constitución. En la puerta había un sujeto semidesmayado, con pinta de haber recibido un botellazo en la cabeza. La entrada del edificio estaba cubierta de vómito, y había un penetrante olor a pis.
–Ah, sí –dijo la mujer por el portero eléctrico–. Ahí bajo a abrirte.
Y bajó. Estaba con unas chancletas y medias de lana, un camisón bastante sucio. Despeinada, los lentes caídos sobre la nariz. La mujer lo hizo pasar, le ofreció té.
Ahí termina la historia. Pero no termina todavía.
Contaba JC que lo que vio esa mañana, la cocina con los azulejos verde agua resquebrajados, la canilla que goteaba, un despanzurrado sillón en el comedor. Los libros con los lomos destrozados, parte de la dentadura de la mujer en un vaso, platos sin lavar. El camisón al que le faltaban un par de botones permitía atisbar el azulado pecho. JC vio todo eso, vio, por decirlo de algún modo, el otro lado de la filosofía. Y el lunes largó la carrera. No fue más. Decidió, aunque la palabra, el verbo, no era decidir, sintió que no iba a ser filósofo. No era eso lo que quería.
Podría uno seguir la línea argumental, hacer comparaciones. Como por ejemplo, el remanido caso del pibe que ve a la madre de la novia y se da cuenta, bueno, que la dulce niña que le gusta se convertirá en algo así. Y decide que no podrá soportarlo.
Pero mucho más importante es entender que algún tiempo después, siempre algún tiempo después, estarás en un lugar que jamás imaginaste. Hubieras estado dispuesto a jurar que tu vida jamás se convertiría en algo así.

10 Comments:

At 10:43 a. m., Blogger f said...

las cosas que hacemos por una mujer...
hasta nombrar a heidegger...

 
At 11:06 a. m., Blogger Frodo said...

Ahora empiezo a comprender por qué Ud es un genio, Usted Juan Carlos Hundred, ha estudiado filosofía.

Cuando uno se da cuenta de eso, raja y empieza a escuchar a los verdaderos filósofos, esos que rezan frases como "no los podíamos frenar con nada, pusimos un coletivo en el arco... y la metieron por la ventanilla"

Lo abrazo!

PD: me gustó la idea de cruzarme con Foucault por la calle. Pero este comentario ya se hizo extenso y os chistes sobre el panoptismo no vienen al caso

 
At 12:40 p. m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

Que frustación que se corte la conexión cuando estoy a punto de comentar. O más cuando ya escribí el comentario y quiero publicarlo.

Da la sensación de que JC idealizaba a su profesora, como su Hipatia de Alejandria. Y se desilusionó al verla en estado casero, no con su imagen de intelectual.
Tal vez sea un error. Tal vez lo malo no sea tener ese lado descuidado, sino que ese lado descuidado sea lo único que existe.
Mi comentario puede ser lamentablemente escrito, lo sospecho. Pero lo que contás me parece magistral.

 
At 2:07 p. m., Blogger MuCha said...

Estudie Filosofia y letras en Buenos Aires por ahí nos conocimos abrazos filósofo

 
At 5:12 p. m., Blogger Jorge Aureliano said...

Vengo a aplaudirlo solamente... ¡Clap, clap!

 
At 8:06 a. m., Blogger J. Hundred said...

*f! quedamos así.

*frodo! estimado, lamento desilusionarlo, no soy jc, y no he estudiado filosofía. pero le dejo el siguiente koan zen: cuanto más largo es el cuello de la jirafa, más gasta en ponerse bengué para la tortícolis. lo abrazo.

*el demiurgo de hurlingham! usted menciona el lado descuidado, y hasta último momento pensé que el precario fragmento se iba a llamar ‘el otro lado de la filosofía’. lo importante es poder mirar el otro lado sin excesiva repugnancia. por decirlo de algún modo: acostumbrarse a seguir. lo saludo.

*mucha! no, no nos conocimos, y eso es algo que lamento. pero también lamento el hambre en etiopía, y que batistuta y crespo no hayan podido jugar juntos. quiero decir, lamento tantas cosas que hay veces que creo que lamentar se ha ido transformando en mi segunda piel. la abrazo.

*jorge aureliano! dijo el venerable ciego: Dios es más generoso que los hombres y los medirá con otra medida. yo lo abrazo y le agradezco.

 
At 12:51 p. m., Anonymous Anónimo said...

Nunca termina igual.
A veces termina peor, a veces termina mejor.
Y a veces lo que viene es tan bueno que agradeces todo lo que paso.

 
At 8:12 a. m., Blogger J. Hundred said...

*anónimo! suerte con eso.

 
At 4:54 p. m., Blogger nilda said...

Medio que me da miedo, porque casualmente yo estoy estudiando Filosofia (verdadero) pero como ya soy una mujer como la del relato, no me podré convertir en algo que ya soy.
by the way, Socrates no escribió nada.
otro si: buena historia,con un final terrible.

 
At 7:12 p. m., Blogger J. Hundred said...

*nilda! está usted quizás confundida, quizás aturdida, quizás una particular y única combinación de las dos cosas. sócrates no sólo escribió bastante, sino que también protagonizó la película ‘sócrates, birra, faso’.

 

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