12.7.16

Martín va al psicólogo


Cuando a Martín se le murió el hermano lo mandaron al psicólogo.
Eran muy jóvenes, demasiado jóvenes, los dos. El hermano de Martín, y Martín. El hermano tenía quince años cuando se le desató un cáncer fulminante que lo devoró en tres meses. No hubo nada que hacer, algo que le masticaba la sangre mientras Martín veía a su hermano ponerse amarillo y gris y achicarse hasta desaparecer.
Martín tenía dos años menos que su hermano. Su madre, que lo vio devastado, se preocupó en medio de su tan propio como inconcebible dolor, y decidió que Martín tenía que ir a un psicólogo. Una amiga le recomendó un extraordinario profesional.
Allá fue obligado Martín, a su primera sesión. Se sentó en un sillón individual de cuero color borravino.
El psicólogo, que había conversado previamente con la madre de Martín, le preguntó a Martín si quería decir algo, cómo se sentía en relación a lo que había ocurrido.
–Estoy decepcionado con la vida –dijo Martín. Después hizo silencio, no dijo nada más.
Al día siguiente el psicólogo llamó a la mamá de Martín. Le dijo que Martín no necesitaba tratamiento. De algún modo Martín seguiría adelante con sus cosas.
Al poco tiempo el psicólogo dejó la profesión. Se fue a vivir a un departamentito que había quedado de sus padres, en Necochea. Su idea era poner un bar pero no encontró el local adecuado, le complicaron la habilitación. Terminó poniendo una pequeña rotisería a dos cuadras del centro. Comida casera, para llevar.

9 Comments:

At 9:53 a. m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

¿Será que estar decepcionado con la vida es una muestra de cordura?
Tal vez más que dejar la profesión de psicolog por comidas para llevar, cuando fracasó el negocio que planeaba.
¿No es un buen comentario? No le pidan genialidad a un demiurgo.

 
At 12:09 p. m., Blogger Flor said...

Un psicólogo honesto!

 
At 12:11 p. m., Blogger Juan Sebastián Olivieri said...

El campo arrasado que deja el incendio de la realidad no se recupera. Eso lo sabés vos, lo sabemos.
Pero, cuando la madurez y la resignación se dan la mano, queda escribir un relato tan sublime como este y tal vez tomarse un Bunnahabhain.
Salud

 
At 6:56 p. m., Anonymous Anónimo said...

No sé a quién aplaudir: a Hundred, a Juan Sebastian, al pibe, o al Bunnahabhain.
El psicólogo merece la mención de darse cuenta. La psicóloga a la que voy todavía insiste. (tiene la frescura del utópata y usa polleras cortas. Eso justifica mi insistencia. No sé la de ella)

 
At 8:17 a. m., Blogger J. Hundred said...

*el demiurgo de hurlingham! estoy decepcionado con la vida, dijo martín. lo que diga usted también es importante, para sus familiares desde ya, para aquellos que podríamos denominar sus ‘seres queridos’.

*flor! he conocido gente honesta que ejercen las más variadas profesiones. son una minúscula proporción, de más está decirlo.

*juan sebastián olivieri! está bueno saber algo. y después viene una etapa donde sabés que saber algo no cambia nada. ahí se pone divertido. lo abrazo.

*anónimo! hay gente que va a ver a marama, o a bandana. quiero decir, aplaudir el bunnahabhain no debiera provocar mayores inconvenientes.

 
At 6:10 p. m., Blogger Alma said...

Martin estaba desepcionado con la vida, el psicologo estaria desepcionado con su profesión? lo que mas pienso es en Martín..y si habrá descubierto mas belleza en esta vida con el tiempo

 
At 7:23 p. m., Anonymous Anónimo said...

Alma, no serás mi psicóloga vos?

 
At 10:25 p. m., Blogger Alma said...

nono, lo mio es psicologia barata..y zapatos de goma..ja

 
At 5:45 p. m., Blogger J. Hundred said...

*alma! usted quiere saber si martín logró descubrir más belleza en la vida, la respuesta es sí. la saludo con cariño (le iba a decir algo más, una cosita más, pero me dio no sé qué).

*anónimo!

*alma!

 

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