18.9.13

Putas dominicanas


         Lo conocía a JC de la época de la universidad, habíamos estudiado juntos, nos habíamos hecho amigos. Hacía de eso muchos años, no sé, más de diez, con eso es suficiente para transformar algo en pasado. Después de diez años, no importa, ya no importa nada, nada de lo que hayas hecho o dejado de hacer. Nada que te haya, justamente, pasado.
         Después, JC consiguió una beca y decidió seguir estudiando. Se fue a Washington, luego vivió un tiempo en Holanda. Ahora vive en Bélgica, es profesor, da clases. Siempre solía decir, ‘me importa un pomo lo que estudio, estudiar es mejor que trabajar, con saber eso me alcanza’.
         Está de visita en Buenos Aires, vino a ver a su madre, a su hermana. Cruzamos mails, quedamos en ir a comer.
         Es viernes, son las diez de la noche, estoy parado en Callao y Rivadavia. Esperando a JC. Él se está quedando en la casa de una hermana, por San Cristóbal. No sé si va a preferir ir a comer un puchero a El Globo, o a El Imparcial. O quizás quiera ir a comer fideos a Pippo, como en la época de la facultad. O empanadas, a La Americana.
         Estoy parado en la esquina, en diagonal al Congreso. Buenos Aires se ha vuelto un infierno, es Saigón, es Namibia, es cualquier cosa y ya no se puede volver atrás. No hay adónde volver. Tampoco se puede seguir. Perdimos la brújula, hay que volar sin instrumentos. Es una situación curiosa, particular.
         Se me acercan dos mujeres. Prostitutas, reconocibles prostitutas a noventa metros de distancia. Dominicanas. Una es mayor, en todo sentido. Casi un metro ochenta de voluptuosa mujer, no tiene culo sino ancas que lleva a duras penas comprimidas bajo rotundas calzas blancas. Tetas, quince o veinte kilos de tetas a punto de estallar, de vencer el corpiño y ponerse a cantar o darte un cachetazo. Generosos pezones, grandes, pezones del tamaño de hamburguesas. Usa el cabello recogido, tiene una sonrisa que es todo vicio, una fantástica sonrisa que dice que ha visto todo lo malo de este mundo y va por más.
         –Hola, lindo –me dice. La otra se queda un paso atrás. Parece su sobrina, flaquita, huesuda. Mucho más joven, no más de veinte años. Minifalda ínfima, cabello corto, piernas largas y algo chuecas, con las rodillas apenas hacia adentro. Le cuesta mantener el equilibrio sobre unos plateados zapatones de imposibles tacos. Tetitas de adolescente, toda la fuerza para cabalgarte arriba de la poronga hasta que te mueras, hasta que no des más, hasta que le pagues.
         –Hola –contesto, pero miro hacia atrás, indicando que si me dijo ‘lindo’, no soy yo.
         –¿Estás esperando a alguien? –se ríe, la grandota, de mi ocurrencia. Se abre un poco la camisola que lleva encima, para que pueda observar la mercadería–. Supongo que a nosotras.
         –Eh, no –digo, miro su escote, esas tetas podrían hacer eyacular a un muerto, esas tetas podrían hacer eyacular a una estatua–. Gracias.
         –Dale, bonito –se acerca un poco, pone su brazo sobre el hombro de la más joven, a la que ha hecho avanzar un paso–. Si la preferís a ella no me ofendo.
         No digo nada, ya dije que no. No tengo más nada para decir.
         –Si querés te la chupamos entre las dos –sigue, se relame. Tiene una lengua larga y muy roja, como si acabara de comer helado de frutilla–. Yo te chupo la pija mientras ella te chupa los huevos, te va a encantar.
         Miro, por encima de su cabeza. JC no aparece. La gente pasa.
         –Ya sé –dice–, te gusta mirar. Me la cojo yo a ella, me pongo un arnés con un pito de treinta y tres centímetros. Vas a ver cómo grita, le encanta gritar. Vos nos mirás.
         –Sí, me gusta gritar –dice la flaquita. Básica, sin levantavidrios. Parece drogada.   
         Pausa. Saco mi teléfono celular y miro la pantalla, pero es un reflejo, un tic nervioso.
         –No seas tímido –se acerca más, la grandota, siento su aliento a caramelo de eucalipto, podría devorarme el pito de un mordisco–. Si querés te hago una paja, algo rapidito. Vamos a la plaza.
         La flaquita enciende un cigarrillo y me lo ofrece, el de ella, el que acaba de encender. Le tiemblan un poco las manos. Le digo que no con la cabeza.
         –Dale –sigue, la grandota, me toca una mejilla con la mano–. Dejame que te la chupe, o rompeme la cola, tenés pinta que te gusta hacer la cola. O vamos y nos bañamos juntos, los tres. Me trago la leche, me sacás fotos. No sé, hacemos cualquier cosa por dinero.
         –Como todo el mundo –digo–. Qué novedad.

9 Comments:

At 2:22 p. m., Blogger agus demo said...

Genial! Como todo lo tuyo, Juan.

 
At 10:28 a. m., Blogger J. Hundred said...

*agus demo! usted ni se imagina lo bien que me hace su generosidad, su cortesía.

 
At 4:37 p. m., Blogger Arturo Baldo said...

No se como es que llegué aca, pero con el detalle de " –Sí, me gusta gritar –dice la flaquita. Básica, sin levantavidrios. "
Se ha ganado un nuevo lector

 
At 11:49 p. m., Blogger Dany said...

Como todo el mundo, exactamente.
Pippo y la facultad....que épocas!
Abrazo Juan!

 
At 8:49 a. m., Blogger J. Hundred said...

*arturo baldo! me alegra, en verdad, que alguien haya sido capaz de detectar esa frase tan profunda, con tanto contenido humano. lo saludo.

*dany! tomaba un norton tinto en el pippo de montevideo, y me parecía que finalmente había llegado, había descubierto las cosas buenas de la vida. como leí alguna vez al viejo buk: ‘juventud, hija de puta, dónde te fuiste?’. lo abrazo.

 
At 10:59 p. m., Blogger Mr. Kint said...

Usted me conoce, no soy de venir acá a repetir las frases que usted escribe porque, a ver cómo lo digo, bueno, ya las dijo usted, por supuesto, y para decir las cosas que usted ya dijo, bue, mejor no decir nada.
Pero cuando suelta "una sonrisa que es todo vicio (...) que dice que ha visto todo lo malo de este mundo y va por más", siento que debo reconocerle esa sutileza. Tomeló como un gesto. Y una señal de que usted está cada día mejor o yo cada día peor, o una combinación de ambas (vaya a saber en qué medida cada una).
Un abrazo para usted.

PD. Lo de volar por instrumentos también estuvo bien.

 
At 8:13 a. m., Blogger J. Hundred said...

*mr. kint! mire, es bien sabido que yo suelo ser un himno a la esperanza, que voy derramando alegría por este pestilente mundo, pero tengo malas noticias para darle. creo que vamos empeorando, día a día, los dos. lo abrazo.

 
At 4:29 p. m., Blogger Neleb said...

me calenté leyendo la entrada, está mal?

 
At 8:02 a. m., Blogger J. Hundred said...

*neleb! usted se calienta, y yo me caliento. permítame citar al señor cerati, cuando dijo aquello de ‘es igual a un láser, la pasión actúa por reflejo’ (del tema ‘pasos’, importante si los hay). yo le agradezco, ejem, la lubricidad.

 

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