10.6.12

Desde el futuro

         Estamos en el año 2078, estamos en el futuro. No soy bueno para la ciencia ficción, por lo general creo que con la ficción es suficiente. Alcanza.
         Estamos en el año 2078, entonces, decía. Se festeja el aniversario, el centenario del mundial 78. Hay pósters de Kempes en las calles, la Argentina hace años que no existe más, se llama Tina, el país. Tuvo que vender, en un momento, la ‘Ar’, para poder seguir adelante, para que no la expulsaran del planeta tierra. Y a los pocos años, vendió el ‘gen’.
         El paisaje es como la peli ‘Mad Max’, hordas luchando por el agua, por el vino, por el combustible. En las calles vuelan fardos de pasto. La gente mata perros y se los come, los teléfonos celulares y las computadoras son gratis, para que todos estén enchufados. Una delicia.
         Después de la quinta guerra mundial, quedó lo que quedó. No se usa más el dinero y se abolió la propiedad privada. Cada uno tiene lo que es capaz de defender, la gente se agrupa por el simpático hecho de la supervivencia. Llueve sin parar, una mezcla de agua tibia con ceniza. Ah, se vive todo el tiempo, se vive para siempre. Se vive hasta que te presentás en una oficina, llenás un formulario y apretás un botón, para morirte. Al principio se reía, la gente, decía ‘nadie va a ir a apretar ese botón’. Pero después, tarde o temprano, la gente se fue dando cuenta que vivir es un fastidio. Cansa.
         Pero no quería ser tremendista ni apocalíptico, no quería hablar de nada de eso. Hay una epidemia, una epidemia nueva. Una patología, un brote, cómo llamarlo.
         Empiezan a desaparecer los maniquíes. De todas partes. De las vidrieras, de las fábricas, de donde sea. La gente, ambos sexos, todos sienten la pulsión de coger con maniquíes. Cualquier maniquí, roto o entero, un pedazo de culo, una cabeza, una mano.
         El Comité Central de Ciencia y Tecnología luce desconcertado. Han estudiado y conocen todos los cambios en las pautas de conducta, producto de la polución ambiental y la descontrolada ingesta de psicotrópicos. Pero esto no había pasado jamás, debe ser un virus proveniente del espacio exterior, de las bases que se han ido instalando en Júpiter, una roca caída de la galaxia de Xiburg.
         Soy estudiado como el posible antídoto, el huésped del cual quizás pueda crearse la vacuna para combatir el mal. Los científicos hacen pruebas conmigo. No tengo el apetito por los maniquíes, el arrebatado anhelo, la indómita pulsión.
         Es que cogí con vos, en el pasado más remoto. Debo estar inmunizado.

7 Comments:

At 7:51 a. m., Blogger A.Torrante said...

No será Fahrenheit 451 ni 1984, pero seguramente Ray y George estarán compartiendo una cerveza en alguna galaxia pensando: "Interesante lo de los maniquíes" Yo pensaba ahorrar en dólares pero ahora me dio una idea nueva. Gracias.

 
At 7:52 a. m., Blogger A.Torrante said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
At 8:21 p. m., Blogger Dany said...

La verdad es no querías ser tremendista pero eso del botón para que la vida se extinga es fuerte y lo que más me impacta del relato.
¿Quién no estuvo con un maniquí?
Abrazo!

 
At 8:05 a. m., Blogger J. Hundred said...

*a. torrante! el que depositó dólares, recibirá maniquíes, so to speak.

*a. torrante!

*dany! no es, desde ya, su ‘pastilla de dios’, pero el botón de la muerte tampoco está nada mal. 1abrazo.
(para la monada: http://no-more-wall.blogspot.com.ar/2012/06/la-pastilla-de-dios.html)

 
At 10:45 a. m., Blogger A.Torrante said...

Y sí, hay que inventar nuevas frases, porque las otras ya no se las cree nadie.

 
At 10:32 p. m., Blogger Mr. Kint said...

A mí tampoco se me da mucho la ciencia ficción; su relato es muy bueno y me hizo acordar vaya a saber por qué a una novela que leí hace ya varios años "La posibilidad de una Isla" de Houellebecq.

Puede que en algún momento le haya dicho usted algo como "vení que te vacuno", con manifiesta picardía, haciendo referencia a cierto poder sanador de su garompa. Lo que no se percató, lo tardó tantos años en advertir, con la civilización casi al borde de la desaparición, es que algunas pocas cachorras son las que curan, varias las que inmunizan y demasiadas las que anestesian.
Muy bueno. Saludos

 
At 7:11 a. m., Blogger J. Hundred said...

*a. torrante!

*mr. kint! he leído los libros de houellebecq, y me parece un escritor superior. respecto a mi vocación de curar, prácticamente cualquier dolencia, a base de vergazos, bueno, debo admitir que en el campo de la medicina he tenido resultados no muy diferentes a los de mi literario derrotero. quiero decir, no he logrado gran cosa. un saludo.

 

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