Me encuentro con un tipo, un tipo que fue mi amigo durante lo que podríamos denominar, porque de alguna manera hay que denominarlo, la adolescencia. Me cuenta una historia donde nos peleamos juntos, en Villa Gesell, contra un equipo entero de rugby de Córdoba o de Tucumán. Me pregunta si me acuerdo cómo nos molieron a palos, terminamos corriendo hacia la playa, metiéndonos en el mar, porque sabíamos nadar y porque queríamos principalmente que dejaran de pegarnos.
Me encuentro con una chica, una chica que fue novia mía o yo fui novio de ella, fuimos novios, no sé, hace más de quince años. Me cuenta que justo el fin de semana fue con su marido y sus dos nenas a comer al restaurante, la cantina, donde yo solía llevarla. Comió los agnolottis de ricota y nuez que a mí tanto me gustaban, Había uno de los mozos de aquella época, también. Un mozo que la vio y le sonrió porque se acordaba.
Yo no sé qué pasa pero la gente que me encuentro vive en modo ‘review’, la gente que me encuentro perdió la tecla ‘play’ en algún cajón o se la olvidó en un bolsillo de algún deshilachado abrigo y no la van a usar nunca más. Atrapados para siempre en alguna melancólica cancioncita del pasado.
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