20.5.20

Acerca del universo


A la mañana antes de ir al centro a trabajar, podríamos decir a morir por unas monedas, más o menos como hace todo el mundo, me gusta tomar un café.
En un bar, cualquier bar. En una época iba al centro y tomaba, el café, en un bar del centro. Pero luego me di cuenta que no es posible, que la nube de tristeza y frustración ha cubierto cada azulejo de cielo, que el aire está podrido de todo lo que salió mal, de todo lo que fracasó. En el centro se respira todo lo malo de este mundo y uno cree que puede soportarlo, que es capaz de construir un dique de contención hecho de alma pero no. Si te quedás en el centro más de tres años sos arrasado por una mierda poderosa, un rayo láser hecho de la mierda más pura con un olor a mierda todavía no inventado, no hay manera de recuperarse de eso. Entonces trato de tomar el café en algún bar de barrio, del barrio en el que esté viviendo, hay bares por todas partes. Como si juntara fuerzas para emprender la jornada, como si tomara envión.
Así que entro a un bar y pido un café. Me siento a mirar diez o quince minutos por la ventana y trato de no pensar. A veces estar vivo no es gran cosa, para estar vivo no hace falta tanto.
Es invierno y es muy temprano todavía, así que el bar está prácticamente vacío. Es un bar bastante grande, en una esquina, no, no importa la esquina. Tiene ventanales que permiten mirar hacia ambas cuadras, las cuadras que componen la esquina, la esquina donde se encuentra el bar.
Me siento, pido un café, ya lo dije. Estoy arrasado por todo, por la vida, como si me hubieran empapado con un balde lleno de una mezcla de angustia y dolor que ni siquiera es localizable pero que me acompaña como un perro fiel.
Entra una persona, un hombre. Canoso, delgado, mayor. Unos setenta años o quizás más.
El hombre entra, duda, viene hacia mí. Se saca su abrigo, elige la mesa que está justo delante de la mía. Y se sienta, de espaldas a la puerta, de frente a mí.
Hay varios errores en su accionar. Trato por lo general de ser un sujeto amable, con criterio, incluso estoy dispuesto a evitar un conflicto de ser posible. Pero. El bar está vacío, el bar es grande y yo estoy mirando a lo lejos, por el ventanal. ¿Por qué te me sentás enfrente?
–Disculpe –le digo– ¿Por qué se me sienta enfrente? Tiene todo el bar a su disposición, no hay nadie, yo estoy tratando de mirar por la ventana.
El hombre me mira, sin enojo y sin excesivo interés. Dice.
–Soy el universo.
La respuesta es algo curiosa, quizás original. Permanece sentado muy erguido, sin apoyar la espalda en el respaldo de la silla. Las manos sobre los muslos.
–Me parece bárbaro –le digo, termino mi café–. Pero eso no invalida mi pregunta.
–Soy el universo –repite– y me gusta molestarte. Quiero decir, es con vos.

7 Comments:

At 11:38 a.m., Anonymous Anónimo said...

Juan, te amo.

 
At 9:25 a.m., Blogger J. Hundred said...

*anónimo! so be it. lo saludo.

 
At 7:06 p.m., Blogger José A. García said...

Depende de qué tipo de pantalón tendrías en ese momento, pero se merecía una patada en la nuca.

O dos.

Saludos,

J.

 
At 9:26 a.m., Blogger J. Hundred said...

*josé a. garcía! la maniobra que usted comenta está quizás por encima de mis posibilidades. pero la entiendo perfectamente. lo saludo.

 
At 8:53 a.m., Blogger Frodo said...

Ojalá haya una segunda parte de esta historia. Con partido de truco a 30 (sin flor)
JH vs el Carl Sagan de pacotilla

 
At 12:42 p.m., Blogger f said...

el universo conspira, diría el conejo.
por eso es bueno evitar los cines, los bares, los shoppings, los... ta. se entendió.
y siempre conspira contra vos.

 
At 6:22 p.m., Blogger J. Hundred said...

*frodo! y ya que estamos no se olvide de sarl cagan.. sí, lo sé, no es muy gracioso. pero bueno, usted tampoco ayuda. lo saludo.

*f! in my beginning it’s my end, dijo el poeta. que desde ya no tiene nada que ver con lo que estamos hablando. lo saludo.

 

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