14.6.18

Climatronic


Tenía que cambiar el auto. La verdad que mi auto estaba viejo, lo había comprado cuando se murió mi padre. Hacía de esto más de diez años.
Alguien, un amigo, me recomendó una concesionaria de automóviles donde conocía a alguien que me iba a hacer un buen precio. No, no importa qué marca era mi automóvil, ni tampoco importa de qué marca era el automóvil que estaba yendo a ver. Prescindamos de eso.
El asunto es que llamé y me dijeron que pasara tal día. Fui, me atendió un vendedor de unos cincuenta años, flaco, de traje y corbata. Era calvo, el vendedor, pero se notaba que por encima de su natural calvicie debida a la mala alimentación quizás, al paso del tiempo, a la fatiga de materiales por decirlo de algún modo, se rasuraba la cabeza, con una maquinita supongo, como mínimo una vez por semana. Siempre he pensado que rasurarse el cráneo es una suerte de mutilación, un castigo, una manera de dejar en claro el profundo disgusto que tiene, el portador de la cabeza, con relación al cabello que le tocó en suerte, quizás con su propia vida. Me parece algo excesivo, como si alguien que en los demás órdenes de la vida resultara ser un imbécil más o menos normal, hubiera tenido, con relación a su cabello, un ataque de personalidad. No corresponde, no va.
Hice un par de preguntas sobre el modelo del automóvil que estaba intentando comprar. El precio desde ya, y tal o cual prestación. La idea era que el vendedor me explicara algo, las ventajas del modelo en cuestión, para luego preguntarle en cuánto tomarían mi viejo automóvil como parte de pago. Lo normal.
El vendedor parecía no estar a gusto, quizás con la situación, quizás con mi persona. Me pasa últimamente que ni bien entro a un lugar, sin haber dicho una palabra todavía, caigo mal. Soy tan luminoso que hago daño en la tremenda oscuridad que envuelve a la mayoría de las personas, es algo que no depende de mí. No lucho contra eso, miro un poco más arriba de los ojos de mi ocasional interlocutor y dejo que su odio se vaya derramando, sé que su vida después de verme no volverá a ser la misma y sé que el aprendizaje es doloroso, lo dejo estar.
–Tiene climatronic –dijo el vendedor, mostrando un folleto.
–¿Eh?
–Que tiene climatronic, el auto –dijo el pelado. Miraba a los costados, como queriendo escapar.
–¿Y qué vendría a ser el climatronic? Si se puede saber –Pregunté.
–Ehh –se pasó una mano por la cara–. Ehh, es un sensor, un sensor.
–Un sensor de qué.
–Un sensor –repetía el pelado, hizo una teatral pausa–. Si llueve, el sensor detecta la lluvia. Y se enciende el limpiaparabrisas, solo.
–Mire –dije–. Si no estoy capacitado, si no estoy consciente como para darme cuenta si está lloviendo, bueno. No sólo no estaría en condiciones de manejar, creo que sería equivalente a decir que no estoy en condiciones de saber si me tengo que limpiar el culo. Tengo derecho a pensar, entonces, que el automóvil que usted me está ofreciendo tiene climatronic porque el automóvil me considera un pelotudo. Y desde ya, usted me considera un pelotudo, también. Lo cual es opinable, pero me resulta un poco antipático como argumento de venta. No sé si me entiende.
–No, bueno. Yo… –Se cubrió la cara con las manos el pelado. Parecía como si estuviera por largarse a llorar.
–No pasa nada, capo –le di una palmada en el hombro, me puse de pie. O al revés–. El auto que me querés vender es una mierda, una total y absoluta mierda. Fracasamos todos, todos quisimos ser otra cosa pero eso ya lo sabés.

3 Comments:

At 3:28 p.m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

Había escrito el mejor de los comentarios que podrías haber recibido, si no fuera porque se cortó la conexión. Ahora va a tener que resignarte a leer una torpe versión.
Parece que das a entender de que el vendedor manifestó su descontento consigo mismo, con el trabajo que tiene. Eso me recuerda al personaje protagonista de la serie Lucifer, que con su mirada hace que los sospechosos de asesinatos revelen sus deseos ocultos y las razones para estar disgustados.

 
At 10:54 a.m., Blogger Frodo said...

En lugar de ponerles tantas giladasa los autos, ¿por qué no inventan algo copado para el limpiaparabrisas? Eso de las escobillas ya no va... quizas digo esto y ya está inventado y yo soy el arcaico. Pero dejame de joder, no funciona.
El auto además ya se tiene que lavar solo. A los que le gusta abrir las puertas y el baúl con reggaeton a todo volumen los domingo a las 3 de la tarde, mientras dejan la manguera lanzando agua a la vereda; que se consigan otro entretenimiento.

¿este era la oficina de reclamos?

Abrazo genio

 
At 4:15 p.m., Blogger J. Hundred said...

*el demiurgo de hurlingham! yo creo que doy a entender que fracasamos todos. a algunos se les nota más que a otros, son matices. lo saludo.

*frodo! siempre envidié a los tipos que salen a lavar el auto con despreocupación, con suficiencia, con un balde o con hidrolavadora o con lo que sea. los envidié como envidié a cualquiera que sepa tocar el bandoneón o hacer jueguitos con la pelota, es decir, a alguien que sepa hacer algo que yo jamás podría hacer. y en este caso en particular, los tipos que saben lavar sus automóviles y en efecto lo hacen, mientras los envidiaba sabía con prístina claridad que son unos pelotudos sin alma. habiendo tantas cosas para hacer.. lo abrazo.

 

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