14.12.17

Hacia el azul


Corría, corría por mi vida. Era la noche más oscura que yo pudiera recordar, y corría. Estaba agitado, sudoroso, una leve brisa se mezclaba con el sudor y me enfriaba el cuerpo. Sentía arañazos, las ramas me rozaban la frente o la boca o el cuello o la nariz, sentía los raspones pero sabía que la única opción era continuar, seguir.
Debía escapar, una sensación que no podía ni necesitaba ser verbalizada. Tenía que escapar, tan angustiante, tan indefectible. Me dolían los pies, los desnudos pies, y sobre todo las rodillas.
Correr porque en eso te va la vida, correr y al mismo tiempo saber que no vas a poder, que tu esfuerzo no será suficiente. Que en algún momento, en algún cada vez más cercano momento vas a desfallecer, vas a caer, exhausto, exánime, famélico, y entonces todo habrá sido en vano.
Insistir, seguir, con esa terquedad que iba más allá de toda explicación. La obstinación de ser, de seguir siendo, ‘la tentación de existir’, había escrito alguna vez Cioran. Se me vino la frase a la mente, qué buen título.
Pero no podía, ya no podía. En el borde exacto de mis fuerzas, sentí un pinchazo, la espalda, justo en la base de la columna, me desinflé de un prolongado, lastimero suspiro. De rodillas, las manos hundiéndose en la fangosa superficie, bajé la cabeza.
Entonces abrí los ojos. No, no estaba durmiendo, qué durmiendo. Estaba cogiendo, con vos. Supe que no iba a poder completar la faena. Vos estabas ahí, echada sobre la cama. Era la muerte, era tan triste.

3 Comments:

At 12:55 p. m., Blogger Frodo said...

Queda claro que esto es la segunda parte de tu anterior relato. Tan bueno como aquel otro.
Queda claro que esa mina que estaba ahí en la cama, tiene flequillo Stone.

Queda claro que Vd es vida, Vd es un genio.
Lo abrazo

 
At 1:11 p. m., Blogger José A. García said...

El sexo es un poco como la muerte, si, placentero y lleno de olvido.

Saludos,

J.

 
At 8:24 a. m., Blogger J. Hundred said...

*frodo! mire, a mí no me queda tan claro por qué escribí lo que escribí, ni por qué usted entendió lo que entendió. pero recuerdo la bellísima frase de aquel ícono del periodismo, don bernardo neustadt. aquello de ‘no me dejen solo’. así que lo abrazo y le agradezco.

*josé a. garcía! placentero y lleno de olvido es una combinación de lo más satisfactoria para mí. quiero decir, me han sucedido cosas infinitamente peores, no quiero hablar de eso. lo saludo.

 

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