3.9.05

Pérdidas musicales

Admiro y envidio lo indecible a todos aquellos que saben tocar un instrumento. A mí la música me fue negada. No estoy dotado, ni fui instruido, y de esa triste combinación nada puede surgir en la materia.
La música, ah, la música.
Sin embargo, cuando veo a esos ángeles cargando sus contrabajos y sus saxofones en cualquier medio de transporte público, diviso ante mí un minúsculo alivio. En mi caso particular, existen oportunidades donde a duras penas consigo cargar con mi birome.