2.4.05

Mi vida como docente

‘Lo esencial es invisible a los ojos’, dijo el Principito, o Saint Exupery. Ahora bien, les pido que reflexionen por un momento. ¿Qué quiso decir con esto?
La clase hizo silencio. Algunos parecían pensar. Otros tenían sueño. El resto, en general, se limitaba a dejar que transcurriera el tiempo de manera indolente, como sólo pueden hacer los jóvenes.
Observé a la chica de la tercera fila; la chica de pechos evidentes en medio de sus dos amigas flacas como ramas, todavía sin haber alcanzado síntomas físicos de desarrollo. La chica que en cada gesto parecía traslucir que sabía algo en relación con los muchachos, algo que sus amigas todavía no sabían. La chica que en su sonrisa dejaba en claro poseer la certeza genética de saberse objeto de deseo.
Me pareció que iba a levantar la mano, mientras mordisqueaba la goma de su lápiz, para responder.
‘No, la billetera no, Tatiana’, le dije.