7.11.17

Another Pereyra


Me fui una semana al sur. Necesitaba descansar, sentía que me estaba pasando por encima el Flechabus de la vida, no daba más. Me estaba viendo con una chica que había conocido unos diez años antes. Nos cruzamos por la calle, pareció contenta de verme otra vez, la invité a cenar.
La cosa fluía, ella estaba divorciada, yo me quería pegar un tiro en las pelotas como de costumbre. Se quedaba a dormir en casa los jueves, nos llevábamos bien.
Le dije que necesitaba descansar, quedarme mirando un lago y ver si se me lavaba un poco el bocho. Le pregunté si se podía tomar unos días en el trabajo, la invité, dijo que sí.
Reservé en un buen hotel en Villa la Angostura, la idea era hacer un par de caminatas, había estado varias veces y conocía buenos lugares para comer. Puede que Villa la Angostura fuera mi lugar en el mundo, o quizás fuera simplemente un lugar donde me sentía bien.
Avión a Bariloche, hotel de primera línea, buena comida, coger un poco. Al segundo día empecé a dormir siesta, para alguien que había tenido la crisis de los cuarenta a los once era una buenísima señal.
Pedí un taxi para que nos llevara hasta la base del cerro Bayo. La idea era subir al cerro, ver las cosas desde arriba, respirar un poco, pasear. Hacer tiempo hasta el mediodía para elegir adónde ir a comer.
Vino el auto, nos subimos. Le dije al conductor que nos llevara al Bayo. Salió a la ruta, era un precioso día de comienzos de Diciembre. Poca gente, todo fine.
–Disculpame –vi que el conductor me miraba por el espejito retrovisor. Me hablaba, a mí– ¿Juan?
–¿Eh? –Lo miré.
–Sí, sos Juan. Claro que sos Juan –dijo y golpeó el volante con una mano–. Soy Pereyra.
Lo miré.
–¡Pereyra! –Se rió–. Nos sentamos cerca en primer año de la secundaria. Hipólito Vieytes de Caballito. Después me cambié de colegio, nos fuimos a vivir a Entre Ríos.
–Pereyra –asentí–. Mirá vos.
–Sisi –dijo, aceleró–. Las vueltas de la vida, Juan.
–Increíble, la verdad –Le palmeé un hombro.
–Me acuerdo las clases de gimnasia. ¿Te acordás cómo nos rateábamos de física para ir a jugar al pool?
–Genial –dije–. Y comprábamos esos cigarrillos de mierda.
–¡Siii! –dijo Pereyra–. No sabíamos ni cómo fumar.
–Qué locura –dije yo.
–¿Y cuando nos íbamos a pelear contra los del Huergo?
–Sí –dije–. Había que pelearse, eh. No podías arrugar.
–Las peleas que se armaban –se reía, Pereyra, se pasó la mano por el pelo–. Todos contra todos, no sabías ni a quién le estabas pegando.
–Una barbaridad –dije–. Lo importante era pelearse. Después nos sentíamos genial.
Agarró una rotonda, Pereyra. Al rato dobló a la derecha, volvió a doblar.
–Bueno –dijo–. Llegamos.
–Bueno –le pagué, amagó con no aceptar–. Por favor, estás trabajando. Una alegría verte.
–Mirá dónde nos venimos a encontrar –dijo Pereyra. Ya habíamos bajado los dos del auto. Le di la mano a través de la ventanilla–. Cómo pasa el tiempo.
–La verdad –dije.
Se fue por el camino por el que nos había traído. Por suerte andaban los medios de elevación para subir al cerro. Arriba la vista era bellísima, te parecía que el aire te pinchaba los pulmones. Cuando mirás la naturaleza, algo que no haya sido tocado por la mano del hombre, te parece que la vida no es tan mala, que todavía tenés alguna posibilidad.
Al mediodía, mientras almorzábamos en una parrilla cerca del centro, Mónica me dijo.
–Qué loco, cómo te reconoció el conductor del taxi. Las vueltas de la vida.
–No lo conozco -dije, terminé mi vino de un trago–. No sé quién es, la verdad.

6 Comments:

At 9:20 a.m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

Parecía que la historia iba a ser la relación con esa chica, el viaje. Pero se desvió la conversación con el taxista. Un interesante giro.
Está claro que el taxista reconoció. Si es cierto que no tenías idea de quien era, entonces inventaste todas esas anécdotas y el taxista fingió que eran como las contaste.
Bien contado.

 
At 2:08 p.m., Blogger Juan Sebastián Olivieri said...

"...No lo conozco -dije, terminé mi vino de un trago–. No sé quién es, la verdad..."

Extraordinario.

Las conexiones que no tienen que ser hay que arrancarlas de cuajo

 
At 10:31 p.m., Blogger Frodo said...

Cierta vez se me ocurrió enviar un impostor a mi reunión de egresados. Lo busqué algo parecido y lo envié con instrucciones. La reunión fue todo un éxito, mis compañeros le contaron a mi impostor numerosas anécdotas de profesores y compañeros que él desconocía... pero se reía como el mejor actor de reparto. Incluso (ya entonado por un par de cañas) se animó a inventar una historia de la cual todos fingieron acordarse y se rieron como locos... toda la noche.
Volvió contentísimo, me dijo que mis ex compañeros eran unos fenómenos y me dijo que aunque fuere gratis al año siguiente me reemplazaría. La reunión, todo un éxito.
Mi sorpresa fue al ver la fotografía de la reunión... ¡no conocí a ninguno! ¡Todos impostores!
¡Falso Ozores riéndose a carcajadas, falso Zambini posando, falso Ñandú haciendo payasadas!

Esto sería una genialidad mía, si no fuera ya que es una genialidad de Alejandro Dolina.

No se si es bueno o malo para Vd. Pero está en el mismo podio que el Negro.
Vd. es un genio!

Con lágrimas en los ojos, lo abrazo

 
At 8:37 a.m., Blogger J. Hundred said...

*el demiurgo de hurlingham! lo verdaderamente importante de la historia es que después, con la chica, sin pereyra, subimos al cerro bayo. y la vista era preciosa, quédese con eso. lo saludo.

*juan sebastián olivieri! es que no lo conocía, me dio no sé qué interrumpirle la montaña rusa de recuerdos. lo abrazo.

*frodo! la historia, de dolina, suya, es muy buena. tantas veces he sentido, en la vida laboral sólo por poner un ejemplo, que estaba en medio de una cámara oculta, que seguro todos los participantes eran extras contratados para romperme las pelotas. lo abrazo.

 
At 11:03 a.m., Blogger Marina Filoc said...

Hola, muy lindo el relato. ¿Al demiurgo le pagan por hacer ese tipo de comentarios? ¿Cómo es la cosa en la mafia blogger? ¿Te comento me comentas? ¿Te sigo me sigues? Soy sola y nunca supe de este tipo de relaciones entonces nadie mecomenta ¿Mecomprenden? Gracias deante mano.

 
At 9:07 a.m., Blogger J. Hundred said...

*marina filoc! estimada, ya no existe la mafia blogger. en algún momento era así, me comentás te comento, me la mostrás te la muestro, como los chicos. luego todo el mundo huyó al twitter, debo haber quedado yo y un par de infelices más. quería escribir, no puede evitarlo. en cualquier caso, entiendo que su via crucis personal e intransferible la llevó a buscar al mismísimo perro verde, además de ser una notable autora de teatro. para qué quiere que alguien le comente el blog? ah, y si quiere puede llevarse al demiurgo, un rompebolas mayúsculo, aunque tiene sus momentos. se lo envuelvo para regalo. algo más: puede que usted no tenga nada para decir, o que lo que usted tiene para decir no le interese a nadie. es una posibilidad, no la descarte. la abrazo.

 

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