21.5.17

Me gustan los perros


A la mañana, cuando arranco, camino tres o cuatro cuadras hasta llegar al bar donde tomo un café. Avanzo por C., doblo en F., y me estoy cruzando, porque debemos arrancar más o menos a la misma hora, con un paseador de perros. El asunto es que deben haber echado al paseador anterior, y apareció un pibito nuevo. Un pibe joven que evidentemente no domina todavía su trabajo, los perros no lo respetan y se nota que el pibe la pasa mal. Grita, patea, pero los perros no le llevan el apunte.
Hice la de todos los días, para arrancar. Me lo encontré, al pibe, debía estar con doce o catorce perros, algunos luchaban por escapar, otros intentaban cogerse a alguno de los perros que estuviera distraído, otros ladraban a más no poder. El pibe luchaba por poner algo de orden, pero se lo veía desesperado.
–Hola –dije, el pibe me miró– ¿Querés que te ayude?
El pibe no entendía a qué podía estar refiriéndome. Intentó alejarme haciendo un movimiento con la mano donde tenía las correas enrolladas, miró hacia abajo, hacia el perro que le ladraba como increpándolo, negó con la cabeza.
–Mirá –le dije. Hice una pausa, lancé un chistido, un solo chistido y me puse a mirar fijo a un ovejero alemán que debía pesar unos sesenta kilos y mostraba los dientes.
De inmediato los perros comenzaron a acomodarse. Uno al lado del otro, en fila, como si me estuvieran dando el presente. Todo se ordenaba, se desenrollaban las correas como por arte de magia, un pekinés pasó por debajo de un dogo, un cocker con cara de preocupación se puso al lado de un perro atorrante y bigotudo. Quedaron todos sentados, jadeando apenas, en el más absoluto silencio.
–Increíble –Me dijo el pibe, que recién pudo respirar un poco, aliviado.
–¡Hop! –Dije. Levanté una mano y apunté con un índice hacia arriba, como si estuviera señalando al cielo cargado de nubes.
Los perros se acostaron de a uno empezando por una punta de la fila. Como si de una coreografía se tratara. Se fueron echando de lado y así permanecieron.
–Pará –me dijo el pibe–. No puede ser. Falta que me digas que los podés hacer cantar.
–Claro –dije–. Fijate.
Alcé ambas manos como si estuviera levantando un objeto, abrí los dedos. Los perros comenzaron a aullar ‘love me tender’. Un caniche desfinó y fue de inmediato corregido por un bull dog que tenía al lado y que le puso mala cara.
–Ah bue…
Hice un movimiento brusco, como si estuviera agarrando una mosca que me diera vueltas sobre el pecho. Los perros dejaron de aullar.
–Bueno, me tengo que ir –dije.
Al día siguiente, arranqué para ir a trabajar. Me lo crucé al pibe con los perros, venía con dos pibes más.
–¡Es él! –dijo el pibe–. Van a ver lo que hace, no lo van a poder creer.
Me pidió, el pibe, que se llamaba Freddie, que hiciera, o mejor que les hiciera hacer a los perros algunas de las cosas que habían hecho el día anterior.
Chisté, levanté las manos. Nada. Nada de nada. Los perros ladraban, uno hasta intentó morder a Freddie. Un verdadero caos. Se burlaban los amigos de Freddie, que parecían estar drogados. Saludé y me fui.
Pasaron los días, terminó la semana. De eso se trataba básicamente, por lo general, estar vivo. El sábado a la tarde volvía de un almuerzo, dejé el auto y se me ocurrió ir hasta el supermercado a meter una compra.
Entonces lo vi. Atado a un palo, en la puerta del super. El ovejero alemán que venía siempre con el paseador. Aburrido pero expectante, aguardando a su dueño.
–Hola, qué hacés –Me arrodillé a su lado, de costado, para que pudiera olfatearme y reconocerme. A pesar del tamaño y de su amenazador aspecto, sabía que podía acariciarlo sin problema. Sentía su energía.
Le rasqué un poco el lomo, y entre las orejas. Me acerqué, lo abracé, se tocaron nuestras orejas. Me gustan los perros.
–Disculpá lo del otro día –me dijo al oído–. Pero no podemos hacerte caso delante de mucha gente. Nos caés bárbaro, a mí particularmente, pero nosotros queremos seguir boludeando, que nos saquen a pasear, no hacer un pomo. Si se descubre que podemos obedecer órdenes, que entendemos todo lo que nos dicen, podemos terminar laburando de acróbatas en algún circo por poca plata y una comida de mierda. Todo bien con vos, pero preferimos seguir así. Seguro lo vas a entender.

10 Comments:

At 7:54 a. m., Blogger Frodo said...

¡clap clap clap!
Ud. es un genio. Y su personaje (que pareciera ser el mismo que cargaba la media res) un Jesús cosmopolita engañado. En este caso se puso el disfraz del encantador de perros que, cuando tengo la mala suerte de engancharlo en la TV, estoy deseando que los perros se le rebelen, lo morfen o lo dejen de garpe como a su personaje.

Cada vez que me voy a laburar y veo a Pepito dormir como tronco pienso que es un piola bárbaro y yo el de la especie gilún.

Abrazo!

 
At 10:40 a. m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

Me sumo a los aplausos. Creo que hay algo de sabiduría en ese perro. No hacer nada y comer, pasear un rato. Mientras que a los perros entrenados los hacen trabajar.
Un relato magistral

 
At 10:49 a. m., Blogger Leandro said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
At 10:50 a. m., Anonymous Anónimo said...

"Me copa tu sinceridad", me dijo una fémina este fin de semana. Algo así como el ovejero. Ella también quería quedarse así, piola, sin cojer. Al menos conmigo. Otra genialidad Hundred. La posta de la vida esta lejos de los perros que hablan y mas cerca de los que duermen al sol, evidentemente.

 
At 1:36 p. m., Blogger Bob Harris said...

Si mal no recuerdo no es la primera ves que incursiona en la fábula y esta lo hizo de manera magistral.
La descripción de las actividades de los canes mientras están mal llevados en racimo demuestra que en verdad los observa y conoce, tanto, que luego usted me señala una cualidad de ellos que no había tenido en cuenta la de “no avivar giles!”.
Cuanto, pero cuanto mejoraría el mundo si se aplicara un poco mas aquello de “se la persona que tu perro piensa que eres”!
Abrazo

 
At 8:07 a. m., Blogger J. Hundred said...

*frodo! en una oportunidad el señor césar luis menotti dijo ‘no confundamos vértigo con velocidad’. no tengo la más puta idea qué significa, pero suena bien. lo abrazo.

*el demiurgo de hurlingham! yo creo que usted y el subcomandante frodo trabajan en tándem. van a un blog y le dicen, al que escribe el blog, que es un pelotudo, que no sabe escribir, que es un pijamuerta, en fin. luego van y le dicen que es un fenómeno, que es una mezcla literaria de saer, abelardo castillo, onetti, stamateas y belén francese. y luego no sé, supongo que tratan de internar al sujeto en el tobar garcía, se quedan con el blog, lo venden y se van a pasear por europa. algo así sería, así que les dejo una bellísima frase que me dijera mi padre alguna vez, en circunstancias que preferiría no tener que detallar: y si probás trabajando? lo saludo.

*leandro!

*anónimo! mire, si cada vez que una mujer me dijo que no quería coger conmigo me hubieran dado un sobrecito de queso rallado, hoy sería el dueño de sancor. no, no salió muy bien el argumento, faltó vuelo poético, pero usted seguro me entendió. lo saludo.

*bob harris! soy una de las pocas personas con la curiosa capacidad de repetirse y mejorar al mismo tiempo. los perros generan en mí una sensibilidad, una empatía que rara vez me sucede con otra clase de mamíferos medianos. los humanos, a eso me refiero. lo abrazo.

 
At 8:53 a. m., Blogger f said...

dicen que el perro de onetti escribió el astillero.
era un perro manco y lo hizo solo con una uña mal cortada,
tecleando en una vieja remington.
después se mamó y nunca se quiso levantar de la cama.

 
At 8:13 a. m., Blogger J. Hundred said...

*f! cuando leí a onetti por primera vez sentí una indomitable alegría, poder leer a alguien que escribiera así. y sentí una desoladora tristeza, saber que nunca iba a poder escribir así. 1saludo.

 
At 4:51 p. m., Blogger Leandro said...

No entiendo por he suicidado a mi comentario, Hundred, pero el punto era este: su perro, el de su cuento, es una suerte de alter ego de cuatro patas. Lo hubiese invitado con un café y unas medialunas a hablar de culos, de la vida, cosas así. Pinta ser un can de buenas historias.

Siempre, cuando los veo elegir tomar agua de la calle, estancada, en vez de una canilla que gotea, pienso que para ellos es como clavarse un wiscacho medio pelo, o una birra en el cordón de la vereda, literalmente.

 
At 10:42 p. m., Blogger Dany said...

Voy bien hoy.....otro de los buenos. Abrazo!

 

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