14.4.17

La vida en colores


Después de hacer un curso de meditación, Tamara fue a un curso de respiración. Una amiga le había recomendado el curso, le había dicho que el instructor había vivido varios años en la India, el instructor había vivido en un ashram.
De ahí Tamara pasó al yoga sin escalas. Meditaba, respiraba, hacía su rutina de asanas con férrea tenacidad. Se despertaba a las siete menos veinte cada mañana y hacía lo suyo, durante cuarenta minutos. No se la podía molestar.
Después se bañaba, comía dos frutas y se iba a trabajar. Había encontrado, Tamara, después de tantos años, lo suyo. Se sentía más calmada, alegre, ya no tenía dolores de cabeza, le brillaba la piel. Había adelgazado, estaba siempre de buen humor, había entrado, como ella decía, en una dimensión espiritual. Ahora veo la vida en colores, le había dicho en una oportunidad a su novio, Gabriel.
Se había hecho vegetariana, Tamara, había dejado de fumar, no tomaba alcohol, ni siquiera una cerveza. No podías comer nada que hubiera tenido ojos. Porque si comías algo que hubiera tenido ojos, al comer absorbías la tristeza del animal en el momento de su muerte. Si comías carne, por ejemplo, eras un asco de persona que ni siquiera alcanzaba a comprender en qué consistía su paso por la tierra. Satanás, belcebú.
Tamara sentía que crecía como ser humano, se elevaba. Estar viva era suficiente motivo para estar contenta. Su vida, por decirlo de algún modo, no paraba de mejorar.
Hasta que un domingo a la mañana Gabriel le dijo que se iba. Bah, en realidad la que se tenía que ir era Tamara, porque el departamento era de Gabriel. Le dijo, Gabriel, que hacía unos cuatro meses que se estaba viendo con otra chica. Ante la insistente mezcla de asco y estupor de Tamara, Gabriel se vio obligado a dar algunos detalles. La chica con la que se estaba viendo se llamaba Paola, trabajaba de cajera en un supermercado. Solían ir todos los martes a una parrillita de Parque Patricios a comer, tomaban un vino de calidad media y después se iban a un hotelito cualquiera. No, Paola no estudiaba, le gustaban mucho los alfajores y las telenovelas. Tenía un perro que se llamaba Max.

12 Comments:

At 3:16 p. m., Blogger nilda said...

Tuvo alguna vez un analista lacaniano. Probó mas tarde con la bioenergía, pagandoles platales a una trainer que había sido instruida por una machi en la Patagonia, con terapias de los pueblos originales, para bajar el stress.
Hacia yoga, militaba con un colectivo de mujeres, estaba comprometida con varias causas, algunas que hacían algo de ruido entre sì.
Con cuarenta , le podían dar treinta (pilates, comida orgánica la mas de las veces, compraba viandas congeladas aunque a veces se atiborraba de chocolates belgas, por que para hacerla, la hacemos bien)
Como le sobraba tiempo, y le pagaban una fortuna por trabajar en su casa on line con la oficina, reina del homeworking, había emprendido la tarea de encontrar su ser. Otras mientras homeworkiaban, atendían la cría. Ella era sola; una elección ¿eh? Muy pensada. No tener hijos le daba resto para tomar, por ejemplo, ese taller literario en el Rojas, y un día que él –su tallerista, no lo nombramos acá por que es famoso y entre los que leemos libros todos nos conocemos, esto es como una kermesse de iglesia- estaba en vena, y no alucinaba como casi siempre, tocándose sus enormes y pelirrojos bigotes le dijo que era buena.
Vamos, entre nosotras, esa mujer no tenia muy claro (a pesar de haberlo hablado tanto) si estar sola era una elección o un destino.
Todas las pelotitas danzaban armoniosas en el aire, cual pelotas de entrenado joven de posición marginal en esquina de avenida, haciendo malabares.
Pero no daba más.
Parada, esperando que le entregaran el pedido en el take away del restò de comida vietnamita, que habían puesto donde antes había un negocio de arte, y antes una tienda de diseño, y antes, (mucho antes) una verdulería de barrio, tuvo una iluminación.

Una vez en el departamento,hizo una pila de las cosas innecesarias, que había comprado con unción de creyente, pensando en que ya encontraría forma de venderlas, porque su nueva vida iba a necesitar de grandes decisiones. Le vino a la cabeza la palabra desapego, pero la descartó como gilada. No era eso: era algo más simple, mas suburbano.
En un bolso (el de llevar la ropa al laverrap) puso básicos.
Paso por el cajero, retiro cinco lucas, paso por el banco -casi cerraban- sacó el resto. Obvió la tentación de llamar un radio taxi, camino cinco cuadras, llego a la Estación Pacifico, tomó el subte D, hizo la combinación, y sacó pasajes para el bus ( no se llama bus, el nombre correcto era micro) a San Clemente.
En la terminal se compró un matelisto Taragui.
Durmio sin sueños las cinco horas. Tampoco habia tomado clonazepan. Nada: un sueño legitimo. La terminal estaba semivacia, mitad de semana en abril, Pero el tiempo era bueno. Nada de viento.
Y en la arena, sentada, sorbiendo (años que no tomaba). como si el sabor verde fuera la magdalena de proust, mirando a rabiar el mar marrón que ese día era puro Río de la Plata, en la arena negra, y riéndose de si misma, mientras, además lloraba como un surtidor, supo exactamente quien era.
En la vida del Héroe hay un viaje. Para algunos es traspasar el océano, para otros se trata de volver.

 
At 9:27 a. m., Blogger Frodo said...

Buena entrada Nilda!
Eh, digo...Juan. Las Paolas que tienen como pretensión máxima tener un perro de nombre Max le dan sentido a esta vida.

 
At 9:42 a. m., Blogger nilda said...

se me fue la mano, lo sabes, lo se.
Pero me parece que es la misma mina. En otro momento.

 
At 2:29 p. m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

Entre la entrada y los comentarios anteriores, me han dejado una duda. ¿conviene más una Tamara o una Paola?
Saludos.

 
At 2:37 p. m., Anonymous nilda said...

Quiza, y solo quiza, podemos ser las dos, segun como se nos mire.

 
At 9:46 p. m., Blogger Jorge Aureliano said...

Yo las prefiero Jenny.

 
At 8:29 a. m., Blogger J. Hundred said...

*nilda! frodo! nilda! el demiurgo de hurlingham! nilda! que nos vaya bien a todos.

*jorge aureliano! tanto se ha hablado de la importancia de ‘las meninas’, de velázquez. Pero a veces no sé, digo, a mí déjenme con las rominas. 1saludo.

 
At 3:37 p. m., Anonymous Anónimo said...

Odio todo. No a usted Juan. Mucho menos a Nilda, Aureliano, Frodo o al Demiurgo, nono. Es que lo primero que me vino al leer las vidas de Paulas y Tamaras, es una especie de tsunami de odio. No se si esta bien o mal ni me importa demasiado, pero Paula si, tiene un lindo nombre.

 
At 8:42 a. m., Blogger J. Hundred said...

*anónimo! y max? odia también a max? ah, es paola, no paula. 1saludo.

 
At 6:12 p. m., Blogger Bob Harris said...

Que se te vaya todo a la mierda de ves en cuando en la vida no es nada fuera de lo común, la cosa es cuando construiste una estructura de creencias y conductas que te aseguran que todo va a ir bien y lo creíste, entonces el golpe es mas duro.
La ruta Zen, el veganismo, yoga; boludeces que a través de un poco de esfuerzo la hace creer que es mejor, mejor que antes, mejor que otros.
Paola, es mas piola, se ríe de boludeces, estar con ella no requiere gran esfuerzo, no es la mas linda y capas que da la cola y, aunque seguro que es un poco grasa, no te rompe las bolas cuando te comes una mollejita que además de engordar era de un animal vivo!!
Como siempre muy bueno lo suyo.
Abrazo

 
At 9:55 a. m., Blogger J. Hundred said...

*bob harris! hacía tanto que alguien no me entendía que ya me había olvidado cómo es, qué se siente. lo abrazo.

 
At 7:45 p. m., Blogger nilda said...

algun día las mujeres vamos a hablar de los hombres como Bob habla de las mujeres, incluso con descripciones de lo que te dan o no. Y ese día tronará el escarmiento.

 

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