21.9.04

Eufrates

Al llegar a las praderas del Eufrates, tuvimos la oportunidad de apreciar la inmensidad del paisaje. Todo parecía inmerso en la más profunda de las calmas. Un rebaño de cabras pastaba sin prestarnos atención, casi ausentes. Hasta los perros cimarrones retozaban despreocupados y casi olvidados de su condición de salvajes. Así, en comunión con la naturaleza, estiré la mano y me serví un choripán.