20.2.24

Jugador


El hombre entra al bar. Alguna vez, hace muchos años, fue un ídolo del fútbol. Un extraordinario jugador, llegó a la selección, inclusive. Se le atribuían romances con bellas modelos de la época, se subía a su descapotable, lentes oscuros, cabello al viento. Lo iban a transferir al exterior y se jodió una rodilla. Ligamentos cruzados. Difícil que vuelvas a trabar una pelota con la misma convicción. Como la primera vez que no se te para, que no tenés ganas, jamás volvés a entrar con la misma confianza al césped del amor. O como si te robaron en la calle y parás en esa esquina esperando que cambie el semáforo pero mirás a los costados un poco más de lo necesario, pensando si habrá alguna forma, si será posible sacudirse del cuello al chimpancé del temor.
Deben haber pasado veinte años pero lo reconocí de inmediato. Está gordo, con poco pelo, con ese andar que tienen los futbolistas cuando se retiran, ese andar que hace que un futbolista pueda decir si alguien fue futbolista o no con sólo verlo cruzar la calle. Un rictus en la cara, algo en el tobillo o en la rodilla siempre, un persistente dolor. La camisa gastada por el uso, la mirada algo embotada de quien se ha pasado la noche bebiendo vino barato, o ginebra tal vez. Prende un cigarrillo ya sentado, desdobla un diario, las carreras. Pide un café sin levantar la vista, intenta juntar fuerzas para otro día completo hecho de noticieros y recuerdos y el tiempo que gotea como melaza sobre el parquet.
Pienso, no puedo evitar pensar, qué es peor. Si no haber saboreado jamás la mermelada del éxito, la tribuna que ovaciona, el aplauso, los reportajes, la mirada de alguien que te reconoce y de inmediato sonríe por un gol que recuerda o una canción que compusiste, alguien que te quiere abrazar o decirte ‘gracias’, o ‘grande, campeón’. O haberlo tenido, haber estado ahí, haber sentido que la vida era como deslizarse por una pista de esquí con el sol en la cara y la nieve que parece acariciarte la planta de los pies y perderlo todo después, saber que no vas a volver a sentirlo, no vas a volver a rozar esa sensación nunca más.
Pienso qué es peor, y termino mi café.

4 comentarios:

WOLF dijo...

Noto que en mi ausencia su talento permaneció intacto... No como yo.
Lo saludo con un poco de sano rencor...

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Creo que es peor no haberlo tenido nunca.
Sí se lo pierde todo, es mejor haber saboreado los grandes placeres, como las más bellas modelos.

Frodo dijo...

Esto que le cuento es verdad: a un gran amigo mío le sucedió casi exactamente eso. No era mi amigo cuando era deportista y tenía una carrera creciente. Su familia giraba en torno a cosechar las futuras riquezas que le depararía su talento, se despertaba temprano, iba a entrenar bajo el sol, tomaba agua, viajaba con seleccionados juveniles al Viejo Continente, firmaba contratos con marcas para prestigiosas revistas. Un día conoció la noche. Muchas noches más adelante me terminó conociendo a mí en el baño de un antro rockero. En relidad yo sabía quién era, él jamás me había registrado. Pero su caída ya había sucedido: el piso era donde yo estaba. Anteriormente había salido a las jodas más caras, se había emborrachado, había ido a entrenar mal dormido, se había lesionado, no había hecho la rehabilitación, pasó de la reserva de un club de primera a uno de B metro, luego a uno de la C, se peleó con compañeros, referís y alcanzapelotas. Así fue que cayó en el antro donde estaba yo. La vida lo empujó hacia mí cuando ya cayó derrotado por completo.

El que era suplente de él en primera jugó en la selección, se acostó con modelos y vive en Inglaterra con sus millones de dólares. Cada tanto da entrevistas.
En cambio el finde largo que pasó fui a la casa de mi amigo y tomamos unas birras, nos cagamos de larisa recordando algunas de nuestras mejores noches, por ejemplo aquella vez que caímos en un pool de Liniers donde sonaban cumbias, pero también cumbia santafecina, y algo de cumbia colombiana, y como vimos que en la rockola estaba Flashpoint nos gastamos lo que nos quedaba poniendo todos los temas. Por la mitad del disco tuvimos que salir rajando y colgarnos del 117.

Lo abrazo

J. Hundred dijo...

*wolf! wooo ooo oolf! pero qué dice, mi viejo. yo siento que estoy cada vez más solo. saludos.

*el demiurgo de hurlingham! para algunos no haber sido jamás nada, para otros el dolor de ya no ser. saludos.

*frodo! lo importante es saber que las cosas se rompen, así los puentes como las rodillas. fatiga de materiales, tema delicado. saludos.