12.2.16

Algo que me cambió la vida


Fue raro, lo admito. Podés llamarlo casualidad, aunque yo no creo en las casualidades. Tampoco creo en el destino.
A ver. Me mudé, me mudé de departamento. La idea era tomar distancia de Miriam. Vivíamos juntos pero no nos soportábamos. Lo mejor era alejarse.
Aproveché que tenía ahorros, compré un departamento. Quería vivir en un lugar lindo, tratar de estar motivado con algo para no bajonearme.
La habitación que iba a ser mi ‘estudio’. Donde pensaba sentarme a fumar puritos holandeses y a escribir. Donde iba a estar la computadora. La esposa de un amigo que es arquitecta, me dio un consejo.
–No pongas un escritorio, Juan. Poné un tablón –ese fue el consejo. Poner un tablón de una madera buena, de punta a punta del cuarto, amurado a la pared. Sería un gigantesco escritorio donde apoyar cosas, sentirme cómodo. La idea me pareció fantástica.
Pero. Siempre hay un pero. Entre la teoría y la realidad. Las cosas salen mal, las cosas fallan.
Yo estaba yendo y viniendo, peleándome con Miriam, tratando de conservar mi trabajo, que la vida no me pasara por encima. Te la hago corta. Pusieron el tablón para el culo. Veinte centímetros más alto que la altura standard de un escritorio, se te acalambraban los hombros después de escribir media página. El arquitecto era (y creo que sigue siendo) un pelotudo.
Me mudé. Me tenía que mudar y me mudé, claro. Pero el cuarto estaba inutilizable. Todo ese tablón absurdo que sólo servía no sé, para apoyar un pedazo de queso cuartirolo. Ni hablar de sentarse a escribir, probé levantar la silla pero quedaba apoyado en puntas de pies como un maldito suricato. Ridículo.
Sigo. A los dos meses conseguí otro arquitecto, hermano de un amigo. Un pibe que hablaba poco y fumaba en pipa. Arreglamos para sacar el tablón.
Mi temor era tener que volver a romper la pared, hacer moco la pared, que se quejaran los vecinos. Además, en ese cuarto estaba un armario con ropa, y la biblioteca. Mis libros.
Muy correcto el pibe, muy amable.
–No te preocupes, Juan. Yo me encargo –dijo.
La historia parece un poco larga, lo sé. Un poco absurda. No va a ninguna parte. Pero bueno, si estás leyendo es que tampoco tenés demasiado para hacer.
Vino el pibe, un día antes del operativo ‘extracción de tablón’. Acá viene lo importante.
El pibe vino a ‘proteger la zona’. Esa era mi preocupación. Me había mudado hacía pocos meses, no daba más. No quería un solo quilombo más, tenía los nervios destrozados. Sólo seguir viviendo, uno aprende a conformarse. Pulsión de vida.
Tocó timbre el pibe, debían ser las cuatro de la tarde. Trajo dos rollos. Grandes, rollos, ponele, de un metro y medio de altura. Uno era de cartón corrugado. El otro del plástico ese con las burbujitas que se revientan. Ese polietileno que se usa para embalar frágiles objetos. Y trajo cinta de embalaje.
El pibe tapizó el piso del cuarto. Con cartón corrugado primero, con el plástico por encima, después. Grandes trozos pegados con cinta de embalaje. Cubrió la biblioteca y el armario también. Y se fue.
Y justo vino Miriam. Era de noche. Me dijo que estaba cerca, había salido de una clase de gimnasia. Hacía más de un mes que no nos veíamos, quiso pasar a saludar.
Le mostré el departamento, no lo conocía. Le llamó un poco la atención que me hubiera ido a vivir a un barrio más fino. Yo había argumentado durante mucho tiempo, la importancia del sufrimiento para ser escritor. Pero lo cierto era que me la había pasado sufriendo bastante, y lo que había escrito era en líneas generales una cagada. El arte nace del dolor, solía yo decir, estaba seguro, ponía cara de profundo. Pero en mi caso el dolor había venido sin arte. Un dolor que vino mal de fábrica, no sé.
–La gente es una mierda independientemente de su nivel socioeconómico –dije–. Acá por lo menos es más lindo el paisaje.
–¿Se puede pasar? –dijo ante la puerta del cuarto donde estaba el tablón. Asentí.
No sé si justo se agachó, o quizás se tropezó. La besé, la abracé. Nos pusimos a coger, como desesperados, como famélicos animales, ahí, sobre el polietileno ese que se usa para embalar, sobre el cartón corrugado.
Fue, de lejos, el mejor polvo de mi vida. Ella tenía un orgasmo y se reía y se agarraba la cabeza, y me decía ‘no sé qué me pasa’. Y volvía a temblar.
No, no volví con Miriam. De ninguna manera. Era una etapa terminada.
Lo que te quería decir es que ahora dejé un cuarto preparado así, con cartón corrugado en el piso, y arriba ese polietileno con burbujitas. Cuando meto a alguna chica en casa la cojo ahí, sobre el piso.
Quedan fascinadas. Las tengo que sacar a los empujones, se quieren quedar a vivir conmigo.

7 Comments:

At 8:42 a. m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

Que interesante. Tuviste un interesante epílogo con Miriam. Y un lugar propicio para intimar con otras mujeres. ¿Cómo será tener que echar a mujeres que se quieren quedar a vivir?

 
At 2:22 p. m., Anonymous Viejex said...

"Un dolor que vino mal de fábrica, no sé" No creo que su arte sea una porquería como usted mismo dice, desde ya, pero me gustó la humorada.

Saludos.

 
At 3:47 p. m., Blogger Agustin said...

Muy bueno el relato, el plastico se podía limpiar o se acumulaban los fluidos con el tiempo?

 
At 10:02 a. m., Blogger J. Hundred said...

*el demiurgo de hurlingham! le explico, brevemente. usted, en determinado momento después de la fornienda, puede ser al día siguiente, dice ‘bueno, me tengo que ir’. me tengo que ir de mi propia casa, se entiende. a lo cual notará, si está atento, un movimiento casi imperceptible de la mujer, que consiste en pegarse, con la espalda, al respaldo de la silla. es entonces cuando usted, con un movimiento dotado de energía pero no exento de ternura, debe tomar a la mujer, con una mano, con una mano suya, del brazo, del brazo de ella, la parte del brazo que se encuentra encima del codo, o sea que no es antebrazo sino brazo. y entonces, puede ser con una dulce sonrisa o mirando al horizonte, a la nada misma, debe ejercer, usted, cierta presión ascendente, es decir, el movimiento es mucho más hacia arriba que hacia adelante, aunque la mujer esté de pie lo mismo da. y dice, usted ‘vamos’. no es que vamos ya, quizás la mujer está desnuda, quizás le falta bañarse o vestirse o lo que fuera. pero en esa presión en el brazo que dura un segundo nomás, usted le está transmitiendo, a la mujer, que se encuentra dotado y preparado, usted claro, quién otro, para tirarla, a ella, por la ventana si fuera necesario. es gratis, no me debe nada.

*viejex! ‘un dolor que vino mal de fábrica, no sé’. la verdad, tengo mis momentos. qué dice, viejex, lo extrañé.

*agustin! es de tremenda importancia el punto que usted menciona. porque así como alguna vez el señor césar luis menotti dijo aquello de ‘no confundamos vértigo con velocidad’, y el señor héctor ‘bambino’ veira dijo ‘para ser profundo hay que ser ancho’
(y aquí debiéramos ser cuidadosos y permanecer dentro del estricto plano de lo deportivo, sin pasar a situaciones que hacen a la vida privada de las personas y que pueden volverse infinitamente más delicadas). bueno, usted parecer estar diciéndonos ‘no es lo mismo plástico que plastificado’. para resumir entonces, con cambiar, tanto el cartón corrugado como el polietileno con burbujitas, una vez por mes, es más que suficiente. no olvide usted que, bueno, con el uso, las burbujitas del polietileno se van reventando. como verá, es un tema muy técnico, relacionado como todo en este mundo con la fatiga de materiales.

 
At 1:13 p. m., Blogger Viejex said...

Andamos, Hundred, no me quejo.
Ahora lo leo sin ver culos en la playa, pero puedo bajar porno por wifi.
No hay secreto de la felicidad. El sucedáneo más cercano quizás sea conformarse.
No es lo mismo, claro, pero acá estoy.

Como escribió el gran Pichuco:
"Alguien dijo una vez
Que yo me fui de mi barrio,
Cuando? …pero cuando?
Si siempre estoy llegando! "

 
At 2:14 p. m., Blogger Dany said...

Hay demasiado dolor sin arte. Aproveche el suyo ( arte o dolor) al igual que con el polietileno y el corrugado. Abrazo!

 
At 11:29 a. m., Blogger teckloide said...

La casualidad de tamaño descubrimiento no es coincidente con la importancia del mismo , lo pongo a la altura de la penicilina , la radiación y las bebidas alcohólicas fermentadas. Pondré en práctica su sistema y le cuento (no le debo nada verdad? si acaso unas birras cuando ande de paseo al otro lado de Los Andes) . Un abrazo desde Chile.

 

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