18.2.14

Cosas terribles


       ​Le dije, muy serio, que había leído durante años védicos papiros, sagradas escrituras, donde se explicaba más que claramente que el mundo terminaría en un mes o dos. Sucederían climáticas tragedias como las que estábamos viendo cada vez más seguido en los noticieros de televisión. Terremotos que partirían el pavimento como si fuera de hojaldre, maremotos que devorarían playas enteras, con sus fantásticos hoteles y sus turistas de perversos apetitos.  Llovería detergente y nafta común y Cepita de pomelo y moco de bebé, la gente contraería pelagra, lepra, psoriasis y botulismo, todo en uno. Por los cambios las ratas, con su fantástico poder de mutación, alcanzarían el tamaño de los perros medianos, desarrollarían la habilidad de erguirse sobre sus patas traseras, y de pedir dinero o queso rallado según les viniera en gana, y de pronunciar palabras como ‘master’ o ‘fiera’ o ‘amigo’. Los sobrevivientes tendrían que acostumbrarse, justamente a vivir, en precarias condiciones, sin ley, saqueando y matando como famélicos lobos. Las computadoras personales y los teléfonos celulares expandirían el virus de la depresión y la locura, ejércitos de zombies empleados por un despiadado poder central recorrerían los pueblos en busca de niños, para llevárselos, para robarles los órganos, para comerlos.
       ​Viviríamos, en breve, el inimaginable pero al mismo tiempo tan temido fin de los tiempos. Como los dinosaurios, nuestra civilización se extinguiría.
       ​Ella se tomaba la cabeza con las manos, negaba, se tapaba los oídos. Tuvo un acceso de llanto. Me pregunto por qué le contaba todas esas cosas terribles.
       ​–Es que me dijiste que no querés coger –terminé mi whisky–. Me gustaría que te sientas no digo tan mal como yo, pero un poquito.

8 Comments:

At 1:48 p. m., Blogger Viejex said...

Magnífico. Ha aplicado usted la justicia con inobjetable eficiencia.

¿Cuantas veces pedimos un mundo más justo creyendo, insensatamente, que pedimos por un mundo más benévolo para nuestros intereses?

Dios nos libre de un mundo más justo!

 
At 11:28 a. m., Blogger Salomè said...

que buen blog, ya lo linqueo.

 
At 11:55 a. m., Blogger J. Hundred said...

*viejex! ha estado usted particularmente (no, no dije 'curiosamente', dije 'particularmente') lúcido. por lo general, cuando la gente reclama un mundo más justo, se trata del amable ropaje con el cual reclamar un mundo más favorable a sus intereses, sus necesidades. el individuo suele carecer de una visión algo más abarcativa y totalizadora. por ser un individuo, más que probablemente. y por ser un pelotudo sin atenuantes, desde ya. lo saludo con respeto.

*salomè! pase, póngase cómoda. deje su ropa al lado de la mía.

 
At 6:02 p. m., Anonymous Gabriel said...

Las calamidades se precipitaran, con justicia, sobre aquellos que, después de un whisky, aún se nieguen a coger.

 
At 8:05 p. m., Blogger Dany said...

Y si....de un buen whisky a la cepita pomelo es el fin del mundo.
Abrazo!

 
At 8:47 a. m., Blogger J. Hundred said...

*gabriel! con mucho pesar debo admitir, que todas las mujeres que no quisieron coger conmigo, me volvieron mejor. aunque las mujeres que quisieron coger conmigo, también me volvieron mejor. pareciera que volverme mejor a mí es una de la scosas más sencillas de este patético mundo.

*dany! a veces siento pena por toda esa pobre gente que no tomó un whisky conmigo. lo saludo sin excesivo afecto.

 
At 1:51 a. m., Blogger Mr. Kint said...

A veces las cosas se decantan en formas terribles. El amargo consuelo está en recordar que siempre podría empeorar. Podría no tener whisky en su vaso; o muchísimo peor, podría ser ese el último cachito que le quedaba en la botella... no quedando lugar para el tan obligatorio como necesario segundo vaso.
Ah, yo soy de los que anhelan alguna vez compartir un single malt con usted, quién sabe alguna vez.
Un abrazo

 
At 2:13 p. m., Blogger J. Hundred said...

*mr. kint! siempre recuerdo la anécdota contada por héctor tizón, sobre sixto palavecino (si me equivoco de personaje, me disculpo, pero era un violinista de folclore, eso seguro) respecto a que la medida, con el whisky, es dos. porque uno es poco, y tres es poco. quizás nos hemos ido tomando ese whisky todos estos años, de la mejor manera. como sin darnos cuenta. lo abrazo.

 

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