El 'brain' ponélo vos, campeón.
12.11.06
De reunión en reunión
El 'brain' ponélo vos, campeón.
Querida
cuando el fracaso justifique lo anterior (–sic–),
cuando ya no tengas tiempo para no tener tiempo,
querida
cuando no te acuerdes qué ibas a hacer con todos tus talentos,
cuando lo que salió mal sea mejor que lo que salió peor,
cuando te de el mismo susto un espejo que un consejo,
querida
cuando los domingos te caigan encima como macetas,
cuando te de miedo dormir con la luz apagada,
cuando no queden risas, ni quejas, ni nada.
cuando llores en el cine por cualquier beso
y te gusten las películas donde ganan los presos
y te espere la gotera, tus plantas, tu perro.
8.11.06
Communism revisited
Es entonces mi parecer que a la hora de compartir, parece resultar conveniente el comenzar siempre compartiendo lo ajeno.
Mal perdedor
Esta actitud, lejos de recurrir a impericias conceptuales de índole cosmético, me vuelve más sabio, más puro.
Eso sí, al que me diga ‘qué hacés, pelado’, lo reviento.
4.11.06
Ida y vuelta
El hombre que volvió de la muerte dice que la experiencia lo cambió por completo. Dice que desde que volvió es otro; está distinto. Dice que no hay que tener miedo. Dice que está escribiendo un libro para contar su viaje, su cambio, su experiencia.
Lo que más me inquieta de sus palabras es que el viaje, su descripción, no difiere en demasía de cualquier viaje en subte.
Dos veces
Recuerdo, vaya uno a saber porqué, aquello de ‘lo bueno, si breve, dos veces bueno’.
Así que, con la libertad que suele otorgar una sinapsis idónea, pienso, digo: ‘lo intenso, si breve...’.
Puta madre.
1.11.06
8
Los otros siete octavos se me han ido en pagar el gas, lavarme los dientes, asistir a un par de cumpleaños. Esas cosas.
Con la rima de tu prima
deseo manifestar
que fui echado con lo puesto
de ese infecto lupanar.
dejo entonces la constancia
de mi humilde berretín;
me habré tomado tres gancias
y asomó mi pitilín.
me paré sobre la barra
y grité ‘¡que me la chupen!
pero que sea con garra’.
aún más triste que el ridículo,
que el dolor, que la maldad,
es la mala voluntad.
28.10.06
Dulce de leche, chocolate
Tampoco se entenderá, no, el significado del diámetro.
Se ignorará por completo en qué consiste el radio.
No se estará ni cerca de acercarse a las enigmáticas y procelosas aguas del número pi.
En resumen, al ingerir un alfajor de chocolate con dulce de leche, no se aprenderá nada de nada. Un alfajor no ha vuelto, jamás, mejor a nadie.
Pero no sabés lo rico que estaba.
Ensimismáte, ¡es gratis!
Se trate de trabajo, se trate de amor, la implícita circularidad del argumento redunda, una y otra vez, en la imposibilidad de imaginar el mundo sin uno. Es decir, el que piensa, no puede imaginar el mundo sin el que piensa, léase él mismo.
En lo que a mí respecta, nunca he tenido demasiados inconvenientes en imaginar el mundo sin mí. Lo que no puedo hacer es imaginarme a mí, sin mí. Eso no me sale.
25.10.06
After Coelho
Concentráte en el ‘cómo’. El ‘cómo’ es para tipos como nosotros; hasta yo me animo a pegarme una vuelta en ‘cómo’. El ‘cómo’ cada tanto te tira un churrasco; el ‘cómo’ es para cualquier salame.
Hacéme caso; donde veas al 'qué', rajá, cruzá de vereda, no digas nada. Lo tuyo es el 'cómo', lo mío es el 'cómo', no jodamos.
Terremotos, tornados
Cómo explicar lo que siento. Cómo explicarlo.
21.10.06
Pesos y medidas
Deseo detenerme en uno de los mails más asiduos, que repiquetean cual pájaro carpintero contra mi ‘buzón de entrada’, o ‘inbox’, o como se llame.
El mail se titula ‘enlarge your penis’.
No me molesta, he llegado a la conclusión, el ‘correo basura’, más que el correo ‘no–basura’, o de interlocutores conocidos. Aprende uno a borrar de manera indiscriminada emails, como quien ha aprendido por las noches a lavarse los dientes. Se requiere de la misma actitud, del mismo empeño.
Lo que me inquieta, lo que me preocupa, es que alguien que ni siquiera se ha tomado el trabajo de conocerme, se atreva con semejante sugerencia.
Ahora, si el email estuviera titulado 'enlarge your soul', bueno, vaya y pase. Quién sabe si no lo leería.
Iluminaciones de índole político
Así que repetí la frase, de pie, imitando la voz del General (especialidad de la casa; no sé imitar la voz de Evita) para luego abalanzarme sobre la chica que me acompañaba. Arrojé un beso que aterrizó en una carótida, y mis manos pugnaron por apretar un seno, manotear una nalga.
Ella se liberó de mis torpezas con displicencia, me arrojó la Mirinda en el rostro, y se marchó dando un portazo.
Fue entonces cuando el peronismo empezó a calar hondo en mí.
18.10.06
Enigmas
Existen, como todos los presentes sabemos, paradojas matemáticas cuya solución jamás ha sido encontrada. Como si desde el fondo mismo de la historia alguien, una entidad superior, se empeñara en fastidiarnos con la sutil manera de dejar como olvidados, aquí y allá, detalles, migas de pan celestial que no pueden ser digeridas por nuestras primitivas inteligencias.
Es en este sentido que aprovecho el cónclave para dejar esbozada, en pinceladas gruesas, una más. Una paradoja más.
La formulo, entonces, para que la misma sea sometida a un minucioso análisis.
Hay más boludos que gente.
15.10.06
má
qué alegría inmensa
aquella plantita
que planté en la huerta
ha dado una flor
una flor solita
tan blanca, tan linda,
¡una margarita!
y yo la arranqué.
¿hice mal, mamita?
mejor hubiera sido
dejarla en la planta
y mostrarle a todos
la florcita blanca.
pero yo pensé:
esta margarita
tan linda, tan blanca,
es para mamita
que tanto me ama.
*por las dudas, se aggiorna el poema a las circunstancias, para esa legión de hombres y mujeres de buena voluntad que a veces no están preparados para la dulzura en estado puro.
*puede utilizarse el que parezca más atinado. dicho de otra forma: táchese el que no corresponda. y más disculpas, porqué no.
mamá, mamita,
disculpá la facha
pero estuve en creamfields
tomando merluza
y no sé quién soy
si pablo lescano
tal vez víctor sueyro
¡beatriz salomón!
pero vine igual.
¿hice mal, mamita?
mejor hubiera sido
lavarme los dientes,
hablar con Miroli,
ir a ver a bó (dale bó).
pero yo pensé:
aunque pishe verde
y ande de caño,
guardo tus caricias
en mi corazón.
14.10.06
Reinterpretación de parábolas bíblicas (desde algún Departamento de RR. HH.)
Desvincúlalos, despídelos.
Envíales el telegrama, de inmediato.
Antes que sea demasiado tarde.
Experimentos de carácter semiótico que te cambiarán la vida
Se toma el chinchulín seleccionado, entonces, y con un diestro movimiento debe uno colocarlo detrás de una oreja. La oreja debe ser propia. La oreja debe ser la que el individuo utiliza con habitualidad para hablar por teléfono.
El chinchulín, que viene de la cocina por lo general con un corte que altera su casi perfecta circularidad, se adaptará de inmediato y con suma facilidad a la oreja elegida.
El chinchulín está caliente. Me atrevería a decir que el chinchulín quema.
Hecha la mencionada operación, uno se ha colocado el chinchulín como si se tratara de un adminículo habitual en los teléfonos celulares de más alto desarrollo tecnológico.
Alguien en el restaurante, porque siempre habrá alguien en el restaurante, o incluso si uno ha concurrido acompañado por alguien de su confianza y estima, habrá observado la maniobra y se lo quedará observando. Al ejecutor. A usted. Que lleva un chinchulín colocado detrás de una oreja.
Puede entonces usted adoptar la postura de quien escucha algo de suma importancia. Puede usted hablar, como si estuviera interconectado con seres de otra galaxia. En cualquier caso, se lo aseguro, usted no escuchará nada, ni recibirá respuesta alguna a sus palabras.
Debe entonces usted pedir la cuenta y retirarse del establecimiento, circunspecto, pensativo pero no apesadumbrado, y partir del establecimiento siendo el original portador de un chinchulín detrás de una oreja.
Y no volver más, al establecimiento. Nunca más.
11.10.06
Un Magritte, en el Reina Sofía
El Hombre 1 contempla el cuadro en silencio; lleva en tal actitud sus buenos diez minutos. Dada la hora del día (es de mañana, temprano; también es diciembre y en la calle hace un frío que pela) la sala está casi vacía.
Se acerca un hombre, en adelante el ‘Hombre 2’. Por la sonrisa en sus labios, y la familiaridad con que se acerca, es evidente que se conocen, que son amigos. Tal vez han venido juntos, no digo a Madrid, pero sí al Museo Reina Sofía.
Se produce entonces, entre el ‘Hombre 2’ y el ‘Hombre 1’, el siguiente diálogo.
H2: ¿Y? Estás mirando el mismo cuadro hace media hora.
H1: Está torcido. Si te fijás bien, está torcido.
H2: ¿Eso? Pensé que te fascinaba esa pintura. No, no está torcido.
H1: Te digo que está torcido.
H2: No creo, che. Quizás sea otra cosa. Quizás tengas un huevo más pesado que el otro.
Abandónico
Recibir entonces, con hiriente meticulosidad, el detalle, el porqué lo de uno no fue suficiente, no alcanzó. Aprender que no se estuvo a la altura de las circunstancias, de las expectativas. Aceptar que uno fue desbordado por la situación, como un nadador más o menos idóneo, a quien el mar decide recordarle quién es el invitado y quién es el dueño del juego.
Ser abandonado, estoy seguro, te vuelve mejor.
Ahora, si sos abandonada, es tremendo. No sé, matáte. Hacé un curso.
7.10.06
Un poco de tic, y un poco de tac
es una chica de quince
que te pregunta la hora
y te dice
'gracias, señor'
Significante, significado
¿Y sobre la teta derramada?
7 epitafios
El tema me parece absurdo y trillado, pero me siento con ánimo de ayudar, así que ahí van un par de sugerencias.
1) Qué loco todo.
2) Qué mirás, gil.
3) ¿Te debo un envase?
4) No voy a poder.
5) Ya sé; salió mal.
6) Por favor, no me lo cuentes. No quiero saberlo.
7) Tenéme paciencia; voy a mejorar.
4.10.06
Descalzo, en África
Me pongo a observar un despliegue inaudito con la más amplia diversidad de calzados deportivos. Se me acerca un vendedor (en adelante ‘V’). El que inicia la conversación soy yo (en adelante ‘Yo’).
Yo: Hola. ¿Estas zapatillas son para correr?
V: Sí.
Yo: ¿Y éstas?
V: También.
Yo: ¿Y éstas?
V (mirando al horizonte, al cielo, a la nada): Sí.
Yo: ¿Todas son para correr?
V: Sí.
Yo: Sucede que veo zapatillas de $ 199, y zapatillas de $ 379. ¿Cuál sería, en grandes rasgos, la diferencia?
V: Estas tienen DMX –señala las de $ 379.
Yo: Ajá, entiendo. ¿Qué es el DMX?
V: Fijáte. Puede que vos necesites que tengan ‘torsion bridge’.
Yo: Torsion bridge... ¿Te parece?
V: Depende si sos más de cross, o adventure, o si estás buscando algo tipo ‘premier road’, con ‘foam impact’.
Yo: Claro, claro. Seguro. ¿Y éstas?
V: Esas son ‘Swara’.
Yo: ¿Swara?
V: No tienen el ‘bridge’, pero tienen refuerzo de polipoliurestanopropilénico.
Yo: Entiendo. ¿Y me conviene con torsion bridge, o DMX?
V: ¿Vos qué querés hacer?
Yo: Correr. Yo debería correr. Necesito zapatillas, bueno..., zapatillas para correr.
V: Estas que ves acá (abarca con sus brazos la pared donde deben estar expuestas, entre ochenta y doscientas variedades de calzado) son parra correr. Fijáte cuál te gusta y me llamás. Yo estoy para eso.
Yo: ¿Vos trabajás acá?
V: Sí, en este piso.
Yo: Gracias. Yo cualquier cosa te llamo
Agradecimiento
Prefiero alguien que no logra ocultar el singular desprecio que siente hacia mi persona; un desprecio natural, sin fundamento. Y aún así, ese alguien decide quererme, por motivos difíciles de discernir. Tal vez desea domesticar su repugnancia; tal vez le gustan los desafíos; ver cuánto es capaz de soportar; descubrir que jamás imaginó cuán lejos podía llegar; maravillarse ante su propia voluntad para continuar, para seguir.
En cualquier caso, considero que cada vez que el fenómeno tiene lugar, que soy querido, es por motivos en su totalidad ajenos a mi voluntad. Como los terremotos, o las catástrofes climáticas.
30.9.06
Mientras le pase a otro
Los comentarios, si se piensa, adquieren ribetes de escandalosa obviedad.
Lo que no entiendo es de qué te reís.
Las aceitunas te cambian la vida
No hace falta que aclare que en los últimos meses el sonido de la puerta del ascensor ha alcanzado entidad de estampido. Y el sonido de las sandalias es un cachetazo. En realidad, dos.
Así estamos.
Aguardo en silencio, en penumbras, oculto tras el respaldo del sillón. Estoy calmado.
Entonces descubre que algo diferente está sucediendo. No hay forma que no lo note. No podría dejar de notarlo.
–¡Pero! ¡Pero qué pasa! –Enciende la luz.
Me pongo de pie, frente a ella. Estoy en shorts. Mi pipa preferida en los labios.
Ella mira hacia abajo. Descubre que el piso del comedor está tapizado de aceitunas. Descubre que ella misma, sus pies, son una isla en medio de un mar de aceitunas.
Se toma con una mano la frente; con la otra, intenta tomarse el corazón. Observa sus sandalias, que han caído sobre aceitunas. Las aceitunas han sido prolijamente desplegadas. Se podría afirmar, sin temor a caer en la metáfora, que el suelo es de aceitunas. Miles de aceitunas.
Las aceitunas brillan de aceite. Algunas, como si de una laguna se tratara, se mueven, cuando alguno de nosotros, ella o yo, nuestros pies, se mueven.
–¡Qué es esto, por Dios! ¡Qué pasó! –Siente que se va a desmayar, pero se detiene en su andar hacia el sillón más cercano. Se resiste a avanzar, se resiste al contacto de los dedos de sus pies con las aceitunas.
Vuelvo a sentarme y miro por la ventana. Los autos se pierden a lo lejos, por la avenida que nunca termina.
No hace mucho, en otra tarde parecida, ella me dijo que nunca nos sucedía nada original, nada diferente. No hace mucho me dijo que se aburría.
27.9.06
Supervivencia
Una mujer escucha, fascinada. Otra sonríe. Otra, con lánguida sutileza, deja su copa de champagne.
El oftalmólogo se muestra encantado de ser el centro de atención. Tendrá unos cincuenta años, y es delgado, con el cabello gris plata, la piel dorada por el sol.
Alguien me toca con un codo, me mira, quiere saber mi opinión. Pierdo de vista por un momento a la chica que se desplaza entre la gente con la bandeja repleta de empanadas. La imagino desnuda, sobre una cama, con todas las empanaditas a su alrededor, a modo de guarnición.
–Lo lamento –respondo–; pero lamento tantas cosas, que una más no creo que me haga ningún daño.
23.9.06
Valeria, Vanesa, Verónica, Victoria, Violeta, Virginia, Viviana
Apoyé mi corazón todavía palpitante, todavía caliente, húmedo, sobre la mesa del bar, entre el plato donde descansaba una medialuna, de grasa, y la jarrita de agua.
Ella pitó un cigarrillo. Jugó con un índice a enroscar y desenroscar uno de sus demasiado maravillosos para ser descriptos bucles color miel. Hizo luego un imperceptible gesto, hacia atrás, dejando que su antebrazo se apoyara contra el filo, el borde donde concluía la superficie de la mesa. El cigarrillo era un dedo más, displicente, humeante, apuntando hacia abajo, a mi corazón.
Y bajó, por un momento, por lo que dura un momento, nada más, sus ojos, para mirarse el vestido, para constatar que no la hubiera salpicado en la maniobra.
Por la oreja
Al cabo de un rato, desistí. El acople, el ensamble, el encastre mínimo y necesario de los elementos participantes no se había producido.
Sin embargo, y aunque parezca inverosímil intentar una explicación, la experiencia había resultado gratificante y satisfactoria. Lo afirmaría ella en ronda de amigas, no mucho tiempo después.
20.9.06
No llueve
Es delgado, mayor. Muy mayor.
Sostiene un paraguas, abierto, por encima de su cabeza. Parece cobijarse aunque sin impaciencia ni temor.
–Disculpe –digo, y señalo con un índice el artilugio–. No llueve, hay sol.
–Le agradezco –me responde con una ínfima inclinación de cabeza, y vuelve a fijar su vista al frente–. Pero esa es su opinión. Yo tengo la mía.
Mesiánico
Me pareció atinado contarle que hubo alguien, alguna vez, narraba la Biblia, que había multiplicado los peces y los panes.
Y que me había tocado a mí dividirlos.
16.9.06
Tres de tres
–Un café, una medialuna de manteca, y un vaso de agua, por favor.
Vuelve el mozo, transcurridos unos tres minutos.
Coloca sobre la mesa un cortado, una medialuna de grasa, y un vaso con jugo de naranja, a todas luces adulterado.
Le digo que me cobre. Cerrada la transacción, me pongo de pie y me encamino hacia la puerta. El pedido ha quedado sobre la mesa, intacto.
–¡Señor! –al parecer, el mozo tiene algo para decirme–. No consumió nada– dice, y señala con la bandeja la mesa de la cual acabo de levantarme.
–No, no consumí nada –digo–. Es que usted se ha equivocado en la totalidad del pedido. Su error ha rozado la perfección. Permítame felicitarlo.
Timming
Todo aquello que deseaba tener, lo tuve. Pero más tarde.
Todo aquello que tengo para decir, lo diré. Lo diré, lo juro. Lo diré más tarde.
13.9.06
Ajeno
Alguien decide que soy un genio, sin ninguna razón aparente.
Alguien descubre que me detesta, por motivos que siempre estuvieron a la luz, pero han brotado con amazónico frenesí.
Todo esto sucede mientras yo, en una calle cualquiera, me rasco la nariz.
9.9.06
Por eso, por eso
‘Si el corazón pensara, dejaría de latir’.
Por frases como esa, es que he tratado de escribir.
Despedida
El sujeto en cuestión, el que se despide, intenta fornicar con mujeres que ejercen el sexo rentado; con animales domésticos, con personas de sexualidad difusa.
El sujeto en cuestión procede a la ingesta de estupefacientes diversos, que cualquier adolescente sabe incompatibles.
El sujeto en cuestión llora, grita, ríe. Intenta tomarse a golpes de puño con un semáforo, en medio de una general algarabía.
El pensamiento que acaricia mi mente es que, excluyendo desde ya el homicidio, la violación, y el secuestro extorsivo, una amplia gama de conductas tipificadas como delictivas, debieran estar sancionadas tal vez, no con la cárcel, sino con el matrimonio.
6.9.06
Pelusas de magia
Pero lo que fracasa, todo lo que fracasa, siempre, fracasa por motivos diferentes a los que uno suponía.
Y eso es, me atrevería a decir, bien mirado, algo entretenido.
Plastilina
El jefe se retira. El muchacho, vaya uno a saber porqué, se subleva.
Se pone de pie. Grita.
–¡Así no se puede! –dice– ¡No puedo hacer la tarea! –dice– ¡No tengo las herramientas!
Gesticula, mueve los brazos, ofuscado.
–Mi estimado colaborador –contesto–; desde salita azul para acá, desde jardín de infantes, desde que me robaron la plastilina, que no tengo las herramientas. Justamente, mucho me temo, que vivir de eso se trata; hacer las cosas sin contar con las herramientas. Pero tómalo como un minúsculo comentario, nomás.
El muchacho se acerca, tal vez con la intención de darme un golpe. Duda, se hace un peligroso silencio. Luego vuelve a sentarse, y me sugiere que pidamos empanadas para el almuerzo.
3.9.06
Mi dosis de preguntas
¿qué me pasa?
¿qué significa este grano?
¿quién se afanó la magia?
¿para qué sirven las fotos?
¿dónde queda Bulgaria?
¿cómo se arregla esta radio?
¿y si no llueve mañana?
¿cuánto cuesta estar vivo?
¿quiénes son mis vecinos?
¿hay atún en esta lata?
qué me pasa, doctor.
qué me pasa.
2.9.06
Sin mí
Yo no podría.
Pescado, pescar
La mujer que me acompaña, en un arranque bíblico, me dice ‘no le des pescado, enséñale a pescar’.
Al día siguiente un mendigo, en la calle, me pide una moneda. Procedo entonces a manifestarme por la negativa. Le digo que no, que no voy a darle un peso, pero que me interesa saber qué circunstancias lo han empujado a su condición de mendigo. Asimismo, le digo, estoy dispuesto a asistirlo en la búsqueda de un trabajo, un oficio acorde con sus habilidades, una tarea que le permita ganarse con dignidad, con decoro, el pan. Puedo ayudarlo, lo sé, en tal dirección.
–Dejáme en paz. Andáte, puto –dice el mendigo, no sin antes dedicarme una reprobatoria mirada.
La mujer que me acompaña me aprieta el brazo, e intenta apurar el paso.
No creo que la ausencia de citas bíblicas implique una disminución de su fe. Tal vez, como cualquier otra actividad, cada tanto precise de un recreo, una pausa.
30.8.06
Larga fila
Si me odiás, sacá número. Talonario celeste.
Si te parece que soy un imbécil, sacá número. Talonario amarillo.
En cualquier caso, por favor, sacá número. Y sentáte por ahí.
Médicos sin fronteras
Esta situación, para ella, no tenía ninguna explicación. No había pasado hambre jamás. Tomaba vitamina ‘c’. Hacía ejercicio.
Reflexioné, circunspecto, un rato. En la radio sonaba Shostakovich. Atisbé a través de su blusa clara, color marfil, un corpiño negro que luchaba por contener unos pechos de turgencia inaudita. Contemplé el pantalón de jean apretado; adiviné un culo redondo, firme. Vi sus labios pintados de un rojo demencial. Vi sus zapatos plateados, con tacos de quince centímetros. Vi los gestos de la mujer; cómo manipulaba su cigarrillo. Vi sus dedos nudosos. Vi sus manos.
Exhalé. Dejé el estetoscopio sobre la mesa, como si se tratara de un animal pequeño y huidizo. Por la ventana se adivinaba una lluvia hecha de quebradizos filamentos; una lluvia que podía durar mil años.
Entonces le expliqué, sin soberbia, sin entusiasmo; era la última paciente del día.
–Es evidente que usted ha comenzado su vida sexual, pongamos, a los quince años. También es evidente, aunque no tanto, que usted tiene, más o menos, cuarenta y cinco años. Está claro que usted ha dedicado la mayor parte de su vida activa, a coger. No creo que tenga usted otra ocupación fija.
En tal sentido, deberíamos pensar en colocarle un burlete en la vagina. Estoy convencido que el frío, las corrientes de aire, ingresan por allí.
26.8.06
Ataque de ego
Me sorprende que sino todos (porque siempre hay algún distraído), al menos la inmensa mayoría no gire sus cabezas hacia atrás, hacia la última fila, y se dediquen a observarme. A mí.
Mi vida es mucho más interesante.
Aproximaciones ingeniosas para la comprensión del aparato circulatorio de mamíferos medianos
Pareciera entonces que la sangre se encuentra diseñada para asistir de manera eficiente a un órgano por vez. Será el estómago; será el cerebro; será el órgano de los mil apodos, que reposa bajo la línea del ecuador.
Habrá que decidir, entonces, si se prefiere una velada con preponderancia intelectual, sexual, o gastronómica.
Pero todo no se puede, bonita.
23.8.06
Bodegones
El mozo, sosteniendo piadosamente, con ambas manos, la bandeja metálica contra su pecho, se limitó a sonreír.
¡Vamos a volar todos por el aire!
Una cajera del supermercado dio un gritito y comenzó a llorar. Otra cajera se desmayó. Vi a un muchacho que aprovechó el momento para esconder un sobre de mayonesa entre sus ropas.
El hombre usaba lentes oscuros, una gabardina de un verde sucio, bajo la cual debía estar desnudo, ya que en un momento dio un saltito y se le vieron las rodillas. Estaba en ojotas. Tenía el pelo cortado a máquina, y de cada pelo parecía colgar una gota de sudor.
–¡Tengo una bomba! ¡Vamos a volar todos por el aire! –dijo.
El sudor le manchaba el cuello de la gabardina. Tenía una mano en alto, un índice increpando al cielo fluorescente, y la otra mano oculta, entre los botones, bajo la tela, junto al corazón.
La policía había enviado un negociador. Pero el negociador no parecía muy convencido acerca de cuál era su rol. Las tres veces que había intentado hablar con el hombre, no había recibido respuesta.
El hombre se había subido a la heladera de los quesos y hablaba desde allí, a un metro del suelo, mirando a lo lejos, al grupo de aterrorizados que no terminábamos de decidirnos entre tirarnos al piso, o salir corriendo y confiar en la suerte de llegar a la puerta antes que todo volara por los aires.
Un carrito abandonado rodó un par de metros, huérfano, sin que nadie se animara a detenerlo.
–¡Vamos a morir todos! ¡Hoy es el día! –dijo– ¡Hoy es el día!
El negociador lucía confundido y asustado. Varias personas habían optado por arrojarse de cara al piso y colocar las manos sobre la nuca, sin que nadie se los hubiera solicitado. Era lo que habían visto en las películas. Era lo que consideraban apropiado.
Me pregunté cuánto tiempo más se podría soportar semejante tensión. A la altura de mi rostro, los paquetes de fideos ‘Don Vicente’ lucían prolijamente alineados. Me pregunté quién corno me había mandado hacer las compras justo en ese momento.
Entonces el hombre forcejeó un poco y su mano oculta salió a la luz. Elevó el brazo por encima de su cabeza. Alto. Bien alto.
–¡A morir! –dijo– ¡A morir todos!
Hubo quienes cerraron los ojos, presagiando lo peor. Hubo quienes se taparon los oídos con las manos, tan fuerte como pudieron. Y aguardaron la explosión.
Antes de juntar valor para empezar a correr como un bendito, miré. Yo miré.
En la mano en alto, donde debía haber, por ejemplo, una granada, el hombre sostenía un salamín.
El salamín era picado grueso. Todavía portaba su correspondiente trozo de piolín amarillo. El salamín lucía algo machucado, debido a la manipulación, al manoseo al que había sido sometido.
El negociador se secó el sudor de la frente, primero, y utilizó el teléfono celular que colgaba de su cuello para avisar a los policías de afuera que ya estaba bien, que podían ingresar al establecimiento.
Agarré dos cartones de jugo Cepita de pomelo rosado, y me dirigí a la caja rápida.
19.8.06
No sabés cómo llueve
La gente que pasa se aparte de mí, como si estuvieran en presencia de un hombre armado. Niegan con la cabeza; me señalan con un dedo; miran en busca de algún policía que esté cerca. Desean advertirle que algo está mal, que hay un hombre bajo la lluvia, que se está mojando.
Y yo me pregunto cómo es posible que alguien que alguna vez, aunque sea una vez, pensó en cambiar el mundo, no consiga soportar un fenómeno climático.
Otra tremenda injusticia de las multinacionales
Por ideas como esta, supongo y temo, es que jamás he podido hacer carrera en los departamentos de márketing de las grandes marcas.
Aunque yo, en caso de ser consultado en público, estaré dispuesto a jurar que se trata de un complot, que soy discriminado por motivos que ignoro, y en los cuales no deseo profundizar.
16.8.06
Sin gracia
La vejez es exceso de información. Haber hecho las mismas cosas, una y otra vez, hasta no recordar qué fue mejor.
La vejez es un ratón pequeñito y dichoso que roe un queso sin preocupación. Al principio le gusta mucho. Después no.
La vejez, no sé, decí algo vos.
Desayuno
–¡Arriba las manos! –dice.
–¡Esto es un asalto! –dice.
–¡No quiero lastimar a nadie! –dice.
–¡La plata, la plata, la plata! –dice.
–¡Nadie se mueva! –dice.
El arma bien en alto, apuntando a un cielo de yeso indiferente. El hombre da pequeños saltitos; avanza un poco como si fuera a iniciar una carrera loca, y se detiene. Retrocede. Vuelve a saltar.
El mozo deposita un café con leche con tres medialunas de manteca, que tenían otro destinatario, en la punta de la barra. Deja la bandeja. Apoya una mano sobre el hombro del muchacho que se sorprende, pero se deja llevar, se sienta sobre la butaca.
Hunde la medialuna en el café con leche, y mastica con frenesí. En la segunda medialuna, deja el arma junto al plato. Engulle las medialunas en dos bocados. Un hilo de café con leche chorrea sobre su barbilla.
Al morder el cabito de la última medialuna, el hombre cierra los ojos; es una fracción de segundo. Su rostro, por lo que dura un instante, reboza beatitud. Mastica. Traga. Termina su tazón de café con leche, apurado.
Se pone de pie. Guarda el arma junto al estómago, bajo el cinto. Abre los brazos. Parece que va a hablar, que va a decir algo. Se limpia la boca con el dorso de una mano.
Sale del bar. Cierra la puerta con sumo cuidado.
12.8.06
Enfoque, perspectiva
Aquel que observa tetas y culos, mucho me temo, no está observando cualidades perdurables; la decepción lo acecha a la vuelta de la esquina.
Si en lugar de mirar tetas y culos los hombres miraran tobillos y manos, me atrevería a decir que la durabilidad de los vínculos afectivos en las sociedades civilizadas subiría de manera significativa. Y tal vez, sólo tal vez, los traumatólogos adquirirían el status de los cirujanos plásticos.
De otra forma
Volvamos a la mujer; era bonita, huesuda, con el cabello recogido en una simpática cola de caballo y el rostro desencajado por la bronca. Siguió gritándome.
‘¡Te odio!’, dijo; ‘¡te odio con toda mi alma!’, dijo; ‘¡cómo pudiste hacerme esto!’, dijo.
La miré. Esquivé un puñetazo que iba dirigido a mi rostro, y se incrustó en mi hombro, y la miré. Jamás la había visto en mi vida.
La mujer volvió a la carga, así que la dejé golpearme un poco. Me pareció importante que se cansara.
Tras cuatro o cinco golpes más, tuvo un acceso de llanto y cayó de rodillas sobre la vereda mojada. Dejó la cartera sobre el piso y se pasó una mano por el pelo, intentando adherirlo definitivamente a su cráneo, desesperada.
La gente que pasaba se había detenido, dispuesta a lincharme. Esperaban, expectantes, un gesto de la mujer, una instrucción, para molerme a palos entre todos. La gente quiere desquitarse de la maldita e insólita vida que les ha tocado en suerte. Necesitan un motivo, una causa.
Me arrodillé junto a la mujer, cuidando que las carpetas no se mojaran. Le acaricié una mejilla; no pude evitarlo. Le sequé algunas lágrimas con mi pulgar.
‘¿Estás bien?’, dije; ‘no te conozco; te juro que no te conozco. Jamás te vi en mi vida’, dije.
La gente aguardaba el desenlace con curiosidad. Estaban dispuestos a golpearme, o a aplaudir; la cosa se ponía interesante.
Ella me miró. Seguía llorando cuando me miró.
‘Es verdad’, dijo. ‘No nos conocemos, todavía. Pero nos vamos a conocer, y va a terminar mal. Me vas a hacer sufrir; mucho. Quise evitar esta escena, pero no pude. Me salió quejarme por adelantado. Disculpáme’.
La ayudé a incorporarse y nos fuimos caminando bajo la lluvia. Abrazados.
9.8.06
Clases (a 150 km por hora)
Cuando uno choca a 150 km por hora comprende que dejar una luz prendida, una canilla abierta, son cosas que pasan.
Cuando uno choca a 150 km por hora entiende, aún sin ser ingeniero, el concepto de ‘fatiga de materiales’.
Una voz
Una voz capaz de hacernos dudar de la rotación y la traslación. Una voz que decide violar la ley de gravedad.
Así como llueve, de vez en cuando. Así como un perro nos mira en la calle y asiente (y es un ‘tenés razón, te juro que tenés razón’). Así como crece una flor.
Así sucede, a veces, lo juro. Lo juro sobre una empanada fría de cebolla y queso.
Me arrodillo junto al teléfono, preguntándome si lo correcto sería decir una plegaria; ofrecerle un café; cantar, muy bajito, aquella canción.
5.8.06
Tonta
de manera ridícula y excesiva.
de manera desenfrenada y rústica.
de manera salvaje y solitaria.
de manera áspera pero simpática.
de manera soberbia y descarada.
de manera tonta y loca.
de manera crítica y molesta.
de manera suburbana y subnormal.
de manera teatral y para nada complaciente.
de manera intimidatoria y amable.
de manera rutinaria y peligrosa.
de manera berreta y cualunque.
de manera intramuscular, de manera endovenosa.
de manera preocupante y repulsiva.
de manera distante y asustada.
de manera enfermiza y pestilente.
de manera genital y monárquica.
de manera fachista y tiernamente.
de manera supurante, trepidante, infecciosa.
de manera insoportable.
de manera empalagosa y con polillas.
de manera raquítica y valiente.
de manera egoísta y venenosa.
de manera senil y antojadiza.
de manera opaca y sin llavero.
de manera absoluta y desesperada.
de manera que da miedo.
de manera creativa y oligoide.
de manera espermática y desprolija.
de manera súbita y apática.
de manera deforme y asquerosa.
de manera suicida y sin gomina.
de manera ingenua y complicada.
de manera amistosa y alérgica.
de manera violenta y cariñosa.
de manera estupefacta y sombría.
de manera revolucionaria y antigua.
de manera infame y prodigiosa.
de manera triste y lejana.
de manera irrefutable y espasmódica.
de manera condenable y perdonable.
de manera sobrehumana los domingos.
de manera fantástica y absurda.
de manera inexplicable y anacrónica.
de manera ficticia pero fuerte.
de manera brillante y transpirada.
de manera criminal y sin vergüenza.
de manera anárquica y justificable.
de manera insignificante y anodina.
yo
te quiero.
Mañanitas
Me visitan ahora, con patética asiduidad, las mañanas en las cuales la totalidad de las cosas carecen de sentido.
Lo sé, lo presiento. Vendrán las mañanas agridulces, en las cuales deje de importarme.
Aquí las espero, en el bar de siempre.
Darwin revisited
Viendo que yo permanecía aferrado a los barrotes, con la cara prácticamente metida dentro de la jaula, ‘Facundo’ o ‘Facundito’ terminó de comer su banana; luego se rascó la nariz; luego se rascó el culo; luego se olió los dedos. Espantó unas moscas dándose una palmada en la espalda. Se puso de pie. Avanzó unos pasos con ese particular bamboleo. Se acercó hasta mí. Quedamos cara a cara.
Entendí que era la oportunidad que había ido a buscar.
–Escucháme –dije–; quiero saber el secreto de la evolución de las especies. Si el hombre desciende del mono. Cómo fue el proceso evolutivo. Decíme algo, lo que puedas. Tampoco pido que me cuentes todo.
‘Facundo’ o ‘Facundito’ imitó mi postura. Se tomó de los barrotes, también, los brazos bien en alto. Puso su cara a la altura de mi cara.
Me miró. Nos miramos.
–Gil –dijo, y sonrió con una sonrisa que ha sido retratada y utilizada en pósters hasta el cansancio.
Juro que lo dijo, pero el guardia fumaba, mirando hacia otro lado.
2.8.06
Más de tres
Después de tres años de trabajo el sujeto queda despojado de cualquier inquietud adolescente, olvida por completo sus sueños infantiles, y queda reducido a una bestia sin alma dispuesta a matar por un puñado de billetes.
Después de tres años de práctica cotidiana de un vicio, por ejemplo el cigarrillo, por ejemplo el alcohol, por ejemplo la cocaína, el sujeto es incapaz de recordar qué lo condujo hasta allí, porqué comenzó, qué buscaba. El sujeto es sólo la sustancia que consume; lo demás es apenas parte del decorado.
Mientras reflexiono viene a mi mente aquel viejo adagio atribuido a la sabiduría popular; aquello de ‘más de tres, es paja’.
Errata
2)Maradona resucitó, cualquiera puede darse cuenta.
3)La Biblia tiene, entonces, un error de tipeo. Debiera decir: ‘y al tercer día, adelgazó’.
29.7.06
Paréntesis pornográfico
Te voy a encender con un par de fósforos.
Te voy a coger flambeada.
*El autor se disculpa por los excesos verbales, pero esto fue lo que dijo, esto fue lo que le surgió, esto fue lo que vino a su mente, en medio, bueno, en medio de situaciones donde cuesta dominar algunos impulsos, cómo no las palabras.
Tus tetas
Le hablé y le hablé y le hablé. Y mientras hablaba me di cuenta que ella estaba fascinada con mis palabras, como sólo puede estarlo alguien que desea con todas sus fuerzas ser discípulo/a, sin importar de qué. Se lo dije, incluso, arriesgué la invención de un verbo. Le dije que lo que ella quería, y tal vez lo que necesitaba, era ‘discipulear’. Para luego, en un año como mucho, descubrir que el maestro, el objeto de adoración, tampoco sabe nada, o casi nada. También está perplejo. Y si no está perplejo, entonces peor, mucho peor. Porque el que no está perplejo de vez en cuando es un imbécil rematado.
Ella asentía. Sonreía. Mitad aburrida, mitad fascinada.
Entonces le dije que era todo mentira. Que todo lo que yo había dicho la última hora era falso. Le dije que yo era un mentiroso, un farsante, un impostor.
Le dije que lo único que me apetecía en el momento era agarrarle esas exquisitas tetas y tenerlas en mis manos un rato largo, quince minutos, tal vez, media hora. Tocar esas tetas, apretar esas tetas con la intensidad con que un chico apretaría su chocolate preferido, plagado de maravillosos futuros, de infinitas posibilidades.
Agarrar esas tetas antes que dejaran de ser tetas, antes que un maldito simio con visera y chaleco hiciera chasquear su reloj y ¡plop!, las tetas mutaran en glándulas mamarias.
Y ella se puso a llorar, por sus tetas. Lloró como se llora por la pérdida de un familiar, de alguien muy querido. Lloró como se llora cuando la mala suerte te da un cachetazo que te hace picar la cara.
Entonces se hizo un silencio y no supe si yo debía pedirle perdón; si ella debía darme las gracias.
26.7.06
Cura para obsesivos
Augurios
Si mi capacidad de percepción no me falla, y estamos en presencia de los mismos energúmenos con los que me ha tocado lidiar durante el tan tedioso como pretérito año, entonces debieran suceder acontecimientos algo diferentes.
Debieran, por ejemplo, como decía, recibir a Papá Noel y molerlo a palos, entre todos, golpearlo en el piso, y robarle las botas, y fornicar con alguno de los renos, para luego comerlo con guarnición de papas a la provenzal, y quemarle a Papá Noel la barba con un cigarrillo, y amenazar con fracturarle los dedos de la mano, uno a uno, uno por día, si alguien, no sé, la hermana, Mamá Noelia, no paga el rescate.
Perdón. Ya lo sé; me excedí. ¡Ya pedí perdón! No fue mi intención ser blasfemo.
Es por comentarios como éste, imagino, ahora que lo pienso, ahora que reflexiono, que desde hace un tiempo, no mucho, treinta años, tal vez, más o menos, que paso las fiestas solo. Muy solo. Tremenda y deliciosamente solo.
22.7.06
Houellebecq dixit
Me pongo de pie. Aplaudo.
19.7.06
Más gordo
–Estás más gordo –dice, y sonríe, como sólo puede sonreír alguien que ya no espera nada de la vida propia; alguien cuya mayor actividad es limitarse a saborear el fracaso ajeno.
La situación me toma desprevenido, indefenso. Me sorprende.
Posibles respuestas, ya que probabilísticamente hablando, la situación puede volver a ocurrir.
1- Sí, pero se me para.
2- Tal vez usted no advierte que con sólo mirarlo fijo, puedo provocarle glaucoma.
3- Le pido por favor que no me hable. Usted me repugna.
4- No es panza; es esperma que acumulo por si se da la ocasión apropiada.
5- No es panza; son mis huevos.
6- No es panza; es la joroba, que se me cayó.
7- Usted no tiene la culpa. Cuando alguien sólo tiene para mencionar defectos en otro, es sólo frustración y más frustración. Es triste, pero no tiene remedio. No pasa nada.
8- Le pido por favor que no me salpique usted con su fracaso.
9- (Mirando hacia arriba, unos 5 centímetros por sobre su cabeza) Perdónalos, señor, porque no saben lo que hacen.
10- Yo no tengo la culpa de todo lo que le salió mal.
Fin de las respuestas.
Pero debo estar algo viejo, falto de ingenio, porque me quedé mirando su mano, sin decir nada.
15.7.06
Para viajar en avión
Con la predisposición adecuada, entonces, puede uno entender que no fue tan grave que la chica de la primaria, Andrea, la de las dos colitas y sonrisa como un sol, te dijera que no, que de ninguna manera, que bajo ningún concepto estaría dispuesta a caminar una cuadra de la mano con vos.
Con el debido temple, se asimila que la mermelada de durazno olvidada en la heladera pueda estar vencida. O no. Y que lo mejor que se puede hacer al respecto es confiar en la suerte.
Con el reposo de espíritu que sólo da mirar por la ventanilla desde cinco mil metros de altura, se entiende que la camisa comprada para una ocasión especial ya no te entra.
Lo importante cuando se viaja en avión, es adquirir ese estado reflexivo y sereno.
Porque la ley de gravedad siente particular satisfacción en sorprender a los precavidos, a los previsores.
Análisis malintencionado de dichos populares
12.7.06
Aclaración
Y están los maratonistas de la vida que juran que uno es lo que hace. Entonces, yo soy un hombre en un bar, un hombre que observa sin demasiado interés, a través de una ventana.
Y están aquellos amantes de la radioactividad, que sostienen eso de ‘dime con quién andas, y te diré quién eres’. De ser así, soy un imbécil sin excusas, el 97% de mi tiempo.
Aclaremos el maldito tema de una vez. El hombre no es lo que come, ni lo que hace, ni con quien anda. El hombre es lo que desea.
¿Estamos?
En una clase de historia, en una escuela primaria
Le doy una amistosa palmada en el hombro, y le digo al muchacho que está muy bien, que puede sentarse, que ha aprobado.
Por la ventana del aula se ve el patio, donde brotan las glicinas. De manera por completo inesperada viene a mi mente el rostro de mi padre. Veo sus facciones con absoluta claridad. Tengo deseos de encender mi pipa. Me siento, y apoyo las piernas sobre el escritorio.
8.7.06
Verde, rojo
En lo personal, yo también uso, de tanto en tanto, la frase ‘no soy yo cuando me disgusto’. La diferencia, creo, es que me pongo rojo, no verde.
Comento estos pensamientos a la chica que me acompaña. Intento dilucidar sobre la conveniencia de ponerse verde o rojo, llegada la situación. Es importante determinar el color apropiado, dada la calidad expresiva de la frase.
–Mirá, por mí podés ponerte amarillo patito –me dice–; mientras pagues la cena...
Outsider
La gente que jura que siente fascinación por el helado de pistacho, estoy seguro, no siente adoración por el helado de pistacho.
La gente que va a ver a los Stones, muchos, no van a ver a los Stones.
Es suficiente. No hacen falta más ejemplos. Ya es suficiente.
Pobres Cristos mendicantes de un mísero grupo de pertenencia.
Por no animarse a hacerse un tatuaje, a tomar cocaína, a ser abogado, a fascinarse por el helado de pistacho, a ver a los Stones, así, como yo.
Porque se me canta.
5.7.06
Yo creo
Creo en un mundo donde los conejos duermen en ignotas galeras y aparecen cuando quieren; un mundo donde las máquinas expendedoras de gaseosas son atendidas por enanitos atareados que viven en un refugio oculto bajo el pavimento; un mundo donde la contemplación de un pezón apropiado puede curar el glaucoma. O el asma.
Quiero dejar en claro que creo en un mundo mucho más entretenido. Caso contrario, prefiero no creer en nada.
Vos también tenés razón
Si se me permite la petulancia de un consejo, yo diría que no, que no es necesario, que no lo hagan.
Prefiero asegurar que las consecuencias de mis actos son ajenas a mí; animales con patas propias, huidizos e indiferentes como una ardilla sorprendida con una nuez entre sus manos.
2.7.06
1.7.06
¡Es una promoción! ¡Es gratis!
Así que ya lo saben: la próxima vez que alguien intente darles algo gratis, reaccionen como ante cualquier otro intento de robo.
La comprensión
28.6.06
La próxima
Luego, digamos unos diez años después, en el ámbito laboral (hacía mucho que no escuchaba dos palabras que combinadas oliesen tan feo: ámbito laboral), algunos compañeros decían, aunque tal vez no lo decían, pero yo tengo esa extraña facultad de leer las mentes, decían entonces: ‘plata o muerte’.
Más allá de considerarme, en mis días inspirados, una persona con una imaginación bastante por encima de la media, me pregunto con estupor qué frase vendrá después.
En la lucha
Así que no pienses que hay maldad o displicencia de mi parte, corazón, si no quiero ir al cumpleaños de tu hermana este domingo.
Digamos que estoy luchando contra leyes de la física superiores a mi voluntad, ni qué decir a mi capacidad de análisis.
25.6.06
Pasión esdrújula
émbolo de rótula,
látigo de éxtasis,
víctima del líquido,
síndrome de página,
mística de cúspide,
réprobo con ánimo,
máximo en el límite,
dádiva de música,
pócima tácita,
cáspita.
')al autor le pareció que al domingo le faltaba poesía.
'')al autor, que vive en primera persona, le dio curiosidad ver qué se siente al citarse en tercera. fenómeno que tal vez sea conocido como la 'maradonización'.
''')el autor soy yo.
24.6.06
A kind of magic
Este hecho no escapa a mi natural sagacidad, y me hace sospechar que el mago y el conejo están unidos por algo más que la magia. Tal vez viven juntos, tal vez son pareja.
No me dejan otra alternativa que imaginar lo peor.
Ecléctico
El bar, por la característica mencionada, es ecléctico. Acuden allí una cantidad de turistas deseosos de embeberse, aunque sea por un instante, de algo de la ciudad; su cultura; sus costumbres.
Hay entonces, en el bar, japoneses vestidos como si fueran integrantes de una banda heavy-metal; una española de pelo muy corto con apariencia de no haber dormido en seis días; hermanos latinoamericanos dispuestos a tomar fotos a cualquier cosa que se mueva.
Me siento, entonces, cómo decirlo, un ciudadano del mundo, en armonía con gente tan diversa.
También me siento un salame. Han subido el café a cinco pesos, a mí que no me jodan.
21.6.06
La categorización de los sabores
Si en otro momento del tiempo, se ingiere una cucharada de sal y se la mantiene por un instante dentro de la boca, se tomará plena conciencia del concepto de ‘salado’.
Si se mezcla azúcar y sal en idénticas proporciones, y se ingiere una cucharada de la mezcla, bueno, no tengo la más remota idea de porqué un sujeto haría algo así.
Potencia expresiva
Algunas noches imagino un auditorio repleto de espectadores absortos y embobados, que escuchan y escuchan mientras yo escribo.
17.6.06
Vuelo filosófico
Dice Paul Maker: Suponiendo que el pito fuera un animal, eh... Bueno. Parece que va a llover el fin de semana, ¿no?
Digo yo: Es altamente probable que Paul Maker carezca de la altura argumental de Aristóteles. Dicho lo cual, es también probable que Paul Maker no sea Aristóteles.
Pero prepara unas exquisitas picadas. Yo suelo llevar el vino.
Los peligros de la felicidad en homeopáticas dosis
Conocido esto, caminar a la orilla del mar debiera estar prohibido para todos aquellos que no tengan más remedio que retornar a sus vidas, a sus cotidianeidades.
14.6.06
Si sos tan amable
Entro a un negocio. El negocio vende, entre otras cosas, camisas. Entro a comprar una camisa.
Elijo una camisa.
El vendedor me pregunta si me quiero probar la camisa.
–No, no quiero –respondo.
El vendedor me observa con profundidad de entomólogo.
–¿Es para vos? –pregunta.
Miro a los costados, a ver si alguien me acompaña sin mi autorización. Conozco gente que se halla en tal situación desde hace diez o quince años.
–Sí, es para mí –respondo.
–Deberías probarla –insiste–; me parece que te puede quedar chica. Tengo talles más grandes; tengo otros colores.
–No –digo–. No quiero probarla. Ni siquiera pienso usarla. Sólo quiero comprarla; desde hace un tiempo me hace bien comprar. Así que cobráme, por favor.
Después
Tal vez la impuntualidad no sea una falta de respeto, sino defensa propia.
10.6.06
Todos quieren todo
Yo: Cuando publique mi libro de poemas, se va a llamar ‘Todos quieren todo’.
Ella: ¿Me explicás porqué?
Yo: ¿Ves?
Combate
En la calle. Un amigo de la época en la que concurrí al colegio secundario. Han pasado, mucho me temo, años.
Mi amigo ha mutado. Eso es lo que veo. Se ha implantado cabello. Se ha hecho no una, sino, según me comenta, dos cirugías de nariz. Se ha operado las bolsas que suelen formarse debajo de los ojos. Se ha puesto colágeno en el labio superior. Hace pesas cinco veces a la semana. Me cuenta, entre sonrisas, que cuando compra un par de pantalones, debe ser de talle de mujer o de niño, ya que el talle más pequeño de pantalones para hombres, le queda holgado.
Nos despedimos haciendo ridículas promesas de volver a vernos para tomar un café.
De la cantidad de enemigos a disposición en la vida de un humano adulto, habitante del planeta tierra, me sorprende que alguien elija combatir contra el tiempo.
7.6.06
Catástrofes naturales
Cuando sucede un terremoto, cuando ocurre un huracán, viene a mi mente la imagen de un elefante que, afectado por lo que podría ser un leve fastidio, decide sacudirse, ocasionando consecuencias impredecibles.
Así como el castigo debe ser desmesurado en relación a la falta, la manifestación de malestar debe ser en extremo desproporcionada con respecto a su origen.
En ambos casos, la desmesura tiene para mí un idéntico y cristalino mensaje.
El mensaje es: no jodan.
Sistema de precios
Disculpen si parezco trivial e infantil, pero las citas a ciegas son una de las pocas cosas que me han devuelto ese palpitar adolescente, ese no saber qué sucederá durante los próximos cinco minutos, ese peculiar frenesí de ser sólo presente, tan solo presente.
Y tal vez el precio que tenga que pagar sea encontrarme con usted. Maldita gárgola.
*)no, no es con usted.
**)le juro que no es con usted (aunque el bueno de Borges diría 'no jures, porque todo juramento es un énfasis').
***)usted sabe que no es con usted.
****)esto es un chiste privado. es para que sonría. sonría, por favor, si es tan amable.
*****)bonita sonrisa. gracias.
3.6.06
Una definición de salud mental
La definición de salud mental es estar capacitado para tomar parte en la economía de consumo, dice el libro.
La falta de ganas de gastar dinero se convierte en síntoma de una enfermedad que requiere una medicación carísima, dice el libro.
El argumento es de una pureza exquisita; me alegra la mañana. Me alegra la semana. Si le damos las debidas condiciones de presión y temperatura, me alegrará el año, estoy seguro.
En cualquier caso, basta con saber que mientras se consuma, las probabilidades de ser considerado ‘loco’ se reducen de manera significativa.
Tic nervioso
Cuando veo a alguien con un tic nervioso, cualquiera, veo alguien a quien el cuerpo, al menos una parte por ínfima que sea, se le ha rebelado. Una ceja, por ejemplo, ha decidido manifestarse con las herramientas que le fueron dadas, como sólo una ceja podría hacerlo, desobedeciendo un orden, un mandato superior.
Esto es para los que creen que el mundo puede ser simplificado, para su entendimiento, al arbitrio de la voluntad, al esfuerzo y punto.
31.5.06
Actitud, estilo
me quemo.
y mientras me quemo
me prendo fuego
para estar seguro.
y mientras estoy seguro
llamo a un médico
sólo quiero que me confirme
la gravedad del daño.
y mientras me confirman la gravedad del daño
pido más fuego
y digo que ya sé.
*no soy de andar mostrando mi vena poética. me parece, no sé, que es como andar mostrando las várices. pero hoy tuve ganas. y yo todavía creo en las ganas (gánico, diría Federico Peralta Ramos, y yo me pondría de pie).
Perverso y cruel
Los juegos de azar han sido diseñados para que las probabilidades jueguen en contra, siempre en contra del iluso participante.
Esto, lejos de ser casual, contribuye a la esencia misma del juego. El sujeto sabe que va a perder; el sujeto decide recostarse en la suerte en cualquiera de sus manifestaciones.
Lo descripto deja en evidencia la perversa naturaleza de los juegos de azar.
Lo interesante es que la vida, sin tantas precisiones de carácter estadístico, suele ser mucho más cruel.
Nociones elementales de la física
El desconocimiento de leyes básicas de disciplinas tradicionales, por ejemplo las matemáticas o la física, puede resultar un severo condicionante a la hora de interactuar con otras personas.
No quiero con esto decir que uno deba ir por la vida repasando conocimientos tan abstrusos como los relacionados con la dinámica de los fluidos, a la hora de tomar un café. Un mundo así sería en extremo dificultoso, árido, frío.
Pero sí creo que uno debiera conocer, por ejemplo, los rudimentos de la ley de gravedad.
Debería usted entonces, tal vez, aprovechar estos conocimientos elementales para abandonar esa inconcebible dosis de soberbia con la cual se dirige a mi persona.
Lo que quiero decir es que se le han caído a usted las tetas de una manera más que evidente.