27.5.06

La gota en la piedra

Hablo con una mujer; me dice que una de las pocas cosas en las que cree es en el esfuerzo. ‘Creo en el esfuerzo’, me dice.
Me cuenta que la hace feliz salir el fin de semana con un grupo de amigos. Pedalean sus bicicletas entre seis y ocho horas por día. Cruzan ríos peligrosos, desconozco el cómo. Duermen al aire libre, a merced de las serpientes y de los osos. Se alimentan de lo que pueda proveerles la naturaleza.
Suele volver, cansada y feliz, dispuesta a insistir, la próxima vez, con un esfuerzo mayor.
Extrapolar la lógica del esfuerzo a otros ámbitos, puede ser el afectivo, puede ser el arte, es una de las cosas más tristes que se me ocurren en este momento. En un mundo donde todo pudiera ser resuelto por la voluntad, ¿qué triste rincón quedaría para el talento?

Giros copernicanos

Cuando suena mi teléfono celular, me maravillo ante el progreso tecnológico. No puedo menos que reverenciar el milagro de la comunicación. Alguien desea transmitir un mensaje a alguien, a una distancia inconcebible, y existe un adminículo que lo permite.
La inteligencia en estado puro, aplicada a resolver una necesidad. Y de pronto algo inesperado, algo que antes no podía hacerse, puede hacerse. Un giro copernicano.
Por lo general, los llamados que recibo son para comunicarme idioteces de diverso tenor. Esa situación poco feliz no debiera invalidar nada de lo expuesto.

24.5.06

No lo que usted pensaba

La periódica repetición de un acto, con relativa frecuencia, le quita toda, o casi toda, la gracia. El dominio del acto en cuestión gracias a las sucesivas repeticiones, permite ejecutarlo de una manera casi displicente, perdiéndose de esta forma la emoción y atención primigenia.
Existen, como todo en esta vida, algunas excepciones que sirven para confirmar la regla expuesta.
Meterse el dedo en la nariz, for example.

Publíquese, archívese

A mayor cantidad de alimentos consumidos que han sido cocinados en un microondas, menor capacidad neuronal del sujeto en cuestión.

20.5.06

Dejá, yo te lo caliento

Cuando conozco a alguien que ingiere alimentos cocinados en un microondas, siento una honda pena.
Por los alimentos, no por la persona.
Los alimentos, sometidos a ese curioso proceso, quedan transformados en un extraño material, de compleja definición; en cualquier caso se trata de algo no apto para el consumo humano.
La persona en cuestión, la imbecilidad que exuda, viene de un pretérito difícil de precisar. No es justo asignarle toda la responsabilidad a un diabólico electrodoméstico.

Manchas

Busco trabajo. Consigo trabajo. Dentro de las formalidades previas, debo sacarme sangre, llevar una muestra de orina, pasar un examen psicológico.
Concentrémonos en el análisis psicológico. El análisis de orina parece un procedimiento mucho más específico, menos difuso.
Concurro al análisis psicológico. Me recibe una mujer. Hablamos de trivialidades. Me siento. Al revés, al revés: primero me siento, luego hablamos de trivialidades.
Me dice que me va a hacer un test de manchas. El test consiste en que me muestran cartones con manchas diversas. Yo debo decir qué veo en cada cartón. Libremente. Ante mis comentarios sobre cada mancha, ella hace algunas preguntas, y algunas anotaciones.
Pasadas algunas manchas, vuelve a mostrarme el primer cartón, con la primer mancha. Es la mancha donde he visto un monstruo, un insecto, un murciélago.
Reproduzco el diálogo que tuvo lugar:

Ella: ¿qué ve?
Yo: Un monstruo.
Ella: ¿Qué más ve?
Yo: Un insecto, un murciélago, un bicho.
Ella: Ajá (anota algo, suspira, piensa). ¿Qué más?
Yo: Sí. Veo una hamburguesa con jamón, queso, tomate y huevo. También veo mayonesa. No; no es mayonesa. Es mostaza. Una generosa dosis de mostaza.
Ella: (No dice nada. En su rostro veo algo de estupor, de duda. Veo que lamenta estar tan lejos de la puerta. Veo que está calculando sus posibilidades de llegar a la puerta sin que yo la atrape. Está intentando recordar si hay gente en la sala contigua. Está pensando si alcanzará con gritar; si un buen grito será suficiente).
Yo: Es que es algo tarde, y no almorcé. Disculpe.

17.5.06

Módico homenaje a los Guns & Roses

Compro un ramo de flores. Rosas. Rojas. Y camino una buena media hora por el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina.
Soy observado, con mayor inquietud y resquemor que si caminara con una ametralladora.
No sé si se entiende lo que quiero decir.

Mejorando

Al acostarme sobre el pasto, soy picado por una hormiga. Reprimo mi instinto de zanjar la cuestión de la manera más inmediata posible. No la mato.
La coloco sobre la yema del índice de mi mano derecha, y me paso unos buenos quince minutos preguntándole el porqué de su accionar.
Conozco algunas chicas que me dirían que sí, que hice bien, que voy mejorando.

13.5.06

Frío, calor

En verano, por lo general, tengo calor. En invierno, la mayoría de las veces, tengo frío.
Existen un montón de situaciones en las cuales es menester patear y morder para modificar la realidad. Y otras donde lo único necesario es limitarse a un curioso ejercicio de aceptación.
Si uno se empeña en modificar lo que debiera aceptar, y en aceptar lo que debiera modificar, su vida será un completo desastre.
Si no se comete tan primitivo error, la vida será un desastre. También. Pero existen altas chances de estar un poco más cómodo, no me atrevería a utilizar el término ‘relajado’.

Un café

Cuando llega el calor, concurro a un parque, los domingos por la mañana, con el único objetivo de observar a las chicas que andan en bicicleta. Veo dientes apretados, empeño, dedicación, exigencia del propio cuerpo más allá de cualquier criterio de racionalidad, sudor.
Me gusta verlas; es la energía, la alegría, las ganas.
No puedo evitar pensar que si a cualquiera de estas amazonas se les solicitara, por ejemplo, que preparen un café, en el marco de una escena doméstica más o menos tradicional, se fastidiarían lo indecible.
La energía mal canalizada, la energía fuera de foco, es una de las cosas que pueden hacerme llorar.

10.5.06

Frutos secos

He estado comiendo frutos secos todas las mañanas, en el desayuno. Nueces, almendras, bellotas, avellanas, y hasta maníes. Me han dicho que los frutos secos tienen un alto contenido en fósforo. Y el fósforo es de vital importancia para la actividad cerebral.
Pasado un mes, mi actividad cerebral continúa con su embotamiento acostumbrado. No consigo percibir cambios sustantivos en mi caudal de ideas. Sin embargo, mis erecciones han mejorado de manera sensible, tanto en calidad como en cantidad. La potencia de mi eyaculación se ha vuelto inusitada.
No dejo que el estado actual de situación me sorprenda ni me intimide.
Uno se pasa la vida buscando algunas cosas. Y hallando otras.

Métodos no tradicionales para detener a un elefante adulto lanzado en velocidad

Bajo a correr al parque, con el objetivo de moverme. Cuando uno tiene dudas sobre su propia existencia, una de las cosas más recomendables es moverse.
En el parque hay puestos, donde algunos individuos se dedican a vender chucherías sin importancia, muñequitos de plástico, zapatos usados, ceniceros, candelabros, collares, esas cosas.
A mi paso, un sujeto se dedica a acomodar su puesto, bajo la atenta mirada de otro sujeto. De alguna forma, son socios. Uno acomoda y vuelve a acomodar artículos sin importancia, para lograr una mejor exhibición de los mismos, mientras el otro toma mate.
Es entonces cuando tiene lugar el diálogo que detallo a continuación.
El sujeto que acomoda las cosas, en adelante, es el sujeto 1. El sujeto que toma mate, es el sujeto 2.

Sujeto 1: Ya está. Listo. Terminé.
Sujeto 2: No. Todavía no terminaste.
Sujeto 1, algo desconcertado: ¿Cómo que no? ¿Qué falta?
Sujeto 2: Todavía no acomodaste tu dolor.

Quien esto escribe, en adelante ‘yo’, se detuvo. Dejó de correr.

7.5.06

Curso de oratoria

Desde que no tengo nada para decir, empleo un tono mucho más solemne.

La frase

En las películas de cowboys nunca ganan los indios.
No consigo recordar si la frase es de mi autoría, si la decía un personaje en una película, o si la escuché hace algunos años en medio de una conversación.
Sé que la frase me parece importante, aunque desconozco su utilidad específica.

6.5.06

Llorar

Dice la frase, tanto en lengua inglesa como castiza, que no se debe llorar sobre la leche derramada.
Pero yo me pregunto porqué no. Que limpie otro.

Deportes

El deporte denominado ‘fútbol’, consiste, para resumir y no extenderme en las explicaciones, en once jugadores por bando. Hay dos arcos, uno en cada extremo longitudinal del campo. Hay una pelota, un balón. El objetivo del juego consiste, para cada equipo, en introducir el balón en el arco contrario. La tarea, que exige importantes dosis de coordinación y energía, debe ser llevada a cabo, principalmente, con los pies. Dicho de otra forma, no se puede transportar la pelota con la mano. Se puede emplear los pies, principalmente como dije, y la cabeza. Pero no las manos.
Hay una función específica que cumple un jugador de cada equipo, denominado ‘arquero’, y que consiste más que el resto de sus compañeros en defender, custodiar, el arco propio. Ese jugador puede usar las manos, y los ya mencionados pies, con los citados fines de proteger su valla, su arco.
Cuando un equipo logra introducir la pelota en el arco contrario por el procedimiento descripto, tal evento se denomina ‘gol’, y es un punto, un tanto.
Cuando el juego termina, por lo general al cabo de noventa minutos divididos en dos tiempos de cuarenta y cinco, el equipo que ha marcado más tantos es el que resulta vencedor.

Comer un sándwich de mortadela requiere por lo general de una bocha de mortadela de cuatrocientos gramos, ésa es su unidad de medida. Deben cortarse rebanadas de mortadela más bien gruesas (un centímetro de espesor). Hacen falta dos rebanadas de pan negro por cada sándwich. El pan debe ser untado, en una de sus caras, con una generosa dosis de manteca. Se coloca entonces las rodajas de mortadela sobre la capa del pan untado con manteca. Se usa la otra rebanada de pan para cubrir la mortadela.
Para comer el sándwich, se deben utilizar ambas manos.

Lo que se desea dejar en evidencia, es que uno puede hallar virtudes, destrezas y alto contenido lúdico en las más diversas prácticas.

3.5.06

Arte de magia, o una clase de magia, o magia

Los turistas, en su amplia mayoría, suelen mostrarse, por decirlo de alguna forma, en un estado de ánimo ‘expansivo’. Se los oye gritar, se los oye reír. Usan gorros, usan prendas de vestir multicolores. Todo parece generar en ellos una sorpresa grata, una sana alegría.
Una vez devueltos a su lugar de origen, todas y cada una de las cualidades mencionadas desaparecen de inmediato, casi como por arte de magia.
El sujeto en cuestión vuelve a ser lo que es, recupera su acostumbrado, y porqué no anodino, gris.
‘Quedan las fotos’, dirá cualquiera de ellos, ‘quedan las fotos que prueban lo que vi, lo que hice’.
‘Quedan las fotos’, digo yo también. Y no diré nada más.

10%

Escribo un poema por año, durante diez años. Y creo, sin pecar de soberbio, que hay algo bueno en mí. Pongamos un diez por ciento. De esta forma, al cabo de diez años, podríamos estar casi seguros que habré escrito un poema digno.
Dichoso con lo creado, decido insistir, decido repetir el procedimiento, por otros diez años más. Y obtengo otro poema. Ahora son dos poemas.
Con la mezcla de lucidez y reflexividad que suele otorgar la edad adulta, y tal vez los prolegómenos de la vejez, vuelvo a practicar. Diez años más. Un poema más.
Mientras vos vivías tu vida, yo he escrito tres poemas. Son para vos; te los dejo arriba de la mesa.

29.4.06

Escrito en la naturaleza

En el canal de televisión de la National Geographic muestran un documental sobre hipopótamos. Esto capta mi atención de inmediato, ya que jamás, que yo recuerde, he tenido la oportunidad de conversar con un hipopótamo.
La parte que me sorprende es que los hipopótamos conviven con los cocodrilos en el mismo río. Desconozco los motivos específicos, pero los cocodrilos no se meten con los hipopótamos. Los cocodrilos lo saben; los hipopótamos lo saben. Está escrito en la naturaleza.
Tal es así que en determinado momento del documental, un hipopótamo se acerca a un cocodrilo por detrás, y lo mordisquea, lo empuja, para obligarlo a soltar una parte de la cebra que el cocodrilo está comiendo.
El cocodrilo, obligado por las circunstancias, se limita a compartir parte de su presa.
El documental sigue por horas; me duermo antes. Lo que me preocupa es que el documental ha generado en mí un mayor interés que las últimas cinco películas de W. Allen que fui a ver al cine.

Seminario sobre técnicas de negociación para ejecutivos de grandes empresas

Cuando se tiene una mascota, más precisamente un perro, la utilización de una correa para portar al animal me parece algo inapropiado, improcedente y de pésimo gusto.
Despojado del artilugio el animal se verá en ejercicio de la potestad de acompañar al humano en cuestión, o de abandonarlo si ésa es su voluntad.
Como arma de negociación, en lugar de correa, se le puede mencionar al animal que en caso de seguir su propio camino, se procederá a cancelarle la extensión de la tarjeta de crédito.

26.4.06

Yo creo

Creo que el aburrimiento mata más gente que los accidentes de tránsito, aunque me cueste dilucidar alguna utilidad en dicha afirmación.

Mientras vos salvás al mundo

Ella sufre lo indecible el hambre en Etiopía, pero no es capaz de ceder a un ínfimo requerimiento de naturaleza íntima. Algo que hace a una relación sexual entre dos adultos, y algo que, en tanto el requerimiento es de mi autoría, preferiría no mencionar.
Se me ocurre pensar que la gente que elige preocupaciones grandilocuentes lo hace para no tener que involucrarse en cosas que, bueno, en cosas que prefiero no detallar.

22.4.06

Ránking de tragedias

Cuando ocurre una catástrofe natural, cuando hay una tragedia, cuando hay un terremoto, cuando cae un avión, cuando chocan los trenes, la pregunta es siempre la misma. ¿Por qué?
Idéntico cuestionamiento me ha visitado con la caída del cabello, sepan disculpar.

La importancia de haber sufrido

Cada vez que puedo, no dejo pasar la oportunidad de mencionar todo el sufrimiento que experimenté siendo niño. La frase, invariable y utilizable en cualquier contexto es: ‘sabés lo que sufrí yo de pibe’.
A decir verdad, cuando pienso en el asunto, no consigo recordar peculiaridades ni detalles del sufrimiento mencionado. Esto me hace pensar, la ausencia de especificidades, que tal vez el sufrimiento no haya existido.
Pero invariablemente la frase en cuestión tiene un efecto beatificador en el interlocutor de turno. Particularmente, cuando el interlocutor es del sexo femenino.
Ante la mención de mi sufrimiento pretérito, el interlocutor, en adelante ‘la interlocutora’, se muestra más permeable a escuchar mis argumentaciones. Muestra una mejor predisposición hacia mi persona. Y hasta puede manifestar deseos de coger.

19.4.06

Cuando uno ingresa a un hospital

Cuando uno ingresa a un hospital descubre que todo aquello que suceda fuera del hospital, carece de importancia dentro del hospital.
Cuando uno ingresa a un hospital tiene la facultad de percibir que aquello que uno podría considerar su propia vida, no es más que una maquinaria defectuosa, no es más que mercancía de dudosa utilidad.
Cuando uno ingresa a un hospital tiene la espléndida oportunidad de entender lo que debe sentir una vaquillona antes de transformarse en media res, o una prostituta que viaja en subterráneo, rumbo a su jornada de trabajo.

Una reacción fisiológica

Me explican con claridad soberana, que el sentido del humor puede ser, ni más ni menos, una reacción fisiológica contra la frustración, una reacción fisiológica contra el miedo.
Comulgo con el argumento de inmediato. Es la primera vez que lo escucho. A decir verdad, lo desconocía, y jamás se me hubiera ocurrido.
Eso quiere decir, entonces, que cada vez que he apelado al sentido del humor en los últimos años, bueno. No sé de qué se ríen.

15.4.06

Magritte

Si uno se queda contemplando, pasados siete minutos, un humeante plato de ravioles con oliva, pimienta, y un vaso de vino rojo de calidad media, no se obtendrá la misma consideración y respeto que si uno se queda contemplando, pongamos siete minutos, un Magritte en el Museo Reina Sofía, en Madrid.
Tal vez mi módico talento consista en encontrar belleza donde puedo. Disculpáme.

Otro game

Observo durante cinco horas un partido de tenis. Cuando la mujer que me acompaña se despierta y me pregunta cómo van, respondo que no sé. Desconozco el tenis, los rudimentos de su reglamento y más aún, en qué consiste el juego. Jamás he tocado una raqueta en mi vida.

La mujer me mira, entre risueña y sorprendida. Le explico que, sin la peculiaridad de portar gorritas y shorts, me es dado ver gente que deja sus mejores esfuerzos en cosas que desconozco, cosas irrelevantes o que no me interesan, casi todos los días.

Sin Ilíada, sin Odisea

En lo personal, lamento lo indecible no tener gestas heroicas para contar. Pero toda gesta heroica requiere, en primera instancia, de un héroe.

12.4.06

Para encontrar a la mujer de tu vida, lección # 579PQ22/N

Después de la práctica sexual, la mujer sugerirá la conveniencia de pedir helado, pedido al que Ud. accederá de inmediato.
Se pedirán dos cuartos de helado. Es importante que se pidan porciones separadas; lo que comerá ella por un lado, lo que comerá usted por otro.
Ella elegirá, por ejemplo, granizado de dulce de leche y chocolate, como los sabores para su porción. Los gustos que usted elija para su propio cuarto no son de relevancia alguna.
Aquí viene la parte interesante: usted irá a pedir el helado por teléfono a otra habitación. A la cocina, tal vez.
Usted cometerá un error. El error consistirá en pedir dulce de leche en lugar de dulce de leche granizado. O chocolate en lugar de chocolate con almendras. Un error, que no altere la esencia del pedido, pero un error. Uno solo.
Vendrá el helado. Usted cumplirá con el sagrado rito de pagar.
Usted le llevará entonces, el cuarto de helado correspondiente a ella, con su correspondiente cuchara, a la cama.
Ella, desnuda, en la cama, probará el helado. En la primer cucharada, es evidente, notará el error.
¡Ahora es el momento! Olvide la capacidad amatoria y/o intelectual de la mujer en cuestión. Olvide el tamaño de los pechos, o si posee conocimientos de violín. Olvide el poder adquisitivo, la bondad, las várices.
La mujer tiene en su mano el cuarto de helado, y ha percibido el error.
Ahora es el momento. Preste atención.

Para encontrar a la mujer de tu vida, lección # 579PQ22

En el bar, la mujer me jura que me ama, que debemos seguir juntos, que haría cualquier cosa por mí.
Así que llamo al mozo y le pido que traiga un plato, un cuchillo, un tenedor.
Le pido, también, el trapo rejilla.
Pongo el trapo sobre el plato.
–Cométe el trapo –le digo.
Ella me mira, sonríe, me dice que no sea tonto.
Si tan sólo hubiera comido un bocado. Si hubiera hecho el intento de cortar, como si de una milanesa se tratara. Pero no lo hizo. Se quedó mirándome; se arregló el escote; encendió un cigarrillo.
Pero no tocó el plato ni los cubiertos ni el trapo. No lo hizo.

8.4.06

Es una sensación

En la oficina donde trabajo. Una mujer se acerca para saludarme, y de un modo sigiloso suelta, me atrevería a decir, dada la cantidad, la totalidad de su vello púbico sobre / dentro de la taza de café con leche que me hallo bebiendo.
Me da un beso y se retira con una sonrisa, sin que el resto de la gente que trabaja conmigo haya podido percibir la maniobra.
Mientras levanto la taza y me dispongo a beber un sorbo, me pregunto cómo poder discernir entre la locura y el amor.

Tic tac

Entro en un negocio que vende relojes, una relojería. Me quedo de pie, en medio de vitrinas repletas de relojes, asimilando el agobio del tiempo.
Se me acerca una vendedora.
–Buenas tardes, señor, ¿lo puedo ayudar en algo? ¿Qué desea?
­–Sí –digo–. Que los pare.

5.4.06

Metáforas en oferta

Un corazón sueña con ser pulmón.

Misión

La gente que cree tener una misión, tiene al mismo tiempo un dogma que rige la casi totalidad de sus actos. Pero adolecen del costado lúdico. Están obligados a tomarse demasiado en serio, mientras, el resto de los mortales, a veces, de a ratos, se divierten.

Peluquería

Observo a mi peluquero mientras me corta el pelo. Treinta años cortando el pelo; treinta años en la más vana de las luchas contra una secreción. Y siempre una sonrisa, un comentario original, el entusiasmo en la más pura de sus formas.
Vaya entonces este fragmento para todas esas chicas dispuestas a arruinarte una noche con ese ‘no me siento realizada, ¿entendés?’.

1.4.06

Introspección

Me he pasado todo el día comiendo frutos secos: nueces, almendras, bellotas, maníes. De a ratos, me sentí una ardilla. De a ratos, un mono.
La experiencia ha sido tan gratificante como aleccionadora. Perfectamente comparable con viajar a Paris o hacer esquí acuático.

Perdonen la franqueza

Me llama una persona para invitarme a una fiesta. Le solicito un detalle estricto de los alimentos y bebidas que habrá para la ocasión.
Responde que no puede contestar con exactitud, puesto que no lo sabe.
Le pregunto entonces si alguna mujer que vaya a concurrir al evento, le ha manifestado el deseo taxativo de mantener alguna suerte de contacto carnal conmigo.
Responde que no, que nadie le ha dicho nada al respecto.
Le consulto sobre cuánto tenían pensado abonarme por mi presencia.
Responde, algo confundido, que nada. Se trata de una fiesta.
–Mi estimado –le digo–; por alguna complejidad semántica que se me escapa en este momento, lo que usted considera una fiesta, a mí se me antoja un trabajo.

29.3.06

El termómetro

Cuando hace frío, la gente que me cruzo por la calle, sufre el frío. Cuando hace calor, la gente que me cruzo por la calle, sufre el calor. En lo que respecta a mi sufrimiento personal, el clima es anécdota.

Vivir sin mí

Otra vez. En un bar. Una mujer me explica que puede vivir perfectamente bien sin mí. Se regodea en su explicación. Parece disfrutar al herirme, así que decide explayarse.
Me cuenta que una madrugada encontró un maniquí abandonado junto a un árbol. Me cuenta que se llevó la mano, del maniquí. Me cuenta que cuando tiene apetito carnal, utiliza la mano, del maniquí, para tocarse el clítoris. Me cuenta que nunca había alcanzado semejante grado de satisfacción sexual.
Me cuenta, también, que pegó un imán en la puerta de su heladera. El imán tiene el teléfono de una casa de comidas naturista. Me cuenta que es feliz. Me cuenta que es muy feliz, sin mí.
Me pregunta qué pienso.
Le digo que ya lo intenté, que yo también lo intenté hace mucho tiempo. Puse un imán sobre la puerta de mi heladera. El imán tenía el teléfono de una pizzería. Y encontré un maniquí, también, junto a un árbol. Y me llevé el maniquí a casa. Jamás se me hubiese ocurrido cortarle una mano. Intenté fornicar con el maniquí, en dos o tres oportunidades, pero los resultados no fueron satisfactorios.
Los hombres y las mujeres somos especies diferentes, le digo mientras pido la cuenta.

25.3.06

Corrientes del pensamiento paleontológico

En el Museo de Ciencias Naturales los visitantes se esfuerzan por imaginar un mundo con dinosaurios vivos.
Yo imagino un puchero grande, enorme.

Iceberg

El concepto de ‘iceberg’ suele ser más que útil a la hora de comprender la mayoría de los problemas que suelen aquejar al hombre moderno. El problema en el plano real, lo que se ve, es infinitamente más pequeño que lo que no se ve, y que sucede precisamente en el plano imaginario, bajo la superficie.
Dicho de otra forma: lo que atormenta al sujeto es, casi sin excepción, mucho más imaginario que real. Lo real no suele ser tan grave; lo grave es lo que el sujeto imagina. Lo que el sujeto cree que le sucede se impone sin dificultad por sobre lo que sucede. Complicado.
En mi libro ‘Ayúdame a vivir 2, el regreso’, explico un tratamiento al que hemos recurrido con singulares resultados.
Se lleva a los sujetos bajo tratamiento al mar. La costa argentina brinda innumerables variantes al respecto.
Se aguarda hasta las diecinueve horas, o incluso, en algunos casos, hasta que sea noche cerrada. Se procede entonces a introducir al paciente al mar, desnudo. Estar en el mar en medio de la noche, hace milagros en la mente del paciente. Estar subsumido en una fuerza superior, le permite tomar conciencia de su profunda insignificancia, y de la nimiedad de los problemas que lo atormentan.
El tratamiento, pongamos quince minutos, obra milagros en las mentes más torturadas. Tengo copiosa documentación que sustenta mis palabras.
Además, si el paciente es picado por un aguaviva, en los testículos o en los senos, según el caso, entonces la claridad que emerge en torno a las diferencias entre lo real y lo imaginario roza la desmesura.

22.3.06

Mover montañas

De los actos de fe, deseo hacer hincapié en uno que ha llamado mi atención. Uno que merece mi consideración y respeto. No son las procesiones, no. Ni los ayunos, de ninguna manera. No me conmueve la gente que camina descalza, cientos de kilómetros, en pos de un milagro. Ni siento particular interés por las penitencias en cualquiera de sus formas.
El acto de fe más importante, y tal vez el más tremendo que me ha tocado presenciar, es alguien, dentro de un taxi, en un día de lluvia, desempañando una ventana con el dorso de una mano.
La fe, la más pura fe de creer que del otro lado del cristal, pasados unos pocos minutos, pueda ser todo diferente.

Manual de espontaneidad

Cuando alguien explica hasta el hartazgo el porqué de sus actos, me aburro de manera invariable. Prefiero la gente que hace lo que hace porque sí. Y que luego no se queja.

18.3.06

Espejos retrovisores: usos y alcances

Por algún motivo que no alcanzo a comprender, la gente parece querer reunirse con sus compañeros de la escuela primaria, treinta años después, o con los compañeros de la secundaria, veinticinco años después, o variaciones por el estilo.
Lamento ser yo portador de tan malas noticias, pero la única forma de escapar es hacia delante. Repito: hacia delante.

Consejos médicos

La enfermedad, cualquiera, genera en el portador el deseo de resistencia, de lucha, de victoria contra el agresor de turno.
Tiempo después, el portador descubre la futilidad de su esfuerzo, y está dispuesto a conformarse. Que la enfermedad haga lo suyo, pero que, por cortesía, se limite a molestar lo mínimo indispensable.
Como si de un matrimonio se tratara.

15.3.06

Guía práctica para cultores del silogismo

Según cuentan los cronistas de la época, la Señora Eva Perón, más conocida como ‘Evita’, recibía a los pobres, a los más humildes, vestida con las prendas más caras, más lujosas. Pieles, joyas, vestidos con exquisitos brocados.
Yo he probado caminar por mi barrio luciendo una corbata de más de veinte pesos, y fui observado con resquemor, con recelo, casi con odio en estado puro, por los habituales transeúntes.
No soy Evita.

Felices los felices, dijo J. L. B.

Emprendo mi habitual via crucis con un curioso buen humor. Me aboco a mis cotidianos e insípidos menesteres con alegría, casi feliz. Siento que cosas maravillosas pueden suceder a cada paso, modificando el gris preestablecido.
Mi estado expansivo y predispuesto carece de sustento específico. Sé que a la gente le molestan los felices, y con eso me basta.

11.3.06

Porque yo te amo

La versión del tema ‘porque yo te amo’, cantada por Leonardo Favio, es infinitamente mejor que la versión cantada por Sandro. Sin embargo, es el segundo quien goza de un éxito y reconocimiento por lejos superior al primero.
A los estudiantes de ciencias políticas les recomiendo e instruyo abordar este hallazgo en apariencia menor. Sospecho que en estos detalles subyace el fracaso de la República Argentina.

Tengo un problema

Detallo el problema, a continuación, con fines descriptivos.
Por mi salud mental, debo frecuentar sitios con baja densidad de gente. Ahora bien, supongamos que se trata de un restaurante. Si el sitio cuenta con la baja cantidad de comensales deseada, esto puede deberse a dos, y tan solo dos, motivos. O bien el lugar constituye un verdadero hallazgo de mi parte, o bien el lugar es pésimo.
Si estamos en presencia de un hallazgo, entonces me entristece saber que la verdad saldrá a la luz, más o menos de inmediato, y el lugar estará lleno la próxima vez que yo concurra.
Si el lugar es pésimo, entonces permanecerá sin gente, pero yo no deseo volver a ingerir tan repulsivos platos.
En cualquiera de los dos casos, se apodera de mí una inquietud, una angustia, una tristeza.
Y en cualquiera de los dos casos, además, el mozo trae la cuenta.

5.3.06

Aproximaciones filosóficas a la obra de Paul Maker

Cuando reflexiono sobre una cuestión específica, no intento establecer juicios valorativos, como sostienen buena parte de mis seguidores. Tampoco intento que mis ponencias, más allá de la línea argumental que desarrollan, se transformen en hechos estéticos en sí mismas, como piensan un grupo no menor de quienes me leen.
Lo que intento por lo general, es que pase el tiempo hasta la hora del almuerzo. O de la cena.

2.3.06

Introducción al hedonismo

Proceda a realizar el siguiente experimento:
1)Identifique lo que más le gusta, actividad o sustancia. O una de las cosas que más le gusta. Algo que le da placer.
2)Una vez identificado lo que le da placer, proceda a privarse de lo que le da placer, la cosa o actividad en cuestión. Prívese una semana.
3)Mientras transcurren los días en los cuales se priva, obsérvese, estúdiese, piénsese.
4)En tanto lo que da placer suele ser nocivo de alguna u otra forma (no deseo explayarme al respecto), usted verá que al privarse, su cuerpo experimenta mejoría. Su cuerpo parece alegrarse con la novedad del cambio.
5)Al mismo tiempo que la alegría física sucede, usted descubrirá que una honda tristeza se apodera de su mente. Para ser más exactos: su cuerpo está mejor, casi puede sentirlo, pero usted está triste.
Una vez concluido el experimento, pasada la semana, puede usted retomar su vida habitual. También puede usted matarse, una vez descubierto que sin las ínfimas cosas que le proporcionan placer, su vida carece de sentido.

Te deseo lo mejor

En la pizzería, la chica me cuenta lo feliz que será cuando viva en New York. Lo feliz que será cuando sea la cantante de una banda de jazz compuesta en su totalidad por músicos negros. Lo feliz que será cuando consiga dejar su trabajo actual para hacer lo que le gusta; cuando se reconozca su esfuerzo, su arte; cuando triunfe.
Pienso por un instante. Cuento la cantidad de porciones que hemos ingerido cada uno, y cuántas quedan aún sobre el plato de madera. Si las matemáticas no me traicionan, comeré más de la exquisita pizza de fugazzetta que ella. Sí, estoy seguro.
El futuro promisorio es, en lo que a mí respecta, un magma tan frágil como inasible, construido de un extraño material que consiste en pequeños logros en tiempo presente.

Poderes

La facultad de mover objetos con la mente se denomina telequinesia. Si en lugar de objetos, lo que se pretende es mover seres vivos, más precisamente humanos, debe recurrirse, casi sin excepción, al dinero.

1.3.06

Ah, el deporte

El anuncio de un caso de doping en un deportista argentino, por televisión, me deja pensando. En lo personal, considero que en la competencia de alto rendimiento, no debiera existir control alguno. Que cada uno consuma lo que quiera. Que se inyecten oxígeno en los huevos. Que coman ranas crudas. Que se corten las orejas. Que se implanten en los pies un pulgar de gorila en reemplazo de cada dedo.
Lo que quiero decir es que si se trata de ver qué tan rápido puede correr un ser humano, por mí pueden ponerse un matafuegos en el culo.

Ego inflamado

Cada vez que conduzco un vehículo y observo que el vehículo que marcha delante pone la luz de giro, jamás se me da por pensar que tiene en sus planes doblar.
Por lo general, creo que el guiño fue puesto porque le gusto, porque le agrada mi forma de ser. El guiño fue puesto para seducirme.

¿Eh?

Todo lo que me gusta, hace mal. No me parece justo.

25.2.06

Fiesta de egresados

Me llama una chica para invitarme a una fiesta; se cumplen veinte años, o tal vez veinticinco, desde que terminamos la escuela primaria. Al parecer, yo hice la escuela primaria. Al parecer, la chica hizo la escuela primaria conmigo.
La chica exuda entusiasmo. Habla, se atolondra, dice que será un acontecimiento muy divertido.
Le digo que no, que de ninguna manera, que no existe la más mínima posibilidad que yo concurra.
Escapar hacia delante es una tarea viciada de la futilidad más extrema. Pero escapar hacia atrás, bueno, eso es imbecilidad. Y punto.

Aplausos

Saer escribió alguna vez, en algún libro, aunque por más que yo lea y relea el libro no consigo volver a encontrar el párrafo, lo cual agrega algo de misterio al asunto: ‘se dice que la comedia es superficial, porque elude las evidencias de la tragedia. Pero en sí, no hay nada más que comedia, en el sentido que la realidad es superficial. La tragedia es puramente imaginaria’.
Es todo lo que a mí me hubiera gustado escribir al respecto, así que escribo: es todo lo que a mí me hubiera gustado escribir al respecto.

Diplomacia

–Disculpe que lo cuestione en público, Licenciado, pero con lo que acaba de argumentar, usted está cambiando su postura en 180 grados.
–No se preocupe, Doctor. Lo único que me inquieta es que, si vuelvo a cambiar de opinión, quedaré en la curiosa posición de haber retornado al lugar de partida, más tendré la cabeza apuntando hacia un lado, y los pies hacia el otro.

24.2.06

Esto debe saberse

Una empanada de jamón y queso es un tostado fóbico.

(ea)³pp

Hagamos un minuto de silencio, por favor. Y pensemos en Carlitos Balá. En el flequillo de Carlitos Balá. En tantos chicos y chicas, manos a la espalda, metiendo la carucha en una ensaladera repleta de harina, intentando encontrar un caramelo. Pensemos en ese juego, en esa inocencia, en esas sonrisas. Pensemos en eso, por favor, porque yo tengo ganas de pensar en eso. Es un minuto, nomás.
Gracias.

22.2.06

Artistas

Me es informado que quienes concurren a talleres literarios van en amplia mayoría por el benéfico efecto que se obtiene al ser leído. Hay profesores que se explayan sobre la materia. Para quien escribe, ser leído es un bálsamo. Idéntico efecto debe recibir el pintor cuyo cuadro es observado, o el músico que es oído.
Entiendo, creo que entiendo.
En lo personal, he contratado en alguna oportunidad prostitutas y les solicité que se frotaran los pechos y las nalgas con mis fragmentos. También he utilizado algunos de mis poemas para envolver dos, o miento, eran tres, porciones de pizza.
Tales experiencias me han dado una particular satisfacción. Me he sentido útil, gratificado, comprendido.
Pero no sé, cada uno tiene su propio método. ¿No?

Matemáticas aplicadas

A mayor cantidad de fotografías en el domicilio de una persona, pongamos por ejemplo una chica, menores serán sus ganas de vivir el presente, pongamos por ejemplo, de fornicar.

*El autor se disculpa. La fotografía es, en su opinión, un arte. La fotografía le gusta. La fotografía le interesa. El autor se refería a las fotografías tomadas en San Clemente, esas cosas.

Lo que no dice el kamasutra

En un canal de televisión donde se suele exhibir pornografía, entrevistan a una actriz porno. La actriz, recostada en su sillón en ropa interior, fumando, dice: ‘prefiero llorar en un Rolls Royce que reír en una bicicleta’. Entiendo que sus dichos son respondiendo a una pregunta del periodista, respecto a porqué hace lo que hace, o cómo soporta lo que hace, o alguna variante en cuestión.
Apago el televisor y me acuesto a dormir. Cuando uno busca algo de sexo en cualquiera de sus formas no suele estar con la predisposición adecuada para recibir lecciones de vida.

18.2.06

De mingitorio a mingitorio

–El éxito aburre, el fracaso cansa –dijo el filósofo y amigo Paul Maker.
Después volvimos al salón donde se desarrollaba la fiesta, y se dedicó con especial concentración a la ingesta de canapés.
Como si nada.

Nao tem fim

No debe uno suponer, como suele ocurrir partiendo de preceptos en su totalidad erróneos, que la obtención de algunos logros más o menos tradicionales y socialmente aceptados (dinero, poder, mujeres, el confort en cualquiera de sus manifestaciones) asegura o garantiza o presupone alguna dosis de felicidad para su portador.
Puede usted de hecho verme a mí, licenciado, degustando este malbec, insistiendo con estos canapés de caviar, contemplando estos cuadros y sí, la jovencita de vestido dorado y espalda desnuda es quien me acompaña. Y sin embargo estoy triste, licenciado, muy triste. Exquisitamente triste, me atrevería a decir.

El herramental teórico de la ciencia económica

La ley de los rendimientos decrecientes, o la ley de utilidad marginal decreciente, constituye una pieza de conocimiento demasiado relevante para haber sido creada por un economista.
Intento incluso explicar su aplicabilidad a la más amplia gama de conductas y actividades. Sin embargo, la mujer que me acompaña en ese momento no me presta la más mínima atención, y continúa reclamando proezas de índole sexual más allá de mis capacidades.

15.2.06

To triumph or not to triumph, that is the question

Cuando se observa a un tigre o a un hipopótamo en cualquier zoológico, el animal objeto de análisis muestra una conducta por demás diferente a la de sus pares en libertad. Deseo concentrarme en lo siguiente: una vez que el animal toma conocimiento que se le traerá alimento a una hora más o menos fija, se echa a esperar, mitad indolente mitad indiferente. Dicho de otra forma: decide no hacer nada, o casi nada más que esperar ser atendido.
No veo entonces cómo el artista que ha logrado cierto nivel de prosperidad económica, continuará realizando todo aquello que lo condujo hasta el lugar donde se encuentra.

Dinámica de los fluidos para no-ingenieros

Después de un sesudo estudio y una más que variada gama de contrastaciones empíricas, estoy en condiciones de afirmar que la lubricación no ha sido tal vez debidamente valorada a la hora de llevar adelante el acoplamiento, la cópula, la fornicación propiamente dicha.
Me atrevería a decir que la lubricación no ha recibido la atención que se merece; a la altura por ejemplo del atractivo físico que pueden sentir, una por otra, las partes involucradas en el asunto.
Lo que deseo afirmar, escribano, es que con la lubricación adecuada podría cogerme un pato de madera, llegado el caso.

11.2.06

No me muestres tus fotos

La gente que muestra fotos tal vez ignora que al hacerlo, mientras lo hace, es todo pretérito, pasado en estado puro. En tal sentido el presente se transforma en anécdota, algo menor, insulso, y porqué no irrelevante.

15

‘El burro no coge por lindo, sino por insistidor’, me comenta un amigo en la barra de un bar. ¡Cómo lamento no haber escuchado estas frases quince años antes!

Aunque te cueste creerlo

No he llegado hasta aquí por algún tipo de éxito, como el común de la gente podría suponer. Lo que me ha traído hasta aquí ha sido una deliciosa sucesión de fracasos. El no haber alcanzado ninguno de los objetivos que me he propuesto. La derrota en estado puro. La placidez, si se me permite el término, que sólo pueden brindar las circunstancias adversas.

8.2.06

En el taller literario

–Compuse un poema, maestro.
–A ver, lea, muchacho.
–Los primeros versos dicen así: ‘mi corazón es una albóndiga que chorrea lágrimas de grasa’.
–Ajá, entiendo. Imágenes potentes, con reminiscencias de olores y sabores. Alto contenido onírico. Tal vez no sea tarde, tal vez todavía esté a tiempo. Si tiene usted el secundario completo, tal vez pueda hacer una carrera corta y adquirir un oficio. Plomería, o electricidad. Dicen que los electricistas ganan buen dinero.

Lecciones de vida, volumen 11

La reinvención del propio yo, las ganas de continuar, de seguir, así en un matrimonio como en el alpinismo, es la verdadera gesta heroica, sino la única.
El resto de la vida consiste en una sucesión de aspectos decorativos. Lo que se ha dado en llamar, siguiendo la terminología cinematográfica, ‘efectos especiales’.

4.2.06

Redivivo

Cuando alguien intenta convencerte acerca de las bondades de una conducta, una creencia, un estado, una situación, resulta sin excepción que quien lucha por convencer, adolece de falta de convicción. A mayor énfasis por convencer, mayor la duda. Quien convence necesita del convencido para reafirmar sus creencias.
Lo que quiero decir es que quien sabe cómo ganar a la ruleta, no escribe el libro.

Terapias alternativas

Finalmente, lo he descubierto. Algo que puede aliviar a miles y miles de personas que habitan las grandes urbes. Sé cómo curar la angustia de domingo.
Para no estar triste un domingo es menester abrazar algo. Si es una persona, mucho mejor. Un ser humano. Pero puede ser también un animal; un perro o un caballo, y allí me detengo en el rubro animales, porque no creo que existan muchas personas con la capacidad fáctica de llevar adelante un abrazo a una jirafa o a una cebra, cosa que también serviría. También se puede abrazar un árbol, o una planta. Aquí hago la aclaración: tengan cuidado aquellos que opten por abrazar un cactus. Por último, quedan los objetos. Si no se tiene una persona a mano, se puede abrazar una heladera, una silla o un auto.
Pero créanme, porque no tengo dudas al respecto, que los domingos fueron hechos para abrazar algo.

1.2.06

Motor

Cada mañana, al levantarme, o mejor dicho, al sentarme sobre la cama, apoyo los pies en el suelo y murmuro. ‘Me echaron, es terrible. Va a costarme volver a conseguir trabajo. Es probable que me desalojen, también, del lugar que habito. ¿Quién dará de comer a mis hijos? Mi madre necesita dinero. Tendré que robar, matar incluso, ver qué tan bajo se puede caer. Es terrible’.
Lo cierto es que nada de lo dicho me sucede, en absoluto, ni me ha sucedido jamás. De hecho, me va cada vez mejor. Unto la rebanada de pan con mermelada importada. Hace poco cambié el auto.
La única forma de ir a trabajar consiste en estar desesperado. Lo siento, pero es la única forma que funciona para mí.

A mi manera

Escucho las estrofas de una canción, interpretada por el inefable Charly García. La canción dice, y disculpen si desentono al escribir, más o menos así:

‘... el ángel vigía
descubre al ladrón
le corta las manos
le quita la voz
la gente se esconde
o apenas existe.
Se olvida del hombre
Se olvida de Dios...’

Quedo por un instante perplejo, en estado de profunda emoción. Como si alcanzara a comprender, con absoluta claridad, todo lo que me pierdo por no ser un artista. Duele de verdad.
Así que lo intento, a mi manera:

‘... el ángel vigía, descubre al melón
lo corta en pedazos, le quita el carozo
la gente es deforme, se nota en el subte
se olvida del hombre, empieza Tinelli...’

*Sé perfectamente que el melón no tiene carozo. Pero estamos en presencia de lo que podríamos denominar una ‘licencia poética’.

28.1.06

Rigor científico

No veo porqué no se ha de poder partir de premisas falsas, para arribar a conclusiones ciertas. ¿Acaso la seducción no consiste, precisamente, en eso?

Reivindicación de la premisa falsa

Así como el frío produce la contracción, el encogimiento en cierto tipo de metales, produce un efecto similar en mi, por ponerle un nombre más o menos apropiado, órgano sexual.
Afirmar entonces que tengo el pito de metal, es revolcarse en el pantano del silogismo sin objetivo claro ni motivo alguno.

25.1.06

Recursos humanos

Si yo trabajara en un departamento de recursos humanos. Si yo tuviera que entrevistar gente, pongamos, para trabajar en oficina, pediría que el postulante hiciera una prueba muy sencilla.
Lo principal, la prueba más relevante, la que define si el aspirante puede conseguir el puesto de trabajo o no, consiste en pedir al aspirante que abra la boca, que abra la boca al máximo, que abra su boca tanto como se lo permitan sus maxilares y sus labios. Y aguante así, con la boca abierta, por todo lo que dura un minuto.
Finalizada esa prueba, estoy en condiciones de determinar si el postulante es apto y merecedor del trabajo.
No hace falta leer sus antecedentes laborales. No hace falta que el postulante se esfuerce en mentir, en agradar, en parecer humano.
Lo importante es ver si en su cavidad bucal entra un sapo adulto, vivo, sin sal, sin ningún otro tipo de aderezo. Un sapo vivo, listo para ser tragado.

Osado

Cada mañana en un bar, me cuestiono mi vida. Sufro a la manera tradicional, pensando que todo pudo haber sido diferente. Me reprocho no haber tenido una vida más original, más vertiginosa, más aventurera. No haber sido cantante de rock, o cazador de cocodrilos es algo que debiera atormentar a cualquiera. No haber saltado en paracaídas. No haber participado en una sudorosa orgía en un yate. En Mónaco. No haber peleado contra una pitón embravecida en el Amazonas. No haber retado a duelo a Bob Dylan por los favores de una rubia con ojos de miel. No. Nada.
¿Qué pienso hacer al respecto? Nada, también nada. En absoluto. Son estas cosas que pienso las que dan un sabor particular a mi café con leche con medialunas.

La inversión de la carga de la prueba

La gente que trabaja en oficinas está muerta hasta que demuestre lo contrario. Y es algo que lamento lo indecible.

24.1.06

Actores de reparto

Soy mal espectador. Cada vez que observo a una persona arriba de un escenario, cantando o actuando o tocando el trombón, no puedo evitar pensar que esa persona podría haber sido yo. Es tonto, ya lo sé; y jamás pasó por mi mente cantar o actuar. O tocar el trombón.
Si yo fuera el sujeto arriba del escenario me señalaría con un dedo y diría: ‘¡Eh, vos. Sí, vos. Andáte. No te interesa el espectáculo, no te sirve. Te hace mal’.
Pero ninguno de esos sujetos parece tener la caballerosidad y cortesía necesarias para devolverme el protagonismo de mi minúscula vida.

21.1.06

Génesis

porque de chico quise Nesquik
y me dieron Zucoa
todo este fracaso está
justificado.

porque de chico quise Nesquik
y me dieron Nescao
todo este resentimiento, este rencor,
este deseo de revancha que me mastica
la sangre
es admisible.

porque de chico quise Nesquik
y me dieron Vascolet
son estas ganas de escupir, de morder,
de apretar, de patear,
de meter los dedos.
de hacer daño.

porque de chico quise Nesquik.
¡Nesquik!
y me dijeron que era igual,
que era lo mismo.

pero me dieron otra cosa.


*El autor siente que en términos poéticos ha alcanzado su punto más alto. El autor se asusta. El autor se sorprende. El autor sonríe.

20.1.06

En el cine

La película no era buena. La película era, incluso, mala. Pero en la película existía un momento donde el psiquiatra le decía a su paciente una frase. Al parecer, la frase pertenecía a una canción. Al parecer, la canción pertenecía a un grupo llamado ‘The The’.
Ah, sí, la frase.
‘Si no puedes cambiar el mundo, cambia tu mundo’.
O no.
‘Si no puedes cambiar el mundo, trata de cambiar tu mundo’.
Por más que estuve pensando toda la tarde del domingo al respecto, no conseguí recordar cuál de las dos frases era la que el psiquiatra le decía a su paciente. En la película.
Tampoco conseguí decidir, por más que lo pensé, cuál de las dos frases me hubiera gustado escuchar a mí, en caso de ser el paciente.
Tampoco conseguí decidir, por más que lo pensé, cuál de las dos frases me hubiera gustado decir a mí, en caso de ser el psiquiatra.
Pero la película no era buena. Era mala. De eso estoy seguro.

18.1.06

Gastronomía moderna

El restaurante era exquisito. Una hermosa casa en el barrio de Palermo. Sillas confortables. Una cava infinita. Velas. Mozas con uniforme y el cabello recogido. Especialistas en postres lo suficientemente amanerados para exponer durante nueve minutos acerca de las sutilezas del chocolate. Un jardín de invierno poblado de árboles enanos que hubieran hecho las delicias de cualquier japonés. Poca luz. Jazz de fondo. Armonía.
El restaurante tenía de todo, menos comida.

Cómo seducir con nada

Los rudimentos de la seducción indican que se debe simular atributos de los cuales se carece. Esto, no es preciso aclararlo, desemboca en la más tradicional de las decepciones. Cuando el/la seducido/a descubre que los atributos del/la seductor/a no existen en esencia. Fueron, tal vez, fruto de un genuino esfuerzo, pero en ningún caso se trató de cualidades perdurables, mucho menos duraderas.
En lo personal, y aunque pueda resultar algo revulsivo, pongo lo peor de mí en la primera cita. Si la sujeta en cuestión logra superar la repugnancia inicial, puede huir con la certeza que las cosas no harán más que mejorar.

14.1.06

Volturno

Es menester desconfiar de la gente que no tiene vicios. De la gente que no fuma ni bebe. De la gente que no manifiesta mayor interés por el sexo ni por la pizza ni por el chocolate.
El cuerpo humano, si bien complejo, puede ser entendido como una máquina, como la cafetera Volturno que me regalaron hace tantos años. El cuerpo humano, como la cafetera, sin las debidas válvulas de escape, estallaría en mil pedazos.
Lo demás es la fatiga de materiales, la decadencia y caída. Lo demás ni merece ser contado.

Cómo ser feliz en 3 lecciones

Fracasar sin rencor, fracasar sin rencor. Repito: fracasar sin rencor. He ahí la clave al alcance de la mano, para todos aquellos que no recibieron la dotación inicial de recursos, estéticos o materiales.

Dificultades

Una mujer resulta genuinamente conmovida por un poema que he escrito hace más o menos diez años. Aquí es donde comienzan las dificultades. La persona que escribió ese poema, estoy casi seguro, ya no existe. Sin embargo, a juzgar por los ojos de la mujer, el impacto del poema es exquisito. Me atrevería a decir que es exquisito e impensado.
Aquí es donde las dificultades continúan. ¿Qué es esto? ¿Una extraña máquina del tiempo hecha con una birome? ¿La cepa de un virus que, por no haber sido leído y agotado en su momento, ha mutado en algo de una potencia desconocida? ¿Una suerte de polinización aleatoria, como un espermatozoide díscolo fuera de su órbita?
¿Qué es esto? ¿Literatura?

11.1.06

Rousseau, Hobbes, y el taxista

El taxista me cuenta que de niño, y hasta no tan niño, fue vendedor ambulante. Vendía chocolates en los trenes.
Me cuenta que iba a vender a un tren alejado de su barrio, porque sabía que en el tren más cercano se podía cruzar con gente que lo conocía.
Teniendo once años, fue golpeado por un muchacho de veinte años, que también era vendedor. El muchacho le robó los chocolates. El muchacho lo tiró del tren.
Sin embargo, al día siguiente, el niño volvió a vender chocolates al mismo lugar. Al mismo tren.
Me explica: entre que me volvieran a pegar, y la vergüenza que me viera algún conocido, preferí que me volvieran a pegar.
Esta historia tal vez pueda explicar sobre el género humano casi todo lo que yo quería saber.
Acto seguido, el niño que vendía chocolates –ahora taxista-, sacó un arma y me asaltó. Me robó todo lo que tenía.
Antes de bajarme del auto nos dimos la mano con sana, y me atrevería a decir genuina camaradería.

Palabras

La gente por lo general, cuando no tiene nada que decir, sigue hablando.
La gente de bien, cuando no tiene nada que decir, calla.
La gente algo peculiar, cuando no tiene nada que decir, escribe.

8.1.06

Si no tenés un cubo mágico

He abocado el domingo al siguiente ejercicio de refutación y porqué no sesudo análisis:
1) La frase dice 'no le pidas peras al olmo'. La frase correcta es, de manera inobjetable: 'no le pidas peras a Pérez'.
2) La frase dice 'a papá mono con bananas verdes'. La frase correcta es, sin posibilidad de duda: 'a papá mono con bananas de Chernobyl'
3) La frase dice 'al que madruga Dios lo ayuda'. La frase correcta es, elemental: 'al que madruga Dios lo arruga'.

Y se me terminó el domingo, que si no...

pd: el Sr. Olmo, las bananas verdes, y la ayuda divina serán tratados en posteriores acápites. Hay allí una combinatoria que aún no consigo descifrar.

7.1.06

La piedra

Me regalaron una piedra traída de un lugar indómito. Me dicen que debo colocar la piedra en un recipiente con agua y sal, durante todo un día. Debe darle el sol y la luna. Luego, puedo retirar la piedra del recipiente, y colocarla en algún lugar de mi hogar. La piedra tiene poderes. La piedra está energizada. La piedra se encargará del resto.
Sigo el procedimiento al pie de la letra.
A partir de entonces, de manera misteriosa, todo sale mal. Piso baldosas flojas y me salpico mis zapatos. Mi novia me dice que después de hablarlo durante mucho tiempo con su analista, ha descubierto que me odia. Las empanadas que pido para cenar llegan frías. Se rompe la cadena del baño. Alguien parece haberse pasado la noche martillando la parte delantera de mi automóvil.
Pienso qué debe sentir alguien que ha ido a misa, pongamos durante unos diez años, mientras un circunspecto médico lee unos análisis y le anuncia, por ejemplo, un cáncer.
Pienso que no existe un ranking de tragedias, así como no existe un ranking de imposibles. Pienso que para mí está igual de lejos el mar Egeo que Marte.
Pienso qué hacer con la piedra que me regalaron.

Relaciones humanas

Las relaciones humanas naufragan, de manera invariable, en el hastío, en el tedio. Resulta triste de ver cómo el encantamiento y la fascinación primera, mutan, trocan, si se le da el debido tiempo, en aburrimiento puro y duro.
Tal vez convenga entonces, por el bien de los involucrados, retirarse, partir, sin tristeza excesiva, antes que la pasión se transforme en abulia, el genuino resplandor en opacidad sin remedio, la alegría en pena.
Conocerse entonces, mientras dura el brillo de lo mágico, y partir después, antes de verlo marchitarse.
Eso te da unos cuarenta y cinco minutos bárbaros, más o menos.

4.1.06

Devoluciones

Me encanta ser invitado a lugares a los que no pienso concurrir. Es una forma de devolver tanto rechazo que recibí siendo niño.

Parábola de los talentos

No sé quién lo dijo, ni si fue dicho de esta forma, pero creo en verdad que el talento justifica todo lo demás. Cualquier falla en la personalidad o en el carácter. El talento justifica todo. El talento exime y redime. Así lo creo.
Ahora, respecto a porqué no asistí a tu cumpleaños, no es preciso tal vez bucear en lo insondable de la conducta humana.
No tenía ganas, che. Disculpame.

1.1.06

Felices los felices, dijo J. L. B.

Partiendo de un momento cero, el nacimiento, si es que es preciso definir dicho momento aunque no me parece relevante para la línea argumental que deseo llevar adelante, las posibilidades de ser feliz o triste se me antojan, como si de ambas caras de una moneda se tratara, iguales.
Aquí es donde comienzan las dificultades desde el más puro empirismo. La mayor parte de la gente que observo a diario, está triste. Esto me obliga a pensar que los felices, menos en número, son muy felices; utilizan, sin poder precisar si de manera indebida o merecida, la felicidad de muchos.
Los felices parecen incapacitados para utilizar una sola felicidad, y optan por varias. La felicidad, concluyo, es adictiva, y genera las mismas patologías que en el portador de cualquier otro vicio. Aún a riesgo de ser poco original diría que el problema con la felicidad, como con el dinero, con el whisky o con el chocolate en rama, es siempre la vieja y querida paradoja: demasiado poco, o demasiado.