La mente. Ah, la mente es un artilugio de lo más complicado. El software del cerebro, la ensalada waldorf que nos mantiene andando. Mecanismo complejo si los hay, y delicado.
Te doy un ejemplo, para que veas. La hago cortita, la resumo, para que no te aburras, porque estábamos con otro tema.
Ah, sí, el ejemplo, el ejemplo.
Hay un estado, en los Estados Unidos, justamente, donde está permitida la pena de muerte. Debe ser Texas, seguro, por que es ahí donde está lleno de pelotudos que andan con un rifle en el auto y botas de cowboys, y sombreros, claro. Aunque no viene al caso, pero debe ser Texas.
Había un condenado a muerte, por robo, por violación, por varios asesinatos.
Pero aunque el condenado a muerte era una basura infecta, una alimaña de pantano, siempre hay alguien que se opone, a la pena de muerte. Por que es de una infinita truculencia, por que es la Ley del Talión, por que no arregla nada.
Y aparece un doctor, un neurólogo, también psiquiatra, y dice que va a hacer un experimento, Un experimento con el condenado a muerte. Para que la condena, la ejecución, sea igual de efectiva, pero menos cruenta. Cómo ejecutar al condenado siempre fue el tema que más raspa cuando se discute la cuestión, por que al presenciar una ejecución, se descubre que la sociedad se come al caníbal, que no hay manera, que está todo para el carajo.
Y no va que lo dejan hacer el experimento, al médico, con el condenado a muerte. Total, era un condenado a muerte, por lo menos que sirviera para algo. Una tan retorcida como lúcida línea de razonamiento.
El doctor hace lo siguiente. En lugar de la horca, o de la cámara de gas, o de electricidad. El doctor hace otra cosa.
Lo atan, al condenado a muerte, le vendan los ojos. Y le hacen un corte en la muñeca, eso es lo que se le explica al condenado. Que le van a hacer un corte en la muñeca, un corte de quirúrgica exactitud, para que se desangre, para que muera desangrado. La gran Séneca, si le querés poner un nombre.
Entonces le hacen el corte, te decía, pará, ¿querés tomar algo? Le hacen el corte, pero en realidad, lo que le hacen es un cortecito de morondanga, nada importante. Le hacen un corte en la muñeca derecha, un corte de la más absoluta irrelevancia.
Y ahora viene lo más interesante. Le ponen sonido, de goteo, sobre metal, como si lo que estuviera goteando fuera su propia sangre, la sangre del condenado, la sangre del condenado a muerte.
Eso es todo. Un goteo, gota y gota, plif plif, gruesos goterones de sangre sobre una metálica superficie, por que al tipo lo habían sentado sobre una especie de bañera con ese piso de metal, como de aluminio. Transcurridos un par de minutos el goteo se va atenuando, el goteo languidece hasta que, finalmente, se detiene. Para.
Así está el tema, cuando el goteo para, cuando el amplificado sonido del goteo para, el condenado se muere, de un paro cardíaco. Le habían hecho un cortecito de mierda, algo ínfimo, pero el tipo escuchó gotear y gotear su sangre, y le habían explicado cómo iban a matarlo. Ahí está su mente, en una habitación cerrada, a oscuras, su mente escuchando el goteo que es su propia muerte, tres minutos, o cinco. Cuando para el goteo, el hombre, su mente, sabe que se ha desangrado. Y se muere.
Ahora, con respecto a lo que nos acaba de suceder, bueno, sí, no es tan solo la mente. Te acabé adentro, como un dromedario, no pude contenerme. Yo también estoy preocupado.
Te doy un ejemplo, para que veas. La hago cortita, la resumo, para que no te aburras, porque estábamos con otro tema.
Ah, sí, el ejemplo, el ejemplo.
Hay un estado, en los Estados Unidos, justamente, donde está permitida la pena de muerte. Debe ser Texas, seguro, por que es ahí donde está lleno de pelotudos que andan con un rifle en el auto y botas de cowboys, y sombreros, claro. Aunque no viene al caso, pero debe ser Texas.
Había un condenado a muerte, por robo, por violación, por varios asesinatos.
Pero aunque el condenado a muerte era una basura infecta, una alimaña de pantano, siempre hay alguien que se opone, a la pena de muerte. Por que es de una infinita truculencia, por que es la Ley del Talión, por que no arregla nada.
Y aparece un doctor, un neurólogo, también psiquiatra, y dice que va a hacer un experimento, Un experimento con el condenado a muerte. Para que la condena, la ejecución, sea igual de efectiva, pero menos cruenta. Cómo ejecutar al condenado siempre fue el tema que más raspa cuando se discute la cuestión, por que al presenciar una ejecución, se descubre que la sociedad se come al caníbal, que no hay manera, que está todo para el carajo.
Y no va que lo dejan hacer el experimento, al médico, con el condenado a muerte. Total, era un condenado a muerte, por lo menos que sirviera para algo. Una tan retorcida como lúcida línea de razonamiento.
El doctor hace lo siguiente. En lugar de la horca, o de la cámara de gas, o de electricidad. El doctor hace otra cosa.
Lo atan, al condenado a muerte, le vendan los ojos. Y le hacen un corte en la muñeca, eso es lo que se le explica al condenado. Que le van a hacer un corte en la muñeca, un corte de quirúrgica exactitud, para que se desangre, para que muera desangrado. La gran Séneca, si le querés poner un nombre.
Entonces le hacen el corte, te decía, pará, ¿querés tomar algo? Le hacen el corte, pero en realidad, lo que le hacen es un cortecito de morondanga, nada importante. Le hacen un corte en la muñeca derecha, un corte de la más absoluta irrelevancia.
Y ahora viene lo más interesante. Le ponen sonido, de goteo, sobre metal, como si lo que estuviera goteando fuera su propia sangre, la sangre del condenado, la sangre del condenado a muerte.
Eso es todo. Un goteo, gota y gota, plif plif, gruesos goterones de sangre sobre una metálica superficie, por que al tipo lo habían sentado sobre una especie de bañera con ese piso de metal, como de aluminio. Transcurridos un par de minutos el goteo se va atenuando, el goteo languidece hasta que, finalmente, se detiene. Para.
Así está el tema, cuando el goteo para, cuando el amplificado sonido del goteo para, el condenado se muere, de un paro cardíaco. Le habían hecho un cortecito de mierda, algo ínfimo, pero el tipo escuchó gotear y gotear su sangre, y le habían explicado cómo iban a matarlo. Ahí está su mente, en una habitación cerrada, a oscuras, su mente escuchando el goteo que es su propia muerte, tres minutos, o cinco. Cuando para el goteo, el hombre, su mente, sabe que se ha desangrado. Y se muere.
Ahora, con respecto a lo que nos acaba de suceder, bueno, sí, no es tan solo la mente. Te acabé adentro, como un dromedario, no pude contenerme. Yo también estoy preocupado.