10.6.26

Te conozco mascarita


Muchas veces entro a un taxi, empieza el viaje, el conductor habla de algo, de cualquier cosa, tiene ganas de hablar o de quejarse. Te sacan conversación. Y entonces.
–Con usted ya viajé –le digo–. Hace un par de meses. Me acuerdo porque usted me contó que no resiste más a su suegra. Me hizo reír, la forma en que lo contó. Cuando habló con su suegra y le dijo ‘te voy a matar, vieja de mierda’.
El tipo se sorprende primero, se ríe después. Se afloja, me mira por el espejito retrovisor.
–Siii, es verdad –mete un cambio, acelera–. Te llevé hasta Rivadavia y Cachimayo, creo. Llevabas a arreglar una computadora. Que memoria que tenés, flaco.
O subo al taxi y digo.
–Me acuerdo que usted me llevó a lo de mi prima, en Libertador y Olazábal. Usted me contó que es de San Lorenzo, que se emocionó mucho cuando supo que el Papa es de San Lorenzo. Que le dijo a su mujer que no le iba a pegar más, que quería que empezaran a ir a misa juntos, los domingos.
El tipo me mira y se rasca la barba, se acomoda los lentes, tiene una patilla de los anteojos pegada con cinta scotch.
–Es verdad, es verdad –frena, por el semáforo–. Si viene el Papa a la Argentina lo voy a ir a ver, aunque sea para verlo pasar. Se lo dije a Martita, le dije, vamos de una.
Eso es lo que hago. Le recuerdo al conductor que me contó que estuvo preso pero él no hizo nada, fue para ayudar a un amigo. O le digo al conductor que me contó cuando era flaco y tenía un boliche de salsa en Ituzaingó, no, en Hurlingham. Y así.
Una vez me pasó que el conductor se me quedó mirando.
–Mirá, es raro –dijo–. Porque todo lo que me decís que te conté es tal cual, es lo que me está pasando, es mi vida. Pero tuve un accidente manejando y estuve internado seis meses, me rompí una pierna en once pedazos, no podía manejar. Así que no te llevé, eso es seguro. ¡Ya sé! ¡Sos adivino! Tenés poderes, o sos telépata, no sé cómo se dice. Qué capo.
Y a mí me da no sé qué decirle que no, que no tengo poderes. Y que jamás me llevó antes, no sé quién es. No lo había visto nunca.
Acertar las dos o tres boludeces que te pasaron en la vida es la cosa más fácil del mundo.

*no hace falta que seas taxista. se aplica lo más bien.

6 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Interesantes giros argumentales.
No hay memoria, no hay poderes adivinatorios, son cosas que pueden pasar.
Saludos

Anónimo dijo...

En mi opinion, la vida del ser humano se ha vuelto tan predecible en los últimos tiempos que, con un poco de imaginación podemos, con un buen porcentaje de acierto, augurar cantidad de situaciones o vivencias por las que haya transitado casi cualquier sujeto.
Tal vez nos estaría haciendo falta atravesar algún tipo de aventura, alguna situación de esas que con el tiempo devienen en anécdota.
La frase del título me recordó a mi madre, quien solía utilizarla en forma asidua. Abrazo grande Hundred

Alberto Arenas dijo...

Perdón, salió mi comentario como anónimo

J. Hundred dijo...

*el demiurgo de hurlingham! no hay ningún poder adivinatorio, pero sé lo que te pasa. casi no hace falta hablar. saludos.

*anónimo! por lo general, presos de alguna absurda rutina, pedimos aventura. y después, cuando nos arrasa el tornado de la vida, añoramos normalidad. saludos.

*alberto arenas! saludos again.

José A. García dijo...

La experiencia humana, en este siglo xxi, está tan vacía de sentido, o de significado, que parece que todos hacemos lo mismo al mismo tiempo y de la misma forma. Es eso o estamos siguiendo un trend de instagram, no sé, ya me da igual.

Saludos,
J.

J. Hundred dijo...

*josé a. garcía! ‘la era del vacío’, así se llama el libro de lipovetzky y vale la pena leerlo. pero con el título alcanza para entender lo que estamos sintiendo, lo más bien. saludos.